Educación del niño

5 razones por las que gritarles a los niños no funciona realmente

No hay nada peor para educar a un niño que hacerlo con gritos. Y, como señalan muchos expertos, puede acabar siendo muy negativo para el correcto desarrollo de nuestros hijos.

Aunque no es lo ideal, ni mucho menos recomendable, es común que, en determinadas ocasiones, los padres pierdan los nervios y acaben gritándole al niño/a. El cansancio, derivado del estrés producido por el trabajo pueden terminar influyendo muchísimo. Y aún cuando podamos pensar que no hay nada de malo en ello, la realidad, como advierten los expertos, es muy diferente.

Y es que a nadie le gusta que le griten. Es vergonzoso, degradante y, especialmente para los niños, puede convertirse en una experiencia completamente aterradora.

Si bien es cierto que la mayoría de los padres son culpables de alzar la voz más fuerte y con mayor frecuencia de lo que en realidad le gustaría, conocer por qué gritamos y cómo los gritos pueden afectar a nuestros hijos puede convertirse en una información muy útil para la próxima vez que el pequeño no nos haga caso.

¿Por qué gritan los padres?

Las personas (y los padres) tienden a gritar porque se convierte en una de las respuestas más comunes cuando nos encontramos enojados. Y, como indican los expertos, no hay nada malo en sentir ira, aunque es lo que hacemos con ella lo que verdaderamente importa.

La ira, después de todo, es una emoción muy común que sentimos cada vez que deseamos que las cosas sean distintas. Sentimos enojo porque deseamos que nuestro hijo/a deje de hacer algo, o empiece a hacer algo en concreto.

Por ejemplo, deseamos que nuestro hijo no golpee a su hermana pequeña, o cuando queremos que nuestro hijo no siga haciendo lo que está haciendo en esos momentos, y en realidad no debería hacer. Así, cuando el niño/a no hace caso, lo más habitual es que terminemos gritándole, dándole las mismas indicaciones con gritos.

En lo que al niño se refiere, es cierto que son comportamientos que los padres desearían poder cambiar en sus hijos, pudiendo provocar un arrebato de ira. Y tendemos a gritar con la finalidad de liberar la ira. Aunque no se trata de una forma eficaz de cambiar el comportamiento

1. Los niños no pueden aprender cuando les gritamos

Cuando un niño tiene miedo, entra en modo de lucha o huida, y los centros de aprendizaje presentes en su cerebro se apagan. La respuesta de lucha o huida es una reacción fisiológica que ocurre cuando experimentamos algo que nuestro cerebro percibe como una amenaza. 

Dicho de otra forma, nuestro hijo no puede aprender cuando le gritamos porque su cerebro le dice que la persona que le está gritando es en realidad una amenaza, apagando las otras partes del cerebro y activando principalmente las dedicadas a la protección y la defensa. 

De ahí que la comunicación tranquila y pacífica ayuda al niño a sentirse muchísimo más seguro, haciéndolo más receptivo a aquella lección que estamos pretendiendo enseñarle.

2. Genera depresión, ansiedad y baja autoestima

Consecuencias de los gritos en los niños
Foto: Istock

Diferentes estudios han encontrado que los niños a los que se les grita continuamente presentan propensión a desarrollar ansiedad, además de presentar niveles mayores de depresión.

Es más, se ha demostrado que los niños captan la ansiedad de sus padres, por lo que la forma cómo la mamá o el papá reaccionan ante los errores que cometen puede acabar estimulando sus ansiedades, o calmándole. No hay duda: gritar nunca puede ser una experiencia relajante.

3. Hace que se sientan devaluados

El hilo común que une a todas las personas, independientemente de la edad que tengan, es querer sentirse valorado. Y, para la mayoría de nosotros, sentirnos valorados por los demás se convierte en la manera en que medimos nuestra autoestima, y determinamos si somos importantes para el mundo que nos rodean.

Sin embargo, cuando nos gritan nos consideramos inadecuados, y llegamos, además, a cuestionar nuestras capacidades. Por lo que gritar se convierte en una de las formas más rápidas de hacer que alguien sienta que no tiene valor.

Cuando nos encontramos enojados, y empezamos a gritar, nos vemos a nosotros mismos como un martillo y a todos los que nos rodean como un clavo. En este estado, nuestros hijos se ven como el enemigo, y no como seres humanos a quienes amamos y valoramos. Y nunca deberíamos ver a nuestro hijo como un enemigo

4. Los lazos se rompen

Cuando gritamos rompemos la conexión que nos une con nuestro hijo, ya que no genera empatía y pone a ambos en desacuerdo, haciéndoles sentir que no forman parte de nuestro equipo.

Los niños, además, pueden abandonar las interacciones cuando se les grita, y es común verlos a la defensiva. Básicamente no se encuentran abiertos al cambio, receptivos y más profundamente conectados.

5. También causan mucho daño

Muchos estudios han ilustrado cómo los gritos perjudican a los niños. Por ejemplo, un estudio publicado en 2014, en el que se incluyó “gritar” como una medida de “disciplina severa” en el hogar concluyó que los niños que son educados de esta manera presentaban problemas de comportamiento, peores logros escolares y, además, comportamientos delictivos.

Es más, otro estudio, esta vez publicado un año antes (en 2013), demostró que los gritos tendrían en los niños un efecto similar al castigo físico, llegando incluso a cambiar la forma en que se desarrolla su cerebro cuando el abuso verbal y los gritos son muy frecuentes.

Por tanto, es recomendable que, antes de perder los nervios y empezar a gritar, los padres traten de seguir algunas estrategias útiles que pueden ser de ayuda, como: respirar profundamente, contar hacia atrás, sentir empatía y entender por qué el niño se está comportando así, decir lo menos posible hasta que se calmen, forzar una sonrisa si la situación lo requiere (lo que podría enviar el mensaje a nuestro cerebro de que la situación no es en realidad una emergencia), o incluso poner las manos bajo el chorro de agua fría.

En definitiva, es esencial mantener la calma y relajarse antes. Y el primer paso, como coinciden en señalar los expertos, es el de reconocer la ira, lo que ayudará a activar nuestra corteza prefrontal e interrumpir las emociones negativas en espiral.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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