Educación del niño

Cómo criar niños felices

Los estudios muestran que los niños felices poseen un conjunto de habilidades que les proporcionan la posibilidad de disfrutar de esa felicidad a lo largo de toda la vida, siendo de dejar a un lado la gratificación instantánea y valorar más el esfuerzo por alcanzar los objetivos que se hayan podido marcar.

Todos queremos que prácticamente lo mismo para nuestros hijos/as. Deseamos que crezcan siendo amados, que persigan sus sueños y que encuentren el éxito en aquello que deseen hacer. Pero, en su gran mayoría, todos los padres y madres coinciden en algo tan básico como imprescindible: que sean lo más felices posible.

Como opinan muchos expertos, y también han coincidido en señalar una amplia variedad de diferentes estudios, brindar a nuestros hijos una infancia tan saludable como feliz puede ser de muchísima ayuda a la hora de prepararlos para el éxito en la vida. Pero, ¿cómo podemos exactamente criar niños felices hoy en día?

A diferencia de lo que tendamos a pensar en un primer momento, conseguir que un niño sea feliz no se trata de brindarles un placer momentáneo, o una satisfacción inmediata. No en vano, se trata precisamente de todo lo contrario.

Es decir, los niños felices suelen tener un conjunto de habilidades que les brinda la posibilidad de disfrutar de la felicidad en la vida a largo plazo, al ser capaces de dejar a un lado la gratificación instantánea por un esfuerzo por alcanzar los objetivos que se hayan podido marcar.

Efectivamente, es perfectamente posible ayudar a nuestros hijos a desarrollar esas habilidades, adoptando para ello hábitos saludables que podrán seguir para toda la vida. Pero existe tantísima información que es difícil saber a ciencia cierta por dónde deberíamos comenzar. A ello debemos sumarle un problema bastante común: es complicado equilibrar lo que es mejor para los niños con lo que los hace felices. Pero ambos no tienen por qué ser excluyentes.

1. Primero debes ser feliz tu

Suelen decir que para hacer feliz a otra persona es esencial e imprescindible serlo nosotros mismos. Y, aunque pueda parecer un poco irónico a la par que egoísta, el primer paso para que nuestros hijos sean felices es precisamente que nosotros también lo seamos.

Es decir, lo feliz que somos afecta a lo feliz y exitoso que son nuestros hijos, y en ocasiones de forma dramática. No en vano, la investigación ha establecido un vínculo sustancial entre aquellas madres que se sienten deprimidas y los “resultados negativos” en sus hijos, como problemas del comportamiento. La depresión de los padres, por ejemplo, parece ocasionar problemas de comportamiento en los niños, y hace que nuestra crianza sea todavía menos efectiva, lo que significa que no solo influye la genética.

2. Fomenta el juego y las actividades al aire libre

El juego al aire libre proporciona a los niños increíbles beneficios para su desarrollo, crecimiento y salud tanto física como mental. Trepar a los árboles (con supervisión, claro está), cavar en la tierra, sentarse en un columpio o correr por la hierba… Muchos estudios han mostrado que los olores y aromas asociados con la naturaleza, como la lavanda o los pinos, pueden incluso mejorar el estado de ánimo de los más pequeños.

Además, como constató un estudio publicado en el año 2017, jugar al aire libre puede mejorar incluso las habilidades sociales en los niños. En ese estudio los investigadores descubrieron que los niños que habían jugado más tiempo fuera de casa aumentaron su compromiso, empatía y autocontrol, que son consideradas de hecho como habilidades sociales críticas.

3. Practicar la gratitud

Integrar la gratitud en nuestro día a día podría ser de enorme utilidad para que los niños sean personas más saludables y felices, pero de nada sirve si lo que hacemos es forzar al niño para que diga “gracias” sin verdaderamente sentirlo.

Un estudio publicado en el año 2012 encontró que aquellas personas que eran más agradecidas disfrutaban a su vez de mejores relaciones, lo que podría ser clave a la hora de vivir una vida mucho más feliz y plena.

Así, expresar gratitud sincera por las cosas que hacen nuestros hijos les enseñará a hacer lo mismo. Por ejemplo, podemos acostumbrarnos a hablar de aquellas cosas por las que nos sentimos agradecidos, identificándolas cuando estamos sentados en la mesa comiendo, o a la hora de acostarnos. Esto proporcionará al niño la idea de buscar cosas por las que puedan estar agradecidos en su día a día.

También podríamos optar por enviar notas de agradecimiento, preguntándole al pequeño si desea identificar algo específico por lo que quiere dar las gracias a alguien en concreto. Por ejemplo, alentarle a que le escriba una nota a su maestro por ayudarlo durante el año escolar.

4. Enseñándole a construir relaciones

Aprender sobre las relaciones es fundamental, y podemos empezar alentando a los niños a llevar a cabo pequeños actos de amabilidad a la hora de generar empatía.

La empatía, como ya hemos visto, es fundamental para los niños, sobre todo cuando lo aprenden desde pequeños. Y es que no solo ayuda a que los niños sean mejores personas, o que desarrollen habilidades esenciales, sino que serán más felices a largo plazo.

5. Enseñar optimismo

A medida que el niño crece podemos enseñarle a mirar el lado positivo de las cosas. Por ejemplo, se ha demostrado que los niños de 10 a 11 años de edad a quienes se les enseña a pensar e interpretar el mundo con optimismo tienden a ser la mitad de propensos a la depresión cuando llegan a la pubertad.

No podemos olvidarnos que el optimismo está sumamente relacionado con la felicidad, por lo que algunos expertos suelen incluso equipararlos entre sí. Las personas optimistas, por ejemplo, suelen tener más éxito en la escuela y en el tratamiento, viven más tiempo y son más saludables, y son menos propensos a lidiar con la ansiedad y con la depresión.

6. Formar hábitos de felicidad

Para que algo se cumpla es imprescindible convertirlo en un hábito. Por tanto, si lo que deseamos es conseguir que el niño crezca más feliz, es indispensable hacer todo lo posible para conseguirlo, estableciendo con ello algunos hábitos útiles. A continuación, te proponemos algunos métodos que pueden serte de mucha ayuda:

  1. Reducción y eliminación de estímulos. Es fundamental eliminar tanto las tentaciones como las distracciones.
  2. Un objetivo a la vez. Demasiados objetivos suelen abrumar y afectar a la fuerza de voluntad, sobre todo entre los más pequeños. Por tanto, lo ideal es intentar solidificar un hábito antes de añadir otro nuevo.
  3. Hacerlo público. Establece una serie de objetivos básicos para aumentar la presión y el apoyo social.
  4. Ten paciencia. No es posible conseguir la perfección de inmediato. Todo se toma su tiempo. Y es absolutamente normal. Básicamente hay que tener paciencia, y mantener cierta constancia.
Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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