¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a quitarse los manguitos?

Aunque deben ser los peques quienes tomen la decisión de cuándo están preparados, hay determinados hábitos que se pueden poner en práctica para ponérselo más fácil.

¿Te gustaría que tu hijo o hija se soltara este verano a nadar sin ayuda de manguitos, burbujas y demás soluciones de seguridad para el agua? Pues tenemos algo que decirte: paciencia, deja que sea él o ella quien marque el momento en el que está preparado para hacerlo.

No hay ninguna prisa para que un peque empiece a ser autónomo en el agua. Lo único que de verdad importa es que se sienta seguro cuando está en el agua. Esto es algo parecido a montar en bici o escalar el columpio del parque: ¿qué necesidad tenemos de forzar algo que ocurrirá pronto o tarde de manera natural? 

Dicho esto, en el caso del agua y los manguitos, hay algunas pequeñas cosas que podemos poner en práctica en verano, que es cuando más tiempo pasan en el agua los peques, para facilitarles el tránsito definitivo hasta nadar sin manguitos. Y no solo cuando ya veis que están en disposición de hacerlo, algo que puede ocurrir a partir del tercer verano de su vida (entre los 3 y 4 años), sino desde que empiezan a relacionarse siendo bebés con el entorno acuático.

Estos consejos son los siguientes:

Entorno seguro

Desde que se meten al agua por primera vez debéis hacerles sentir cómodos. Cuidad todos los detalles: temperatura del agua, calma de esta, elemento de seguridad, y que siempre estéis a su lado o con ellos en brazos —depende de la edad será de una forma u otra—. El objetivo es evitar el miedo y generar sensaciones agradables en los peques. 

No obligarle

No hace falta convertir a vuestra hija en la nueva Katie Ledecky o a vuestro hijo en la reencarnación de Michael Phelps. No hay prisa y da completamente igual si aprende a nadar sin manguitos con 3,4 o 5 años. Si le obligáis a probar cuando no está listo para ello corréis el riesgo de que coja miedo. Son cosas muy distintas animarle y obligarle o forzar. 

Manguitos progresivos

Aunque las burbujas y cinturones son útiles para practicar la postura de nado (el culo arriba), los manguitos progresivos son muy útiles para facilitar el paso hasta la autonomía total en el agua. Están hechos de espuma y llevan 3 anillas en cada brazo que se pueden ir quitando de manera independiente a medida que el peque mejora y crece. Cuando consiga dejar solo uno en cada brazo, el salto a quitárselos definitivamente será muy rápido si se ve seguro.

Enséñale a respirar

Es uno de los ejercicios más básicos en las clases de matronatación así que puedes practicar con tu bebé desde buen pequeño, a partir de los 6 meses. Podéis hacerlo incluso fuera de la piscina, en la bañera. Ponte delante y que vea cómo respiras dentro del agua (con los ojos fuera) generando burbujas. Así no tendrá miedo a meter la cabeza y no tendrá el mal hábito de taparse la nariz al sumergirse. 

Sin manguitos

De vez en cuando es recomendable que le animes a quitarse los elementos de seguridad y bañarse contigo en brazos porque así aprenderá cómo es esta sensación, distinta a la que tiene con los manguitos puestos. Es una costumbre interesante para crearle el hábito.

Que se suelte donde hace pie

Las piscinas de niños o las zonas de escaleras están muy bien para que, cuando tengan edad y agilidad suficiente para manejarse con soltura, se quiten los manguitos. Con juegos de agua como las anillas, por ejemplo, que ellos puedan coger sin tener que meter la cabeza, practicarán de manera natural la postura de nado. Es un entrenamiento a través del juego.

Material de apoyo

Un paso intermedio que les da muchísima confianza antes de soltarse definitivamente es el utilizar un elemento de ayuda externo. El mejor ejemplo es el llamado “churro” coloquialmente. Pueden descansar, estar seguros, practicar la patada y la posición tumbada, y al mismo tiempo refuerzan su autoestima y seguridad en el agua porque son conscientes de que ya no llevan manguitos.

Que se tire y estés tu cerca

Es el juego más eficaz para dar ese pasito definitivo. Si los proponéis nadar no querrán hacerlo porque serán conscientes de lo que van a hacer. En cambio, si os ponéis cerca y les animáis a saltar, practicarán jugando emerger una vez se tiran y llegar hasta vosotros. Reforzad su actitud y veréis qué rápido “se vienen arriba” y quieren más. Si no lo hacen es que no están preparados para este paso. No pasa nada por esperar más tiempo.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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