Educar en inteligencia emocional

Cómo hacerles emocionalmente inteligentes

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Educar en inteligencia emocional es muy importante para el buen funcionamiento de los sentimientos del niño a lo largo de todo su desarrollo.

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Inteligencia emocional

La Inteligencia Emocional, durante muchos años, a penas se conocía ni se le había dado una especial importancia pero, ya en los últimos años, se está trabajando de manera específica en las aulas y se está empezando a potenciar en la educación a nivel general.

La mayor dificultad que existe para educar a nivel emocional es el hecho de que la mayoría de los adultos, que tienen que educar en esa línea, no han sido educados de ese modo y les resulta más complicado saber cómo hacerlo.

Los padres tienen una especial preocupación, sobre todo en las primeras edades, en crear buenas rutinas en los niños y enseñarles buenos hábitos de comportamiento. Se centran, especialmente, en aquellas conductas que se quieren evitar o en reforzar aquello que les parece importante. Este aspecto se trabaja, generalmente, en todas las familias porque son necesidades inmediatas que suelen plantear los propios niños, como pueden ser, aprender a tener buenas rutinas de sueño, alimenticias, saber comportarse en la mesa, las relaciones con los hermanos… Precisamente porque son necesidades que se perciben, a las que se puede dar mejor respuesta o para las que se cuenta con más recursos, se trabajan más. Sin embargo, existe un área muy importante, y que no hay que olvidar que es la educación emocional. Los niños empiezan a experimentar sus primeras emociones y sentimientos y, ante esta nueva situación, necesitan aprender y que, como padres y adultos, se les guíe en ese proceso.

Uno de los principales problemas de la educación emocional en estas edades tempranas es no otorgar la importancia real que tienen sus sentimientos,  creyendo que es más relevante, como se indicaba anteriormente, los aspectos comportamentales, o creer que es una cuestión que hay que trabajar en otras edades o etapas.

Por otro lado, es recomendable trabajarlo por las grandes dificultades que los niños pueden llegar a tener a nivel social, el hacerles fuertes emocionalmente no sólo les va a evitar muchos conflictos internos sino que les puede dar estabilidad y llevarles a sentirse felices.

¿Cómo educar en inteligencia emocional?

  • Dar importancia a la educación emocional y querer educarles emocionalmente.
  • Enseñarles a detectar el sentimiento o emoción que están viviendo o experimentando. El primer problema que tienen los niños es que saben que algo les pasa, pero no saben darle nombre y no entienden qué les sucede. Por ejemplo, un niño se puede sentir ante un problema con un amigo en el cole, triste, apático, desmotivado hacia el colegio…  pero es muy difícil que sepa darse cuenta de cómo está y de por qué está así.
  • Para ayudarles a identificar lo que les sucede, simplemente debemos darles la oportunidad de expresarse. La comunicación en la educación emocional es fundamental. Es bueno preguntarles qué les pasa, cómo se sienten y que ellos nos lo puedan contar de alguna forma. Con esto conseguimos que saquen lo que tienen dentro. Sin embargo, a veces, cuando son pequeños, no van a saber hacerlo si nosotros no les guiamos en la conversación. Tampoco debemos forzar situaciones, ya que lograrán a aprender a expresarse, pero el primer punto será darles la oportunidad ofreciendo nuestra escucha y nuestro tiempo. Esto requiere dedicación por nuestra parte, algo que será necesario durante todas las etapas, especialmente en la adolescencia. Aún así, el hábito debemos crearlo desde que son pequeños.
  • Una vez que han logrado expresar sus sentimientos y emociones es probable que no sepan darle nombre; es importante ayudarles a denominar lo que sienten.
  • A continuación,  será necesario darles pautas de cómo pueden salir adelante ante esa situación que están viviendo. Pautas para que ellos mismos las lleven a la práctica. No se les puede sustituir en esto, ni se les debe evitar un sufrimiento. Ellos son los que lo deben vivenciar porque solo así lo podrán aprender.

No debemos olvidar que cada niño lleva su ritmo, que la educación emocional requiere de un grado de madurez determinado y que, por lo tanto, puede ser que les cueste llevar a cabo las pautas comentadas anteriormente.

Ante todo, no debemos forzarles, debemos darles la oportunidad y estar ahí para guiarles cuando lo necesiten; ellos serán los que, en función de su desarrollo, sean capaces de llevarlas a cabo antes o después.

 

María Campo es asesora pedagógica en Eduka&Nature

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