Crianza: Cómo cambiar los gritos por hábitos más saludables

A lo largo de los años he conocido a muchas mujeres que viven con mucha culpa no ser capaces de no gritar. Pero, ¿es posible reducir los gritos y cultivar hábitos más saludables?

A lo largo de los años me he encontrado con muchas mujeres que no son capaces de no gritar. De hecho, lo viven con mucha culpa porque hacen lo contrario que desean y por más que lo intentan no logran educar de una forma diferente a como fueron educadas. Conviene recordar que no se trata de educar diferente a nuestros padres porque “lo hicieran mal”, sino porque lo que servía en una época anterior para los tiempos actuales no solamente no sirve, sino que muchos han crecido con carencias emocionales que ahora como padres procuran no repetir.

Cómo cambiar los gritos
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Cuando hablo de educar con buenos tratos ejerciendo la parentalidad positiva durante la infancia, no me refiero a eliminar la violencia de nuestros hogares y proponernos no gritar, por ejemplo, sino que cuando lo haces seas consciente de qué te ha llevado a ello, ¿quizás un nivel de estrés excesivo?, ¿una gran autoexigencia y frustración por no llegar a todo? o ¿crees que si tus hijos no te obedecen los estás educando mal y eso te hace vivir los conflictos con mayor angustia?

Educar es sembrar en el presente lo que confías que cosecharás a largo plazo, es una cuestión de fe, creer en lo que no se ve pero que confías que con una buena siembra de valores, educación y amor es inevitable que germine una personalidad fuerte, con autoestima y segura de sí misma, ¿quién no quiere esto para sus hijos?, dando por hecho que quienes me leen ya tienen un nivel de compromiso  con la crianza de sus hijos, nos marcaremos como objetivo convertirnos en “padres sensibles, amorosos y conectados”.

Augusto Cury dice: “no hay jóvenes difíciles, sino una educación inadecuada”, y precisamente porque la adolescencia es el final de la infancia, conviene revisar el tipo de crianza que se ha llevado a cabo y cómo hemos ejercicio nuestro parentalidad porque no se trata de no gritar, no castigar y no amenazar, sino de tener la autoridad y confianza suficiente como para no necesitar recurrir a esos condicionamientos para alcanzar el objetivo de la educación; ayudar al cerebro a madurar y a generar las conexiones neuronales necesarias para que los aprendizajes adquiridos les acompañen cuando realmente los necesites.

Padres sensibles, amorosos y conectados

Estar conectado con uno mismo te permite conectar más fácilmente con las emociones de los hijos. Muchos padres no saben reconocer su propio estado emocional, lo que les impide reconocer que están al límite y pedir ayuda, porque, como hemos visto, el problema no es gritar sino no estar lo suficientemente bien y que eso te lleve a estar continuamente equilibrándote soltando el estrés por medio de gritos.

Ser un padre o una madre accesible requiere de una presencia continua, se trata de que sepan que cuando nos necesiten, pueden contar con nosotros. Pero si en las rabietas, frustraciones o conflictos entre hermanos no hemos sabido ser sensibles y afectivos para los hijos, es muy difícil saber que pueden contar con nosotros porque sus experiencias previas, grabadas a nivel inconsciente les alertan de que quizás contar con nosotros no es una buena idea.

Consejos útiles para educar sin gritos
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Aunque los hijos sean los primeros en beneficiarse de nuestra ayuda, nosotros somos los principales interesados en ayudarlos porque como padres deseamos que nuestros hijos estén bien, es más, si no lo están… estarlo nosotros es más difícil.

Por lo tanto, siendo padres sensibles a las necesidades de nuestros hijos, aumentan las probabilidades de que cuando tengan un problema, quieran contar con nosotros; aunque cuando vivan situaciones difíciles, no siempre tengamos la solución, pero por lo menos tendrán nuestra atención.

Para educar bien, hay que estar lo mejor posible

Cuando escuchas tu cuerpo, entiendes sus señales de socorro y te atiendes, es más fácil responder mejor a las necesidades de tus hijos gritar al cabo del día en momentos puntuales lo podemos ver como una manera de soltar presión, pero si queremos que el hogar sea un lugar donde se ejerzan los buenos tratos y se puedan practicar las habilidades sociales y competencias emocionales tendremos que hacer de cada situación o conflicto una oportunidad para mejorar la habilidades sociales o hablar de ello con el compromiso de cambiar. Os pongo dos ejemplos sencillos:

  1. Hija, ahora estoy más tranquila para hablar contigo sobre lo que ha sucedido este medio día, ¿te parece que lo hablemos ahora? No me gusta cómo te he hablado, últimamente estoy un poco cansada, no lo digo como excusa sino como algo que no me está ayudando demasiado para tener contigo una conversación, acabo gritando y no es como me quiero dirigir a ti. He decidido que me voy a acostar un poco antes, aunque me queden cosas por terminar de organizar…
  2. Hijo, antes le he dado demasiada importancia a tus palabras, pero sé que no las piensas y que en ese momento estabas tan enfadado que no has sabido decirme mejor lo mal que te sentías, por mí lo intentamos otra vez; me estabas diciendo que este fin de semana quieres hacer algo con los amigos, dame más detalles porque con lo que me has dicho no me termina de encajar….

Cuando en una familia las emociones son escuchadas y expresadas, no hay niños "mal portados" sino "padres conectados" con sus propias emociones que no dejan de educar de forma sensible y amorosa.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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