Educación en positivo

7 consejos para ser efectivo al poner límites a tu hijo

No hay experto en educación que no haya pronunciado alguna vez (muchas, en realidad) la palabra “límites” para hablar de la crianza y educación de los niños y niñas.

Si hubiera un decálogo oficial de la educación a modo de guía para padres, cosa que solo podría existir si fuera una ciencia exacta, cosa que no es, no faltaría en ella el concepto de los límites, que es esencial en el desarrollo de los pequeños. No tanto por el equilibrio familiar, que también, sino por su propio beneficio de cara al futuro.

Los niños y niñas necesitan que sus padres les ayuden a formarse como seres humanos, y en esa construcción de su personalidad, los límites juegan un papel decisivo porque permiten que se desencadenen numerosos aprendizajes que dejan lecciones para toda la vida. 

La dificultad a la hora de tratar los límites es encontrar el punto de equilibrio, el lugar exacto en el que situarlos. ¿Existe uno en concreto? En realidad no, porque cada niño o niña tiene su carácter y sus circunstancias, y estas variables tienen un impacto directo en los límites y en donde situarlos. 

De esto depende en gran medida su efectividad, si bien es cierto que no es la única razón que explica por qué unos padres son efectivos al poner límites para sus hijos y otros no. Es más, se nos ocurren al menos 7 detalles más que pueden explicar tanto lo uno como lo otro. Son los 7 consejos que compartimos contigo a continuación. 

No pongas límites que no puedes cumplir

Dar ejemplo es el tip número 1 en todo lo que tenga que ver con hábitos y educación. Antes de marcarlos, debes pensar en si vas a poder cumplir los límites que determines. De lo contrario, será un límite que se vuelva en vuestra contra a la ora de educar a los peques de la familia.

Autorrevisarlos y escuchar su opinión

Los límites no pueden ser fijos e inmóviles, sino que han de ser revisables y, en cierto modo, flexibles. No a corto plazo, pero sí es aconsejable, igual que hacemos con plantemos vitales, políticos, etc., someterlos a una autorrevisión periódica. En este proceso que es muy recomendable y saludable es bueno escuchar la opinión de vuestros hijos, sobre todo cuando crecen. 

Coherencia y aplicación

Es importante ser coherente a la hora de poner límites porque estos no son amenazas. Si se incumplen han de tener consecuencias, que tampoco es sinónimo de castigo. De nada sirve que marquemos un límite que al traspasarse ni siquiera de pie a un momento para la reflexión y la crítica. Incluso espacio para el error. Las advertencias que no vayas a cumplir no son límites. 

Comunicación

No es aconsejable poner límites como sinónimo de “esto es así porque lo digo yo”. Las medidas que se tomen hay que explicarlas porque todas tienen un por qué y es más probable que las acepten los peques cuando las razonamos. Aunque haya que hacerlo varias veces.

Alternativas

Un truco que suele funcionar al marcar límites y, sobre todo, al pedirles que hagan algo, es el de las alternativas. En vez de utilizar un lenguaje rígido y jerárquico, optar por ofrecerles participar en la decisión suele permitir que sean más receptivos.

En clave positiva

No solo al explicarle la razón de un determinado límite, sino que también es necesaria en positivo. Por ejemplo, cuando su comportamiento va en consonancia con los límites impuestos. Valorad su esfuerzo por adecuarse a ellos y reforzar así su conducta y su autoestima. Y si hay que corregir, que sea en la medida de lo posible en positivo. No vale es “eres malo” para nada; en todo caso traerá consecuencias negativas.

Pocos y claros

No precipitarse es esencial para que los límites se entiendan y se asimilen una vez adquiridos. Para ello, siempre será más efectiva la opción de poner pocos límites pero muy claros y bien explicados que muchos límites. Y esto es lo que te recomendamos que hagas. Y si quieres que la lista se prolongue, hazlo de manera paulatina: introduce nuevos límites una vez asimilados los prioritarios.

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