Entendiendo al niño

Cómo ver las cosas desde el punto de vista del niño

Aún cuando seamos padres de varios hijos, es complicado entenderlos del todo. Sin embargo, cuántos enfados innecesarios nos ahorraríamos si, por un momento, mantenemos la calma e intentamos ponernos en su lugar. ¿Por qué se está comportando así y qué podríamos hacer al respecto?

Después de un día tranquilo y relajado, sin ninguna rabieta, te dispones a preparar unas tortitas para la merienda. Pero, de repente, tu hijo / a comienza a llorar desconsoladamente, y a enfadarse, porque en lugar de tortitas quería crepes. En realidad, él te había dicho por la mañana que deseaba merendar tortitas. 

Sin embargo, en algún momento del día, o quizá justo cuando te disponías a reunir todos los ingredientes necesarios para elaborarlas, el pequeño simplemente cambió de opinión, y terminó derritiéndose en un charco de frustración. Nosotros, en lugar de intentar comprenderlo, nos enfadamos pensando que nuestro hijo es caprichoso. ¿Por qué se comporta así, y por qué lo hace?

A la semana siguiente, tu hijo /a te comenta que desea merendar tortitas, pero igualmente te lo dice a media mañana. En esta ocasión, antes de ponerte a ello, lo más adecuado es preguntarle si efectivamente las quiere, para no volver a cometer el error de hace apenas unos días. 

Lo cierto es que ponernos en el lugar del niño puede llegar a ser bastante difícil, especialmente cuando nosotros, como padres, no nos encontramos al cien por cien y, por ejemplo, estamos agobiados, ansiosos, estresados o simplemente agotados después de un día en el trabajo. Pero no es imposible. Es más, en muchas ocasiones tendemos a olvidar que los adultos somos nosotros. Y lejos de intentar al menos ver las cosas desde su punto de vista, nos enfurruñamos y enfadamos.

Para ayudarte, te proponemos a continuación algunos problemas comunes a los que solemos enfrentarnos padres y madres prácticamente casi cada día, analizando la situación de tres maneras diferentes: cómo lo vemos nosotros, cómo lo ven los niños y, finalmente, cómo podríamos solventarlo.

Cuando el niño se encapricha por algo en el supermercado o en la juguetería

Tu opinión: De repente, te encuentras “tranquilamente” en el supermercado haciendo la compra, y tu hijo de 3 años coge una caja de cereales de los que has colocado en el carrito. Ahora, simplemente se niega salir de la tienda sin ellos, y no quiere dejártela para que la cajera los cobre.

El punto de vista del niño: Tú puedes elegir lo que quieras y ponerlo en el carro de la compra, y deseas que, a la vez, el niño / a permanezca tranquilo y sentado pacientemente, y no toque nada mientras en realidad, para él, están ocurriendo toneladas de cosas geniales. Además, el pequeño no tiene ni idea de cuánto tiempo durará la visita al supermercado, o por qué no puede comerse esos cereales hasta que llegue a casa.

La solución: Es fundamental intentar siempre establecer expectativas antes de salir de casa. Por ejemplo, si se trata únicamente de un viaje rápido, podemos decirle al niño que solo vamos a ir al supermercado, e involucrarlo (si ya es lo suficientemente mayor) para ayudarnos a encontrar artículos de la lista. Por otro lado, cuando el niño se obsesiona con un determinado artículo que no se encontraba en tu lista de la compra, o que simplemente se escapa del presupuesto, también está perfectamente bien decirle que no. De hecho, aunque está bien -y es normal- que los niños quieran cosas, también pueden y deben aprender que querer no siempre significa tener. Los niños pequeños, es cierto, no entienden que el dinero es limitado, por lo que una opción útil es reconocer por qué el pequeño lo quiere: “Sé por qué te gusta, ¡es muy brillante!”. Y si se enoja o se enfada, puede ser de mucha ayuda verbalizar esa frustración, indicándole que desearíamos que pudiéramos llevarlo a casa con nosotros.

Travesuras propias del restaurante

Tu opinión: Con la intención de pasar un rato agradable, escogiste un restaurante que tienen un menú para niños, y pediste al camarero que trajera unos deliciosos macarrones con queso. Sin embargo, cuando llegan a la mesa, tu hijo de 4 años llora porque tienen forma de espiral, y no son macarrones en sí. Y esto después de que preguntara constantemente, cada pocos minutos, dónde estaba su comida. Lo que puede hacer que nos preguntemos, ¿por qué diantres hemos decidido salir de casa a comer fuera?

El punto de vista del niño: En nuestra casa, nunca le pedimos que se siente a la mesa durante un período de tiempo indeterminado antes de que llegue la comida. Además, los macarrones con queso siempre son exactamente como él o ella espera. Sin embargo, ahora se encuentra sentado en una silla para adultos, demasiado alta o demasiado baja para ella, y además, no le han traído lo que realmente quería. 

La solución: Es cierto que todo lo relacionado con un restaurante, o en definitiva con comer fuera de casa, puede ser tremendamente impredecible para los niños porque, sobre todo cuando todavía son pequeños, no comprenden bien cuánto tiempo pueden tardar las cosas, o por qué la comida se ve y sabe diferente que en casa. Debemos hablar con anticipación acerca de cómo es la rutina del restaurante. Es decir, en qué lugar se sentará, cómo pedirá el menú y cómo podría ser la comida. Aunque, si no lo sabes, siempre podrías decirle que es una sorpresa, y que no tendrá que comer nada que no desee. También podríamos preguntarle qué desea hacer mientras se espera por la llegada de la comida, lo que le hace saber que esperar forma parte del trato; y, además, lo involucra a la hora de resolver el problema relacionado con cómo manejarlo. Si, a pesar de todos los esfuerzos, el niño se enoja y se enfada, lo mejor es llevarlo a un lugar tranquilo para poder hablar con él, y para hacerle entender que nos hemos dado cuenta de que se encuentra frustrado porque la comida está tardando demasiado, pero que no está bien molestar a las otras personas que se encuentran comiendo en el restaurante. Si aún así, la situación se vuelve imposible, no quedará otra que pedir la comida para llevar. Pero, ojo, no deberemos verlo como un castigo o un fracaso. Simplemente podemos decirle que comeremos al llegar a casa, y que podéis intentar volver a comer en el restaurante otro día.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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