Educación del niño

¿Cómo enseñar a esperar a nuestros hijos?

¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos un mayor autocontrol, y a esperar cuando quieren algo y no se lo podemos dar?

¿Has oído alguna vez hablar sobre el experimento de la golosina? Es un test ideado por el psicólogo Walter Mischel en los años sesenta que supuso una auténtica revolución convirtiendo a Mischel en el primer experto mundial sobre autocontrol. En su libro “El test de la golosina” explica este estudio que se llevó a cabo con alumnos en edad preescolar a quienes les daban a elegir entre una recompensa, una golosina, por ejemplo, que podían obtener inmediatamente y otra recompensa mayor, dos golosinas, si esperaban, siempre solos, durante al menos veinte minutos. Cerca siempre tenían una campanilla que podían hacer sonar si pasado un tiempo no podían aguantarse las ganas de comer la golosina. En internet hay algunos vídeos de este experimento con diferentes niños y niñas y es realmente interesante ver las reacciones tan distintas que tienen para manejar su autocontrol.

Cómo enseñar a esperar a nuestros hijos
Foto: Istock

Uno de los resultados de este estudio es que el modo de aguantar o no aguantar la demora de la recompensa servía para hacer importantes predicciones acerca del futuro de los niños. Por ejemplo, cuantos más segundos esperaban a la edad de 4 o 5 años, mayor era su puntuación en las pruebas de aptitud académica y mejor su funcionamiento social y cognitivo en la adolescencia.

Y un dato interesante es que, a edades comprendidas entre los 27 y 32 años, aquellos que más habían esperado cuando se sometieron al test en edad preescolar, tenían un índice de masa corporal más bajo, el sentimiento de su propia valía era mayor, alcanzaban sus metas con más eficacia y soportaban mejor la frustración y el estrés. ¿No me digan que no es interesante este estudio?

El autor ha demostrado que la capacidad de aplazar la recompensa es fundamental para una vida exitosa y produce mejores resultados académicos, mejores funciones cognitivas y sociales, un estilo de vida más saludable y una mayor autoestima. Por lo tanto, podemos sacar la conclusión que, poner horarios para volver a casa, no dar siempre todo lo que piden a la primera, aplazar algunas cosas para recibirlas en fechas concretas como cumpleaños o navidad, no acudir de inmediato cuando nos llaman si no es urgente, negar algunas cosas innecesarias o poner fechas para conseguir algunos deseos como el primer teléfono móvil… permite aprender a esperar con todos los beneficios que hemos visto que tiene.

Pero hay que recordar que esta espera tiene que ser acompañada, porque es algo que tienen que aprender con nosotros, y, para lo que necesitan apoyo emocional, empatía, límites claros y sobre todo mucho amor, por eso no es justo llamar “vago” a un niño que está aprendiendo “paciencia”, porque no es malo ser impaciente, sino… no entender que la paciencia es algo que se debe aprender y acompañar.

Aprender a esperar en familia

Cómo aprender a esperar en familia
Foto: Istock

Os cuento algo qué solemos hacer en nuestras vacaciones de verano. Nos encanta comernos una bola de helado artesanal y siempre nos gusta ver varias heladerías antes de entrar en la primera porque tenemos la buena costumbre de “no quedarnos nunca con la primera opción sin antes conocer el resto”. A veces, después de ver varias heladerías, hemos vuelto a la primera y en otras ocasiones hemos pensado “menos mal que no nos hemos quedado con la primera opción”.

Lo cierto es que este ejemplo, que lo hemos aprendido del padre, lo aplicamos a muchas otras cosas y con el tiempo he observado que tanto a mis hijos como a mí, nos cuesta menos esperar porque vemos un beneficio personal el hacerlo. Poder elegir la mejor opción entre varias, poder rectificar, poner en común, saborear la espera y vivirla como una experiencia positiva es maravilloso, es como el test de la golosina, esperar es una opción y poder hacerlo está lleno de beneficios.

Si queremos que los hijos aprendan a esperar, puedes practicar:

  • Que cuando te llamen, sólo si es urgente, vayas de inmediato y el resto de veces les digas claramente lo que estás haciendo y cuándo piensas ir, por ejemplo, “estoy terminando de regar las plantas y voy…” siempre es mejor que la opción de esperar la elija la otra persona, porque si intuye que tiene que esperar mucho puede elegir acercarse a dónde estás. Lo que no te recomiendo que digas es, “espera, que ya voy” porque generalmente el “ya voy” de uno no coincide con el tiempo que el otro está dispuesto a esperar.
  • Y, por otro lado, cuando tú les llames a ellos, y no vengan, valora la opción de no gritar varias veces hasta hacer que te obedezcan por miedo a tu reacción. Muchos se han acostumbrado a decir “ya voy” para ganar tiempo, lo que necesitan es un límite claro. Le llamas, esperas y si no viene, observas qué le impide responder, ¿quizás es la tele que está encendida? Si crees que ya han visto tele suficiente, puedes esperar a que termine el capítulo porque pueden ser unos minutos y ser flexible es importante y después apagas la tele porque para comer tiene que estar apagada.

El autocontrol tiene muchas ventajas, márcate como objetivo ocuparte de ello en lugar de preocuparte cada vez que observas conductas con falta de autorregulación, todo se puede aprender y mejorar.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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