Educación sin castigos

¿Cómo castigar a los niños y a la vez educarles bien?

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El castigo es una solución común y socialmente aceptada, pero ¿es efectivo? ¿Cómo les enseñamos si no es con castigo? ¿Cómo nos mantenemos firmes?

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Castigar educando

Hay muchas teorías sobre si el castigo es efectivo o no, y aunque el problema científicamente está resuelto, ya que son muchas las universidades que han hecho y hacen estudios sobre este dilema, los padres no conocen, ni tienen por qué conocer todos estos estudios.

Dos partes en la educación

La educación de los hijos tiene dos partes principales:

  1. La primera es conseguir que nuestros hijos se adapten a la sociedad y cultura en que les ha tocado vivir.
  2. La segunda es darles los medios para que puedan conseguir esto de la mejor manera posible, que puedan vivir en sociedad y que además puedan vivir bien, es decir, darles unos buenos estudios, para que puedan conseguir un buen trabajo, crear una empresa, etc. En resumen, que puedan tener una buena posición económica, que les ayude en el resto de las vicisitudes de la vida.

A los padres les corresponde fundamentalmente la primera parte y cada vez más, ya que el Estado, por vía de los centros educativos, actualmente se dedica casi exclusivamente a la segunda parte, dar las enseñanzas académicas.

El castigo

Cuando los hijos tienen comportamientos que se salen de las normas establecidas, los padres suelen recurrir al castigo, ya que es una solución socialmente aceptable y que se usa habitualmente en muchas situaciones, ejemplo: multas de tráfico.

Si todos los padres fuesen expertos en psicología del aprendizaje, sabrían que la mejor manera de conseguir modificar una conducta es una combinación de refuerzos positivos y refuerzos aversivos (castigos), y que si los primeros se hacen bien, los segundos no son necesarios. Pero cada uno usa lo que sabe, que suele ser el modelo que emplearon sus padres con ellos y algún libro que han leído sobre educación.

Hay que decir que de todas formas, sea cual sea el método que utilicen, casi siempre tienen algún grado de efectividad y lo fundamental es aplicarlos bien, ya que cuando fallan es siempre por culpa de los padres.

Normas para usar bien los métodos educativos

Para que no fallen estos métodos, las normas fundamentales son:

  1. Los dos padres deben estar de acuerdo en el premio o castigo que se aplique: si uno lo pone, el otro no debe quitarlo. A veces ocurre que un padre pone un castigo y en cuanto se va, el otro padre se lo quita rápidamente al hijo al que se le ha puesto. Ejemplo: ahora que se ha ido tu padre, ya puedes jugar con la Play Station. (Este primer punto implica que los padres deben estar de acuerdo en muchas más cosas).
  2. El castigo debe ser proporcionado y que se pueda cumplir: no hay que dejarse llevar por el estado de ánimo del padre en ese momento. Ejemplo de castigo no proporcionado sería: nos has tenido muy preocupados al llegar tarde, ya no sales más en todo el año. Está claro que en dos o tres días el hijo va a volver a salir, en cuanto se les pase el disgusto a los padres.
  3. Los hijos deberían conocer de antemano el castigo que se les va a poner: esto casi nunca ocurre. Si un chico sabe que por llegar tarde, se queda dos días sin salir, lo acepta y no tiene que disgustarse nadie.
  4. Una vez puesto el castigo, no es negociable y no debe reducirse o cambiarse: esto debe hacerse en la fase anterior, cuando se explican los castigos que se pueden poner. 

Considero que con estas cuatro normas fundamentales la mayoría de los padres pueden salir adelante, y sobre todo para casos complicados es mejor ponerse en las manos de un profesional.

 Fuente: D. Juan Aguirre Collado, miembro de Saluspot y psicólogo en la Consulta de Psicología Juan Aguirre.

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