Educación del niño

¿Cómo evitar que el mal comportamiento de un niño influya en el otro?

El mal comportamiento suele preocupar a muchas mamás y papás, especialmente cuando este surge de repente, y cuando no entienden por qué se produce. Cuando la cosa va entre hermanos puede ser aún más preocupante si cabe, en particular cuando no se sabe muy bien qué hacer.

A medida que el niño empieza a crecer, queremos que tiendan a portarse “bien” en la mayoría de las ocasiones (o, al menos, que se comporten como creemos los adultos que deberían comportarse). Como opinan muchos pediatras y expertos, en realidad los niños no tienden a “portarse mal” porque sean malos o peores. Al contrario, dado que el cerebro del pequeño aún se encuentra desarrollándose, es común que todos los niños -independientemente de la edad que tengan- carezcan del control racional para comportarse como en realidad nos gustaría.

Por este motivo, muchas veces nos sorprendemos cuando un chaval de 11 años actúa casi de la misma manera a como lo hace un niño de 2 años. Lo que hace que nos realicemos algunas preguntas: ¿qué podemos hacer cuando el niño actúa de esta forma, independientemente de que se trate de un niño pequeño, más mayor o incluso un adolescente? ¿De qué manera podemos evitar que ese mal comportamiento influya en el otro?

Es muy habitual que los padres a menudo se culpen a sí mismos por el mal comportamiento de sus hijos. Y este sentimiento de culpa está especialmente motivado por la idea de que el comportamiento de los más pequeños consiste, en apariencia, en una reflexión sobre los padres, lo que origina una cultura parental basada en el miedo. Pero la realidad es que todos los niños se equivocan, y lo que creemos que es mal comportamiento forma parte del aprendizaje del autocontrol, y de cómo debe comportarse finalmente en una situación determinada.

De acuerdo, por ejemplo, a una investigación publicada recientemente, un niño que se comporta mal puede que ni siquiera esté actuando con intencionalidad. Es más, como coinciden en señalar psicólogos infantiles, muchos comportamientos desafiantes son involuntarios, subconscientes, y ocurren cuando un niño percibe la existencia de una amenaza de forma inexacta. Por este motivo, es fundamental que los adultos comiencen a ver a los niños con comportamientos desafiantes como individuos con sistemas nerviosos vulnerables, y no como “niños problemáticos”. 

En el caso de los hermanos el problema suele ser, en ocasiones, un poco más hondo, ya que al final el mal comportamiento de uno puede acabar influyendo negativamente en el otro.

Además, muchos padres solemos acabar actuando como en realidad no deberíamos hacerlo, impartiendo recompensas y castigos que, a menudo, no funcionan. Es más, es esencial que nos hagamos el siguiente planteamiento: “¿qué es lo que no está recibiendo el pequeño que necesita?”. Y no nos referimos a un dispositivo tecnológico nuevo o un juguete, sino a nivel emocional. 

Desarrollar una relación saludable

Una de las mejores técnicas de disciplina que existen es la prevención. Esto significa que es mejor evitar problemas de comportamiento antes de que empiecen. La prevención de problemas de comportamiento requiere algo de tiempo y esfuerzo extra. Pero puede acabar convirtiéndose en una inversión valiosa, que como padres pueden ahorrarnos tiempo a largo plazo, y sobre todo, bastantes disgustos.

Si no tenemos una relación saludable con nuestro hijo, es mucho menos probable que esté motivado para comportarse adecuadamente. Al igual que la mayoría de los adultos, los niños por lo general suelen estar motivados para trabajar más duro por alguien que les gusta y respetan, por lo que es más probable que tus hijos sigan tus reglas cuando se sienten amados y respetados.

Es fundamental brindar muchísima atención positiva, proporcionándole al pequeño toda nuestra atención durante al menos unas horas cada día. Diviértete, juega con él y crea recuerdos. Así, cuanto más fuerte sea su relación, más motivado estará el niño para escuchar las reglas de sus padres.

Explica las consecuencias antes de tiempo

Una vez que le hayamos explicado a nuestro hijo cuáles son las reglas a seguir, es fundamental explicarle qué ocurrirá si las rompe. Así, es menos probable que las desafíe, o que ponga a prueba los límites, si sabe cómo vamos a responder.

Por ejemplo, podemos decirle que si grita o corre por la tienda, tendrá que salir a la calle durante un tiempo y esperar. O si no se puede quedar sentado en la mesa del restaurante mientras come, se marcharán a casa pronto.

Alaba siempre el buen comportamiento y enséñale a controlar sus impulsos

Siempre que el pequeño se porte bien ofrécele elogios generosos. Elogia los esfuerzos del niño/a y felicítalo cada vez que veas aquellos comportamientos que deseas que se repitan.

Cuando los niños pueden controlar sus impulsos tiende a ser menos probable que reaccionen de forma desafiante o agresiva. Enséñale, por tanto, habilidades de control de impulsos con varias estrategias y juegos de disciplina.

Aún cuando comiences a practicar más tarde la gratificación, bríndale al niño las habilidades que necesita para manejar mejor tanto sus impulsos verbales como físicos.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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