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Cómo deberías despertar a tu hijo por las mañanas

Una rutina de sueño adecuada y el factor tiempo son tus mejores aliados para sacarles de la cama sin perder antes la paciencia, algo que no hace más que empeorar el comienzo del día.

Foto: Pexels
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¿Tu hijo es de los que da vueltas y más vueltas en la cama cuando llega la hora de empezar el día para ir a clase? Qué pregunta, ¿verdad? “¿Es que hay alguno que no lo haga?”, pensarás. Alguno hay, aunque no lo creas, pero como no es lo habitual, vamos a intentar darte algunas claves para que salga de la cama por su propio pie y sin necesidad de un grito de por medio.

El despertar no empieza a la hora que suena el despertador, sino la noche anterior, cuando comenzamos la rutina de sueño. Arranca aquí porque en el despertar del peque influye muchísimo la hora a la que se acueste y cómo hayan sido los minutos previos a ese momento.

Es esencial que duerma el tiempo suficiente y que cumpláis con las recomendaciones de los especialistas -nada de televisión y pantallas, cenas ligeras y en horario temprano, ambiente relajado y amable para el sueño en la habitación, una actividad calmada previa como la lectura, etcétera- para facilitar que descanse lo mejor posible. No es una garantía de ello pero las probabilidades de que así ocurra aumentan muchísimo si ejecutáis dichas recomendaciones.

Siempre con cariño y suavidad

Dicho esto, ya por la mañana también hay pequeñas cositas que se pueden probar para que el despertar ni sea un drama, ni un motivo de bronca, ni tampoco eterno, que a veces por evitar la bronca llegamos tarde a clase. Vamos a intentar que nada de esto ocurra: ni estrés ni pérdida de paciencia. 

Para ello, el factor tiempo es decisivo. Aunque os cueste, debéis despertarles con margen suficiente, y eso implica añadir un cuarto de hora sobre la estimación prevista. Si habitualmente tardáis una hora en llegar a clase desde que se despiertan, pues adelantad 15 minutos el despertar y así el margen para que se levanten poco a poco, motu propio, es mayor.

Este tiempo os permitirá despertarles con calma y con suavidad. Podéis intentar evitar que suene el despertador, que es algo que siempre sienta muy mal, levantad solo un poquito la persiana para que la luz ponga ayude, hacerles un cariño físico y también utilizar un tono placentero, bajito y cariñoso, que les active lo justo para que se vayan desperezando por sí solos. 

En una segunda pasada posterior podéis subir completamente la persiana e insistir en el tono dulce y los cariños pero con un poquito más de actividad porque ya no estarán profundamente dormidos. 

Este momento es el indicado para motivarles con algún estímulo. Un desayuno ya preparado que sea de su gusto, recordándoles una actividad que haréis a lo largo del día o animándoles a ponerse en marcha con algo chulo que va a pasar en el cole a lo largo del día. Cualquier cosa que se os ocurra que les pueda convencer de que es hora de levantarse de la cama juega a vuestro favor.

La paciencia es clave

Si nada de esto surge efecto, la parte positiva si nos habéis hecho caso es que el reloj no estará ahogando todavía como para que el nivel de ansiedad os haga perder los papeles, que es el único consejo imprescindible que te damos al respecto: no pierdas la paciencia. Si lo haces, la situación entrará en barrena y no se solucionará, solo irá a peor. Y a nadie le gusta iniciar el día con un nivel de estrés alto y una ración de gritos y llanto como desayuno.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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