Soluciones al miedo irracional

Así distingues los miedos "normales" de tu hijo de las fobias

Una cosa es que le den miedo los perros y otra muy diferente que nada más verlos, al niño le entren ganas de salir corriendo y tenga hasta taquicardia. Si es una fobia, hay que tomar medidas.

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miedo fobia

Hay que distinguir una cosa de la otra y en caso de que no sea un miedo normal sino una fobia, intentar remediarlo.

Mostrarse temeroso y prudente cerca de un animal grande y desconocido como puede ser el doberman de un señor que pasea por el parque, por ejemplo, es normal y hasta cierto punto deseable: el niño evitará tocar al animal y mantendrá una distancia de seguridad hasta comprobar que no hay peligro, es decir, actuará después de un rato de observación de la mascota, de ver la reacción de sus padres con el perro, de ver cómo se comporta su dueño, etc. Esta reacción natural de prudencia ante un posible peligro es tener miedo.

¿Cómo saber si siente un miedo irracional?

Cuando la sola visión de un perro, por ejemplo, provoca una reacción más acusada, como querer salir corriendo lo más lejos posible, llorar e incluso síntomas de ansiedad como taquicardia, sudoración o tensión corporal excesiva, se trata de una respuesta que no responde a una provocación real (salvo en el caso de que hubiéramos tenido anteriormente algún ataque) por parte del animal y, por tanto, podemos decir que es un miedo irracional, es decir, una fobia.

Por lo general las reacciones fóbicas van acompañadas de pensamientos: “ese perrote me va a atacar”, “no puedo correr tanto”, “me está mirando”, que a su vez alimentan la ansiedad y , por tanto, arraigan el problema.  

Ayuda a tu hijo siguiendo estas pautas

Forzar al niño a exponerse a situaciones de este tipo puede empeorar aún más su fobia. Por eso es importante seguir algunas pautas:

  • Aproximarnos poco a poco con el método de las aproximaciones sucesivas. Esto consiste en ir tomando contacto paulatinamente con el estímulo temido. En este caso, podemos empezar muy poco a poco con un perro muy chiquitín y tranquilo, acariciándolo o simplemente estando cerca. Después, con el paso de los días y las semanas, iremos tomando contacto (primero de lejos, luego acariciando) con perros cada vez más grandes y por supuesto pacíficos.  No pasa nada por dar un paso atrás o porque transcurra cierto tiempo entre un paso y el siguiente. Lo importante es ir consiguiendo pequeñas victorias de forma natural, nunca forzada.
  • No mostrarnos preocupados ni angustiados. Las fobias son algo muy habitual y si se manejan convenientemente no tienen por qué representar un problema. Si pretendemos avanzar demasiado rápido o forzamos las situaciones, incrementamos la ansiedad del niño y, por tanto, empeoramos el problema. El humor y el juego son las mejores herramientas para desdramatizar la situación.
  • Somos su modelo: ver que nosotros podemos relacionarnos con el estímulo temido de forma segura ayudará al niño a comprender que está a salvo.
  • Ponerle palabras a su temor. Por ejemplo, podemos preguntarle: “¿por qué crees que este perro te querría hacer daño a ti si yo le estoy acariciando y está tranquilo?”. La respuesta de nuestro hijo (“Porque yo soy más pequeño y va a pensar que soy comida” o “porque a mí me mira enfadado”) nos servirá de guía para ir desarmando sus pensamientos irracionales (“este perro aunque sea grande no come carne, come pienso, así que jamás pensaría en ninguna persona, ni siquiera un bebé, como aperitivo” o “cuando un perro mueve el rabito y saca la lengua así es que está contento, no enfadado”).

Etiquetas: ansiedad, miedo infantil, niños, padres, seguridad

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