Pautas para conseguirlo

Cómo ayudar a que tu hijo sea asertivo

A través de situaciones cotidianas y de herramientas eficaces en los más pequeños como el juego y la lectura se puede potenciar la asertividad en ellos. Te damos una pequeña guía que puede ayudarte también a ti a mejorar esta cualidad que te ayudará a decir las cosas desde la calma.

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Conversación madre e hija (Foto: iStock)

A grandes rasgos, según los psicólogos, existen tres grandes formas de comportarse en sociedad: pasivo, agresivo y asertivo. 

El primero peca de callar demasiado, sin expresar sus necesidades u opiniones cuando estas tienen importancia; el segundo, peca de lo contrario: sí se expresa, pero lo hace utilizando vías inadecuadas. Es el tercer tipo de comportamiento en el que nos vamos a detener, la asertividad, uno de los grandes logros de la educación. 

¿Qué es ser asertivo?

Las personas asertivas son aquellas que se hacen valer mediante la expresión de sus necesidades y valoraciones de forma respetuosa con los demás. Encontrar el equilibrio necesario para serlo no es sencillo, sobre todo en la adolescencia, pero si se trabaja desde la niñez, la asertividad se puede alcanzar ya en edades muy tempranas. 

Hay niños que hablan sobre sus sentimientos, gustos, necesidades, aquellas cosas que no desea, incluso opiniones, de forma muy empática y respetuosa, y esto es muy positivo para su desarrollo porque la asertividad es la base de una buena autoestima, de unas relaciones sociales positivas y fuertes, y de una comunicación fluida con las personas que les rodean. Pero para que esto ocurra no existen los milagros: hay que potenciarlo mediante una serie de consejos y hábitos que se deben mantener de forma constante en el día a día. 

Consejos para llegar a serlo

Es precisamente la rutina la mejor herramienta para trabajar la asertividad porque a lo largo de ella se dan numerosas situaciones cotidianas en las que se puede no solo incidir en la asertividad, sino también dar ejemplo a los peques de la casa mostrando comportamientos asertivos con ellos. 

Dos ejemplos muy claros son las situaciones en las los adultos resuelven los problemas a sus hijos cuando estos son responsabilidad suya y está a su alcance ponerles remedio, y cuando hay una diferencia con ellos, ya sea de visión o comportamiento, y los adultos imponen la ley del más fuerte. En ambos casos se están potenciando comportamientos alejados de lo que es la asertividad. En una educación que quiera potenciar la asertividad, es importante dar cierta autonomía en la resolución de conflictos a los niños, no intervenir cuando no toca, y sobre todo legitimar sus opiniones por mucho que estas no sean correctas. 

Esto último va de la mano con un tercer consejo: mantener una comunicación fluida y bidireccional en el entorno familiar. Que no se hagan siempre las cosas porque los adultos lo dictan de determinada manera, al menos no sin dejar que los pequeños expongan sus ideas y pareceres.

Esto es, la escucha activa es un pilar fundamental de una educación que favorezca la asertividad. Y esto no se puede dar si no se les ofrecen herramientas para expresarse con respeto y empatía hacia los demás. Es más, si ellos sienten que sus padres les hablan solamente desde la autoridad, acabarán desarrollando probablemente un modo de comportamiento agresivo o pasivo, y ninguno de los dos es el objetivo. 

La importancia de aprender a decir

Es importante también enseñarles que no pasa nada por decir no, y que incluso es muy positivo hacerlo en infinidad de situaciones. Y del mismo modo lo es buscar lugares de encuentro y consenso cuando los puntos de vista entre dos o más personas están alejados en un primer momento.

De nuevo, vuelve a aparecer en el ambiente la escucha activa, la legitimación del pensamiento de los pequeños y el mantenimiento de un canal de comunicación fluido, respetuoso y en el que todos los actores del núcleo familiar tengan voz. Y si no son capaces de expresar lo que desean o lo hacen de forma equivocada porque utilizan, por ejemplo, la agresividad, es momento de redirigir dicho comportamiento ofreciéndole soluciones para ello, no solo recriminando al niño que así no se habla o no se comporta uno. Nada como el aprendizaje práctico. 

Y además de las situaciones del día a día que os permitan trabajar la asertividad, no dudéis en recurrir al juego y a la lectura para asentar conceptos y que tengan más referencias. En cuanto al juego, todo aquel que permita intercambiar posturas -role playing- para que se pongan en la piel de otra persona, es muy interesante para trabajar la asertividad. Y en lo que respecta a los libros, hay numerosos cuentos infantiles centrados precisamente en la empatía y la asertividad y recomendados para niños muy pequeños: Aprender a decir no, Si yo tuviera una púa, o Señor sí son tres muy buenos ejemplos de ello. 

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