Aprendizaje

9 trucos para ir al pediatra sin miedo

A muchos niños les aterroriza acudir al médico. Es normal, al fin y al cabo les pincha y les da jarabes que saben a rayos... estos trucos le ayudarán a superarlo.

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¿Cuándo van los niños al pediatra? A parte de las revisiones generales, cuando están enfermos. ¿Y cómo se encuentra uno cuando está enfermo? Pues mal.

Aunque parezca una obviedad, ahí tenemos la razón principal de que a los niños les dé miedo ir al médico. Que generalmente cuando van, es que les duele algo. Así, relacionan pediatra con malestar, eso sin contar las veces que tienen que acudir al centro de salud a ponerse vacunas…

Los padres podemos ayudarles a que comprenda que no va a sentir casi dolor (si ese es el caso) y que es importante que el pediatra les revise para curarles. Para ello contamos con algunas estrategias.

 

1. Hablar bien del pediatra y llamarle por su nombre

Es importante hablar bien de su pediatra, no solo cuando tiene que ir, también cuando está sano.

El médico es la persona que nos ayuda a no sentir dolor, a no toser, a no tener fiebre. Explicarle estas cosas con palabras sencillas y ayudados por historias que nos podemos inventar, puede ayudarle a hacerse una imagen muy buena de su pediatra.

Si, además, le llamamos por su nombre, le puede llegar a ver como un amigo y no como una persona ajena.

2. Jugar a los médicos

Sí, es una forma genial de “quitarles el miedo”. A esta edad están en la etapa del "juego simbólico", el de representación. Les gusta hacerse pasar por profesores, mamás, papás, conductores y, una de las imaginación estrella: médicos. Aprovechemos su imaginación y juguemos con ellos a médicos que curan y no hacen daño.

3. No amenazarle con ir al pediatra

Frases como “si te portas mal se lo digo a Juan, tu pediatra” o “como no te duermas mañana te llevo al médico a ver si te da un jarabe” no ayudan. Todo lo contrario, favorecen que cuando el niño tenga visita con el pediatra de verdad, lo vea como un castigo, como una figura amenazante.

4. Decirle la verdad: a dónde vamos a ir y por qué

Engañarle cuando tenemos cita para que no “sufra” es contraproducente. Con esta estrategia lo único que conseguiremos es que el pequeño tenga más miedo al pediatra, simplemente porque advierte que es algo tan temible que ni siquiera hemos sido capaces de advertirle antes. Empezará la revisión atemorizado y probablemente no consigamos quitarle el miedo hasta que salga por la puerta.

5. No minimizar las pruebas...

... pero tampoco darles demasiada importancia.

Si le tienen que poner una vacuna, hay que explicárselo. Y así con cualquier prueba. La idea es que sepa lo que va a ocurrir. Pero sin atemorizarle, eso sí, No se trata de decirle que le va a doler mucho mucho para que luego piense que no es para tanto. La verdad, suavizada y explicada con mucho cariño, suele ser la mejor estrategia.

6. Decirle que vamos a estar con él en todo momento

Si le van a sacar sangre, hay que decirle que no le vamos a dejar en ningún momento y que le vamos a dar la mano para apoyarle. Tampoco está de más contarle que cuando éramos pequeños pasamos por lo mismo o que el otro día nos hicieron análisis en el trabajo.

7. Evitar que vea a otros niños saliendo de la consulta llorando

Depende la prueba que le vayan a hacer, puede ser que se encuentre esperando en la consulta y vea salir a niños llorando porque han pasado por una mala experiencia.

Si creemos que esto puede ocurrir, tendremos que hablar con el médico o con la enfermera para esperar en otro lugar.

8. Permitir que sea el niño el que le cuente al médico qué le ocurre

Y preparar antes con él lo que le va a decir. Con cinco y seis años les encanta sentirse mayores y dialogar con los adultos de tú a tú. Eso les hace sentirse imporatantes.

Si con anterioridad hablamos de cómo va a explicar al pediatra lo que le ocurre, le hará sentirse mayor y con suerte tendrá ganas, incluso, de que llegue el momento.

9. La recompensa

Esta última estrategia es importantísima. Saber que después, tras haberse portado tan bien, va a tener una recompensa, es motivo suficiente para que acuda a la consulta contento y esperanzador.

El premio puede ser algo tan sencillo como un helado o un rato en un parque que le encante. Eso depende de cada familia.

 

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Etiquetas: bebé

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