Vuelta al cole

Consejos para evitar las rabietas en la vuelta al cole

La salida de la zona de confort que provoca la vuelta al cole, después de casi tres meses en casa, puede provocar rabietas en los niños. Te enseñamos cómo manejarlas e, incluso, evitarlas antes de comenzar.

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Fuente: iStock

Ay, la vuelta al cole. Tan odiada como deseada, tan emocionante como aterradora. Siempre, un punto de inflexión anual en la vida de las familias. Se han acabado las vacaciones, los días perezosos de levantarse tarde y las mañanas en la piscina; vuelven los horarios, la rutina, el esfuerzo, ¡y también el orden que sus pequeñas mentes necesitan!

Es importante que realicemos este cambio, en la medida de lo posible, de manera progresiva. Por ejemplo, si el pequeño ha pasado tres meses acostándose a las 23:00, pero durante el curso tiene que hacerlo a las 21:00, podemos ir adelantando el momento unos 10 o 15 minutos cada día durante una semana. Para ‘ponerles en situación’ y hacerles partícipes de las rutinas escolares, a partir de los tres o cuatro años también podemos enseñarles, desde los primeros días de curso, a preparar sus cosas la noche anterior para no ir con prisas por la mañana: el uniforme o la ropa que llevarán al día siguiente, los libros, algún accesorio especial… Al principio lo haremos juntos, hasta que puedan organizarse por sí solos.

Si no hemos sido previsores e introducido los cambios de manera gradual en la familia, posiblemente al principio los niños (y también los adultos, admitámoslo) se encuentren desubicados.

Rabietas durante la vuelta al cole

La mayoría, por pura sensación de aventura, encara la vuelta a las clases con ilusión y ganas de reencontrarse con sus amigos y sus profesores favoritos, de jugar en el recreo, de estrenar cuadernos y mochila… Sin embargo, en algunos casos también puede suponer un trago difícil que no siempre sabemos detectar, y que puede venir provocado por dificultades para hacer amigos, dar con un profesor con el que no se sienten cómodos, sufrir ansiedad por la separación de los padres después de estar juntos muchas horas al día... O también puede haber problemas más serios, como situaciones de  bullying o dificultades de aprendizaje no diagnosticadas que le hacen más difícil seguir el ritmo de la clase o socializar, y que pueden provocar rechazo hacia la escuela.

Si detectamos que nuestro hijo llora, está nervioso o, directamente, se niega a ir al colegio, puede tener relación con algo de esto. Lo principal es averiguar qué sucede, escucharle y tratar de ofrecerles consejos constructivos sobre cómo manejar ciertas situaciones -al fin y al cabo, se enfrentarán a problemas a lo largo de toda su vida y deben aprender a manejarlos lo mejor posible-.

Por ejemplo, los progenitores pueden intentar ponerse en su lugar y ‘hacer juegos de rol’ por adelantado que ayuden al pequeño a prepararse para situaciones reales similares. Y siempre es recomendable hablar con la escuela o el profesor sobre cualquier sospecha de este tipo, para que la vigilancia y la escucha sean coordinadas.

Transmítele el esfuerzo que tendrá que desempeñar

Además, la ‘vuelta al cole’ no implica solo volver a la escuela y acostarse más pronto: también significa tener deberes, menos tiempo para jugar y retomar las actividades extraescolares. En este último caso, también es positivo incorporar actividades extra en su rutina de forma gradual, y no de golpe en la primera semana de septiembre. Esto les evitará sentirse abrumados, y a los padres y madres les permitirá evaluar cuánta energía les queda después de clase este curso, o si tienen o un profesor que les pone cada día demasiados deberes.

Hablemos mucho con ellos de todo esto, de sus sensaciones con su nueva clase, su nuevo colegio, sus nuevos compañeros, sobre qué han aprendido y cuáles son sus planes para el día siguiente… Esta es una magnífica manera de crear lazos con nuestros hijos, ¡además de motivarles y allanarles el camino en sus primeros años!

Recordemos que la paz mental de padres y madres es importantísima en todo este proceso. Los niños pueden notar los nervios de sus progenitores, y si están preocupados por tener que pasar menos tiempo con sus hijos, o les inquieta si se adaptarán bien o no, ellos notarán y ‘asumirán’ esos sentimientos.

No olvidemos que la escuela, o la guardería, son lugares estupendos para los niños y una etapa fundamental para su crecimiento como personas: aprenden, juegan, adquieren habilidades sociales, hacen amigos y… ¡nos dan un respiro! Es fundamental normalizar la vuelta al cole para que todo fluya adecuadamente y podamos reiniciar la nueva etapa familiar con energía positiva.

¡Feliz inicio de curso!

 

Artículo elaborado por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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