Recomendaciones para evitarlo

Consejos para no transmitir estrés a los niños

Las prisas en el mundo de los adultos siempre están, pero estas no deberían acabar traspasando a la vida de los niños. Mira aquí algunos consejos para no trasmitirlas a tus hijos.

Desde primera hora vamos corriendo, desayunamos con prisa, nos vestimos sin pensar y vamos de aquí para allá totalmente acelerados. Por desgracia, esas prisas del mundo adulto pueden acabar transmitiéndose a los niños. Y ellos pueden terminar padeciendo estrés debido a ello. Veamos algunos consejos para evitar esta situación.

Los niños están en su infancia, una etapa en la que viven su presente de manera intensa, disfrutan cada momento al máximo y van a su propio ritmo. Algo fundamental en este sentido es que los menores no adquieran esas costumbres poco saludables de las personas mayores… (¡ya tendrán tiempo!).

El trabajo de los padres es que sus hijos se vayan acostumbrado a ese ritmo que requieren las rutinas diarias, pero sin que signifique que haya que ir con prisa a todas partes y día tras día.

Momentos como la merienda, ir al parque, la cena, la ducha o la hora del cuento antes de ir a dormir son ejemplos clave en los que sería conveniente que las prisas no existieran. Porque, en el caso de que sí las hubiera de manera constante, convendría revisar la organización familiar y las prioridades del horario.

De lo contrario, si los niños sufren una presión continua, su aprendizaje y su desarrollo pueden verse mermados de forma considerable. Y es que, los mayores deben recordar que los tiempos de reacción de los niños son más lentos. Además de que, ellos están en un momento de formación y de desarrollo de habilidades (como cepillarse los dientes, atarse los cordones, comer…) y para lograr aprenderlas se necesita de práctica y de tiempo.

Algo negativo que puede ocurrir es que los padres, en busca de que los niños terminen sus tares más deprisa, acaben haciéndolas por ellos, como darles de comer o ponerles los zapatos. Esto puede derivar en que los pequeños adquieran inseguridad, tengan menos autonomía y se vuelvan más dependientes. Porque, al fin y al cabo, se les está sobreprotegiendo.

Por otro lado, tampoco es beneficioso que en determinados momentos se diga a “todo que sí”, y se ceda ante todas las propuestas de los niños solo para que no se enrabieten en las peores horas del día. Veamos algunos consejos para evitar estas situaciones.

Recomendaciones para evitar las prisas con los niños

  • Conoce tus límites. Aunque intentes abarcar lo máximo posible, hay ciertos momentos en los que no puedes llegar a todo y por eso hay que repartir y delegar funciones.
  • Pon prioridad a ciertas tareas. En el caso de que tengas que equilibrar la carga de trabajo, recuerda que, si un día tienes que encargarte de prestar más atención a tu hijo que de limpiar algo de la casa (por ejemplo) será más importante. Aprovecha el tiempo de calidad que pases con ellos.
  • Adáptate al horario de los niños. Los más pequeños no deberían tener que adaptarse a las prisas de sus padres, si no que los adultos deberían amoldarse más a ellos. No olvides darles tiempo para aprender.
  • Evita las frases como “espabila” o “date prisa”.
  • Considera rehacer los horarios. Por ejemplo, quizá levantarse unos minutos antes puede ser de gran utilidad. No obstante, siempre habrá que organizar las actividades en función de su edad y de las necesidades que tengan en cada etapa de la vida.
  • Disfruta el presente. Los niños captan enormemente el estado anímico de los padres, por lo que también es conveniente que tengas algo ratito para relajarte y no pienses siempre “que estás perdiendo el tiempo”.

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