Apoyo familiar

¿Cómo ayudar a los niños a anticipar la muerte de un ser querido?

Preparar a los niños ante la muerte de un familiar por alguna enfermedad puede ayudarles a sobrellevarlo mejor y a aceptar una situación que siempre es difícil. Te contamos de la mano de los expertos cómo ayudar a los niños a anticipar la muerte de un ser querido.

Es habitual que los adultos mostremos cierto respeto ante la muerte, ya sea porque la vemos cercana o porque hemos atravesado algún duelo. Sin embargo, a la hora de hablar de este tema con los niños, solemos posicionarnos en un lugar alejado del sufrimiento y del dolor que nos genera.

Convencer a un adulto para que dé explicaciones a un menor sobre los ritos funerarios, de incineración, o los tanatorios es una tarea complicada que a menudo choca con el extendido temor de traumatizar a los niños. Es frecuente que el adulto recuerde una experiencia traumática pasada al visitar un tanatorio o ir a un velatorio y teme que ese último recuerdo del ser querido sea el que más fuerza coja en la memoria del niño. 

 

El tabú social en torno a la muerte

La muerte no siempre ha sido un tabú. Desde hace millones de años ha formado parte de la cultura: construcciones emblemáticas como las pirámides de Egipto son en realidad monumentos funerarios. Hasta hace poco muchos ritos funerarios solían celebrarse en el hogar, con la participación del entorno más cercano de la familia. Las puertas de las casas se dejaban abiertas y los vecinos acudían a despedirse del fallecido. Ahora, todas esas costumbres se han perdido en muchos sitios y consideramos que cualquier tipo de sufrimiento va a dañar a nuestros niños. Intentamos protegerles de algo que, sin embargo, deberán afrontar en muchas ocasiones a lo largo de su vida.

No es raro que, para prevenir una situación desagradable, les ocultemos a los niños la enfermedad grave de un ser querido, tratando de alejarles del sufrimiento que nos genera. Pero no nos damos cuenta de que con este comportamiento podemos causar problemas mayores a medio y largo plazo, porque:

- Ocultamos la enfermedad al niño esperando el mejor momento para comunicarla, pero de pronto sobreviene el fallecimiento del ser querido -a pesar del "no estaba tan mal”- y tenemos que explicarle una muerte imprevista e incomprensible.

- Si no dejamos que el niño vea la enfermedad, tampoco sabrá qué recordar y es posible que desperdiciemos momentos ideales para que el menor y el ser querido puedan tener conversaciones, consejos, recuerdos…

- Engañamos a los niños y eso les genera inseguridad. Tras la pérdida será más complicado que confíen en los adultos y crean lo que les contemos una vez pasado el fallecimiento.

- Les sobreprotegemos pensando que no van a tener recursos para afrontar esa situación. Pero lo que hay que hacer es apoyarles y ayudarles a generar esos recursos para que puedan utilizarlos en situaciones futuras. Creemos erróneamente que son menos capaces de lo que en realidad son. Y muchos niños son capaces de enfrentarse a la enfermedad de un familiar con eficacia y buena gestión emocional.

- Si les ocultamos la enfermedad de un ser querido, desarrollarán una gran ambivalencia ante otras dolencias, es decir: más adelante no sabrán distinguir qué enfermedades son graves y cuáles leves. Así, desarrollarán miedos y preocupación ante síntomas corporales normales, porque en el pasado no supieron ver las señales predictoras de una enfermedad grave que les ocultamos.

Claves para ayudar a los niños a anticipar el duelo

A continuación, ofrecemos algunos consejos útiles que los padres y tutores pueden seguir para afrontar estos casos:

1. Explicarle al niño qué le ocurre al familiar enfermo, qué va a pasar y qué podemos esperar, tanto lo bueno como lo malo, que sepan cuál es la evolución habitual.

2. Si va a haber un desenlace, no alejaremos al niño. Dejaremos que pueda despedirse o, en la medida de lo posible, compartir tiempo de calidad con el ser querido.

3. Le explicaremos las cosas de manera adecuada, procurando no usar tecnicismos que no comprenda y adecuando el lenguaje a su nivel de comprensión.

4. Dejaremos que nos haga preguntas y trataremos de responder las que podamos.

5. Permitiremos que la persona enferma intervenga en las explicaciones. Para esto es necesario que sepa qué le pasa y qué va a suceder.

6. Trataremos de dejar nuestros miedos fuera de la conversación. Es importante que nuestras vivencias no condicionen lo que pensamos que el niño va a sentir y vivir. Si nuestra experiencia de duelo en la infancia fue negativa, probablemente se deba a que no se nos explicó lo que vivimos de manera adecuada.

7. Recordaremos que ahorrar sufrimiento al niño en el presente puede suponer para él un sufrimiento en el futuro o una confusión más difícil de abordar.

8. Si dudamos, buscaremos ayuda profesional que nos pueda orientar y dar soporte en caso de necesitarlo.

Artículo elaborado por Patricia Díaz, Psicóloga en la Fundación Mario Losantos del Campo.

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