Una madurez positiva

''Cuando un niño nace, el hermano mayor crece de golpe''

El nacimiento de un hermano pequeño tiene un efecto directo sobre el mayor. Analizamos los cambios que se producen y cómo ayudarles a afrontarlo.

La madurez va adquiriéndose a lo largo del crecimiento de una persona, una parte significativa la define el entorno y las situaciones que vamos viviendo y marcan de forma importante nuestro desarrollo, pero algunos niños también maduran antes porque tienen esa predisposición genética o por la personalidad que tiene cada uno.

Ser maduro significa que tu hijo va a tener un mejor juicio, va a ser independiente y es capaz de asumir ciertas tareas más tempranamente en comparación con los niños de su edad, pero también hay que tener cuidado para que no se sienta más aislado o incomprendido del resto de niños. Justamente es lo que sucede en el momento que el hermano pequeño nace, ya que inevitablemente la mayoría de las atenciones de los padres se dirigen en torno a ese recién nacido porque es el que está más indefenso y más dependencia tiene de sus padres. Cada niño tomará una postura diferente ante esa situación:

  • Hay niños que, efectivamente, asumirán esa nueva situación con alegría y es posible que maduren antes. Sin embargo, esa madurez no será fruto del nacimiento del hermano, en muchas ocasiones es del trato que recibirá por parte de sus padres. Somos nosotros los que le dejamos claro que su vida va a cambiar y el lugar que va a ocupar en la familia: el protector, el cariñoso, el que le “eduque”, cubra algunas de las necesidades o le enseñe todo lo que ha aprendido antes que su hermano. 
  • Hay niños que rechazarán a su hermano, pero no por el hermano en sí sino porque lo verán como un “intruso” y surgirán los celos, a fin de cuentas, no es fácil asumir que la atención va a ser dividida y que el tiempo no va a ser igual. Y en vez de ser un momento de madurez, será un retroceso y una competencia por volver a recuperar la atención perdida.

Consejos para estimular una madurez positiva y que no aparezcan celos:

  1. Ten en cuenta la edad que tiene tu hijo, él sigue siendo “pequeño” y es necesario que le exijas acorde a su edad. Así que, si comete fallos o no está tan contento de responsabilizarse de todas las tareas, déjale su espacio ya que los niños no maduran por igual a nivel emocional, social, cognitivo o motor y también tiene derecho a tener alguna rabieta o alguna frustración.
  2. Involúcralo en las tareas gradualmente sin esperar a que haya otro hermano de por medio, tienes 9 meses para ir consiguiendo esos avances y haz lo mismo conforme el hermano pequeño vaya creciendo para no saturar al hermano mayor.
  3. Transforma esas responsabilidades en algo positivo: Más que en una oportunidad para fallar conviértelo en un símbolo de confianza hacia él. Si no ve las ventajas y sólo una oportunidad para que le riñas o para decepcionarte, no lo hará.
  4. No olvides dedicarle un tiempo a tu hijo durante la semana, él también necesita sentir que las diferencias con su hermano pueden ser positivas y que podéis encontrar momentos a solas como antes de que naciera su hermano para poder hablar de sus emociones o jugar contigo como solía hacerlo.
  5. Potencia su empatía, no se la impongas: Una de las habilidades sociales que se tarda más en adquirir es ponerse en el lugar de los demás, dicha habilidad engloba muchas otras que tiene que haber obtenido antes. Por ejemplo, tiene que ser consciente de identificar, expresar y gestionar sus propias emociones y luego ser capaz de identificar las de los demás. Por eso, si su mundo emocional le cuesta, es difícil que vaya a pensar en lo que su hermano puede necesitarlo y cuanto más les fuerces a que desarrolle esa habilidad, más le costará hacerlo, así que acompáñale con sus emociones en vez de presionarle a compartir o a entender a los demás sin comprenderse él mismo.

Artículo escrito por Nuria G. Alonso de la Torre psicóloga y fundadora de Ayudarte Estudio de Psicología

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