Consejos

Cómo enseñar a los niños a resolver los conflictos en clase

Compartimos algunas estrategias y consejos eficaces a la hora de gestionar una situación de conflicto entre niños pequeños.

Aunque suene un poco “fuerte” la palabra cuando se refiere a niños, un conflicto en una clase es lo más habitual del mundo, especialmente en los cursos iniciales, donde los peques tienen más dificultad para el gestionar sus emociones. Los profes tienen multitud de herramientas, tanto teóricas como prácticas, a partir de la experiencia, para gestionarlos, pero a los padres nos puede llegar a superar un contexto en el que nuestro hijo o hija cuente que ha protagonizado un conflicto en clase, ya sea como actor desencadenante o involuntario.

Por conflicto en el ámbito infantil se entiende cualquier situación o circunstancia que implique un problema de convivencia de grupo y que pueda derivar en consecuencias personales en los niños.  Las emociones y sentimientos negativos como el mal humor, la ira, la rabia, la impotencia, o la ansiedad son reacciones habituales al conflicto en los niños, y también lo son las situaciones de tensión entre ellos. Se gritan, se empujan en ocasiones y a veces llegan a las manos, momento en el que los adultos a cargo debemos intervenir siempre. Hablamos, sobre todo, de esa etapa alrededor de los 3 años en adelante. 

Como ocurre cuando se pelean dos hermanos, un conflicto en clase no es una circunstancia deseada, pero no todo es negativo en ella: también supone una oportunidad de aprendizaje. Para desarrollar habilidades sociales básicas como la empatía, la escucha, el respeto o la aceptación de que no siempre se puede imponer nuestro criterio, entre otras muchas cuestiones. 

Lo importante para conseguir que el conflicto sea realmente una experiencia de aprendizaje para los niños es cómo les ayudemos los adultos a gestionarlos. Tanto si ocurren en casa como en el parque o en cualquier otro lugar, estas son algunas de las claves más importantes que debes guardar en tu cabeza:

Calma

Los adultos solemos reaccionar a los conflictos con jerarquía, autoridad y nervios, muchos nervios. Pues bien, los niños necesitan Justo lo contrario, que mantengamos la calma y fomentemos el diálogo al intervenir. 

No posicionarte de entrada

Salvo que hayas sido testigo presencial del comienzo del conflicto, debes mantener cierta imparcialidad por muy claro que tengas lo que ha ocurrido. Que sean ellos los que se expliquen primero. Además, siempre puedes estar equivocado.

Identificar el conflicto

A partir del diálogo y de la comunicación fluida y sin sesgos, se identifica el conflicto y sus causas y se le pone nombre y apellidos al mismo para que los niños entiendan lo que les está ocurriendo

Legitimar

Es una estrategia eficaz y esencial para la gestión del conflicto. Demostrar con la palabra que entendemos el deseo del niño por tener o hacer x cosa y lo mismo con otro protagonista del conflicto. Así se abre una puerta al punto de encuentro.

No se critica a la persona, sino una determinada actitud

Hay que dejar a un lado al intervenir los adjetivos y frases que califican y etiquetan a los niños de manera negativa. Cíñete al conflicto en cuestión y a su conducta en ese momento, no le cargues con una maleta negativa desde tan pequeño. 

Expón tu punto de vista

Es importante ofrecer tu punto de vista sobre el conflicto después de haber escuchado a los protagonistas. Proponles, si se han calmado ya, que busquen posibles soluciones y si es necesario ayúdales en ello introduciendo algún escenario alternativo que les pueda hacer ceder y reencontrarse. 

Vocabulario positivo y constructivo

No es tanto quitarle hierro al asunto cómo utilizar recursos del lenguaje positivo para restar tensión y que los peques, que suelen estar nerviosos y alterados ante un conflicto, se desbloquean y sea más fácil llegar a ellos.

Trabajar el perdón y la empatía

Esto se hace sobre todo cuando no hay conflictos, en situaciones de calma, cuando se puede hablar sobre ello con los niños. En el caso del perdón, en lo que insisten todos los psicólogos infantiles es que debemos hacer entender a nuestros hijos pequeños que no es una palabra vacía, sino que debe ir acompañada de un arrepentimiento real que se demuestra reparando de alguna manera el daño provocado. Puede ser con un gesto muy sencillo, pero los niños han de aprender a reparar el daño que hayan provocado al compañero. 

Dramatizaciones

No es fácil hacerlo con niños pequeños pero podéis intentarlo con los que ya no lo son tanto. En algunos colegios se hacen dramatizaciones sobre el conflicto del mismo modo que los bomberos o policía hacen simulacros de su trabajo. No es lo mismo que la situación real, pero puede aportarles una referencia para ayudarles a autogestionar sus emociones cuando se enfrenten a una situación así. 

 

No te olvides de dar ejemplo

A menudo somos los adultos los que protagonizamos conflictos delante de nuestros hijos. Estas son también oportunidades de aprendizaje inmejorables, pero debemos alinear nuestro comportamiento en estas circunstancias con la forma en la que actuamos cuando son los peques quienes tienen los conflictos. 

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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