Pérdida de interés

Crisis de lectura 7-8 años, ¿de verdad existe?

A medida que los niños crecen, disminuye paulatinamente el interés por los libros que tanto habían cultivado en sus primeros años de vida, pero los datos indican que no ocurre tan de golpe como parece.

Foto: iStock
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Se habla de crisis del hábito lector cuando una persona se desconecta de este hobby tan saludable. Puede ocurrir en los adultos; de hecho, es muy habitual, pero también se da en los niños, aunque los datos indican que se produce de forma paulatina y no tan de golpe como muchos progenitores creen.

Quizá sea por la dificultad para percibir el paso del tiempo, es habitual escuchar a mamás y papás afirmar que sus hijos han perdido, casi de un día para otro, el gusto por los cuentos y los libros. Incluso hay quienes sitúan entre los 7 y los 8 años como la edad en la que es más común esta crisis lectora. 

Esto nos ha llevado a preguntarnos qué tiene de base objetiva esta teoría y si hay argumentos de peso que la conviertan en algo más que una percepción. Y lo cierto es que no abundan las estadísticas al respecto, pero el informe Hábitos de lectura y compra de libros en España 2020, realizado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), es muy interesante por las conclusiones que se pueden obtener de él a este respecto. 

Este indica que, curiosamente, el porcentaje de niños lectores en nuestro país entre los 6 y los 9 años ha crecido dos puntos en el año de la pandemia. Habrá quien lo achaque al tiempo de más que hemos pasado todos en casa en los últimos 14 meses, y no les faltará razón seguramente, pero tanto el dato de 2019, 86,6% de niños lectores, como el del 2020, 88,8%, es muy alto. No en vano, el análisis concluye que la lectura de media a la semana alrededor de 3 horas en los niños de 10 años. 

La pérdida de interés en la adolescencia

Por lo tanto, aunque solo se trata de un indicador, no parece que se produzca de forma masiva en dichas edades la crisis del hábito lector. Sin embargo, los datos aportados por el informe obligan a marcar en rojo otra edad, los 15 años, como el verdadero punto de inflexión. Hasta los 14 años, ya en la adolescencia, se mantiene en 79,8% el porcentaje de menores que leen de forma habitual -más de 10 libros leídos al año de media-, pero a los 15 la cifra se desploma hasta los el 50,3% y no vuelve a repuntar ligeramente hasta los 18 años. 

Estos datos son dignos de estudio por psicólogos, pedagogos y sociólogos, entre otras disciplinas, aunque no hace falta ser un experto para tener una ligera idea de a qué se puede deber la pérdida de interés tan brusca que se produce en la lectura entre los 15 y los 18 años. Quien haya vivido la adolescencia sabe que en esta etapa de la misma los estímulos se multiplican. 

Por lo tanto, si tu hijo o hija ha perdido el interés por los libros en torno a los 7 u 8 años, como ves, no es algo tan común como puede parecer, así que es aconsejable que revises los hábitos lectores que se inculcan en casa porque el motivo puede estar arraigado en ellos.

Causas de la crisis lectora

El motivo más señalado por profesores y especialistas en literatura infantil es que sobre esta edad hay un cambio de necesidades grande en lo que a la lectura se refiere. Los álbumes ilustrados que han leído hasta entonces se quedan pequeños, cortos, y no resulta sencillo encontrar el paso intermedio hasta dar el salto a libros más largos. Es fundamental acertar en este punto de inflexión para potenciar la pérdida de interés del menor en los libros. Lo ideal, si no tienes claro cómo hacerlo, es consultar  a los expertos: maestros y libreros, entre otros. 

Junto a esta causa, se dan además otras circunstancias que pueden provocar que se deje en segundo plano, de repente o poco a poco, el gusto por la lectura en los niños. Entre ellas, el aumento del nivel de exigencia en el colegio -dependiendo del centro, también más deberes para casa-, la menor disposición de tiempo libre por las actividades extraescolares, el aumento de tiempo dedicado a la televisión y la ausencia de un clima lector en casa. 

En este sentido, cabe mencionar como ejemplo la de hogares en las que es habitual leer un cuento a los niños cuando son pequeños y cómo se pierde la costumbre por dedicar tiempo a la lectura en cuanto los peques leen con autonomía. No se trata de seguir leyéndoles cuentos o libros porque ya saben hacerlo, pero sí de seguir cultivando el hábito lector: por ejemplo, priorizando los libros como regalo o estableciendo algunos ratos para cultivar  la lectura en familia en casa, ya sea cada uno leyendo un libro o bien compartiendo lo leído en conversaciones distendidas, de forma que se sientan acompañados en esta actividad cultural los niños. 

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