Pantallas en verano

Consejos para gestionar el uso que los niños dan a las pantallas en verano

Sí, los niños pueden usar pantallas en verano pero, igual que en el resto del curso, con ciertos límites para un uso responsable. Somos los padres los encargados de fijarlos y estos consejos pueden venirte genial para hacerlo.

En verano los niños tienen tanto tiempo libre que a veces tienden a abusar de los dispositivos electrónicos. Para algunos padres puede ser una manera de tenerlos entretenidos sin “dar guerra” durante las largas jornadas en que ellos sí trabajan, pero estos meses deberían ser más bien tiempo de disfrutar del aire libre, de actividades en familia, diversión con amigos… El truco está, como siempre, en el equilibrio.

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Fuente: iStock

No importa cuál sea la época del año, la recomendación médica según la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente más extendida del tiempo de uso de pantalla para los niños más pequeños es no superar las tres horas diarias en vacaciones o fines de semana (recordemos que ‘pantalla’ es el móvil, pero también la tablet o la televisión). Es bastante tiempo y, sin embargo, no siempre es fácil. Sobre todo si los padres están ocupados y trabajan en verano pueden tender a dejarles más tiempo con la ‘cuidadora digital’.

Es importante establecer expectativas claras, realistas (y que vayamos a cumplir) sobre cuántas veces al día y por cuánto tiempo se pueden usar los dispositivos. Ya sabemos que los niños siempre tratarán de estirar los límites, así que si acordamos, por ejemplo, dos tramos de 30 minutos, y solo 30 minutos, seguramente lo aceptarán mejor cuando el tiempo se acabe.

Además, cuando los niños nos pidan tiempo de pantalla deberíamos preguntarles para qué quieren exactamente el dispositivo. Esto puede ayudarnos a entender mejor las necesidades de los pequeños y redireccionarles hacia otras actividades. Así, si, por ejemplo, están aburridos, podemos jugar un rato con ellos o hacer una llamada a los abuelos; y si lo que quieren es buscar información porque tienen interés en algún tema concreto, podemos explicárselo nosotros mismos o proponerles alguna actividad práctica que les sirva para aprender.

Y es que es fundamental que los progenitores estén presentes mientras usan esas pantallas, no solo ‘físicamente’, sino también mentalmente. Es decir, jugar, ver, interactuar con ellos mientras lo hacen en lugar de sentarnos con nuestro propio dispositivo mientras el niño juega. Si lo que queremos es educarles en un uso racional y saludable de los aparatos tenemos que predicar con el ejemplo. Somos los mayores referentes de nuestros hijos, así que debemos tratar de reducir su uso en lo posible delante de ellos, porque si ven que sus padres dan mucho valor a su móvil o tablet, lo imitarán.

Tormenta de ideas familiar

Una buena práctica para aligerar la presión y el interés por las pantallas es ‘atacar antes de defendernos’. Podemos crear juntos una lista de actividades, lugares que visitar, cosas que hacer, personas a las que ver, etc., en cuya elaboración participen todos los miembros de la familia, proponiendo cosas que les gusten.

Esto no solo nos animará para intentar cosas nuevas, pasar tiempo juntos y reforzar lazos, sino que también ayudará a reducir el interés por los dispositivos, ya que verán que hay muchas más actividades apetecibles (intentemos que entre ellas haya un equilibrio entre interior y exterior, a solas y en familia, ejercicio y juegos de mesa, gastronomía y películas, manualidadesy lectura, etc.).

Si creamos un horario de actividades para cada una de las semanas del verano (especialmente las que no viajemos, pero también cuando estemos fuera de casa podemos practicar esa tormenta de ideas para que cada uno disfrute de lo que más le guste), además, les estaremos ayudando a mantener una rutina para cuando llegue el momento de volver a la escuela.

No todo lo relacionado con la tecnología es negativo, por supuesto. También hay muchas apps de calidad, webs y programas para niños que son al mismo tiempo educativos y divertidos. Si un tema les gusta (puede ser dibujar, el inglés o el fondo marino), estas herramientas pueden llegar a ser muy motivadoras para aprender sobre él y, en el largo plazo, desarrollar una relación saludable hacia el aprendizaje.

Mucho del contenido digital que se ofrece hoy es interactivo, no solo una experiencia de visualización pasiva, algo que además (según Bloom’s Taxonomy) ayuda a las personas a retener mejor la información.

También se puede sacar provecho del juego digital en familia, con los padres pero también con hermanos o primos. Jugar juntos con el dispositivo puede tener beneficios, como mejorar las habilidades sociales y de comunicación y reforzar los lazos familiares. Incluso más allá, resulta una excelente oportunidad para enseñar las llamadas soft skills, como compartir, hacer turnos, saber ganar y perder, empatía, resolución de conflictos, expresar emociones, etc. En general, es un lujo que las generaciones anteriores no tenían y que sin duda seguirá en sus vidas en etapas futuras.

Que usen la tecnología, pero que la usen bien, y que, como padres, estemos siempre al tanto.

Premios y castigos

Actualmente muchos padres utilizan el tiempo de pantalla como premio o castigo. ¿Por qué? Porque, frecuentemente, funciona. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Guelph muestra que en realidad los niños acaban usando las pantallas hasta 20 minutos diarios más cuando sus padres aplican este método. Además, los expertos coinciden en que esta práctica solo hace que el niño vea la pantalla como algo aún más atractivo, igual que sucedía en el pasado con las chuches. Lo que se concede como premio se percibe como algo de alto valor, y por tanto, su antagonista (las zanahorias en el caso de las chuches, los libros tradicionales en el de las pantallas, por ejemplo) no les interesará puesto que es ‘el castigo’.

 

Artículo elaborado por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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