En primera persona

De profesión, maestra

Todos tenemos un profesor que nos ha marcado, una persona especial que con sus clases nos ayudó en nuestro desarrollo como personas. Detrás de ellos, hay una historia en la que los niños, libros, recreos, exámenes… se dan la mano para hacerla única. Joaquina Barello, maestra de vocación, nos cuenta la suya.

De profesión, maestra

Acaba de decirle adiós a la enseñanza, pero la forma que tiene de hablar y tratar a los niños desvelan que, aunque se haya jubilado, ella siempre será maestra. Sus frases son concisas y directas, con dulzura y un toque de exigencia. Tras tantos años de clase, tiene claro que podrán cambiar los planes de estudio, las asignaturas, los libros… pero el colegio siempre será un lugar donde los niños y profesores aprenden, crecen y quieren. Y, ¿los mejores maestros? Los que están preparados para el cambio.

36 años en el colegio

Al final de los años ’60 -época de grandes cambios y revoluciones- entre lecturas de libros recomendados y esperando el comienzo de curso, decidí lo que quería ser en el futuro. Lo mío era la enseñanza: ayudar a los demás, educar y transmitir conocimientos.Para esto me tenía que preparar muy bien y, desde ese momento, toda mi formación la encaucé a ser una buena maestra.

Una vez terminada la carrera, me planteé dónde ejercería esta profesión que tanto me entusiasmaba. Después de mis prácticas ‘en vivo y en directo’ mi decisión estaba tomada: prepararía oposiciones y ejercería mi carrera en la escuela pública. Dos años después, ya era funcionaria.

El siguiente paso era elegir dónde desarrollar mi trabajo. Yo quería hacerlo cerca de la ciudad donde había nacido y había pasado mi infancia y juventud. Tuve la suerte de que me dieran destino definitivo en mi ciudad, Sanlúcar de Barrameda, no sin antes haber ejercido en localidades cercanas como Chipiona y Trebujena, ambas experiencias muy interesantes.

En Chipiona, tuve la suerte de conocer a un gran inspector, que fue el que me dio la clave para dirigir mi vida profesional. Decía que el futuro de la escuela estaba en la educación del cambio. Hay que estar constantemente abierto a los cambios y educar en ellos. Esta fue la convicción que trazó la línea de mi trabajo docente, que afortunadamente acepté y, por ello, me fue muy bien en mi tarea diaria.

En mis años de maestra, se implantaron dos planes de enseñanza. Fui pionera de la EGB-llamada ley Villar Palasí-, a principios de los 70 y he vivido la aplicación de la LOGSE en estos últimos años. Ambas leyes implantaron sistemas educativos buenos, a pesar de los fallos, que a lo largo de su consecución se han ido subsanando. El principal problema en los dos casos ha sido el de la financiación.

En el caso de la escuela pública andaluza, la evolución ha sido favorable, aunque queda un gran recorrido. Los cambios más importantes que yo destacaría son:

  • La creación de nuevos centros escolares, partiendo de una situación que en muchos lugares era deplorable.
  • La generalización de la enseñanza preescolar , párvulos de 4 y 5 años, que hoy con el nombre de educación infantil incluye a niños desde los 3 años.
  • La disminución de la ‘ratio’, pues de tener más de 40 alumnos por clase se ha pasado a un máximo de 25.
  • La implantación de los profesores especialistas, en áreas tan fundamentales como la educación física, la música y los idiomas. En este último caso se han ido creando los llamados centros bilingües, clases en inglés desde los 3 años, una apuesta por el futuro que nos acerca a los niveles de la Europa más desarrollada.
  • Un paso decisivo ha sido la creación de centros TIC (tecnologías de la información y la comunicación), con un esfuerzo humano y económico que mira hacia la integración de nuevos medios educativos que se suman a los tradicionales para una educación de calidad y de creación de oportunidades para todos.

Para todos estos cambios que se avecinaban y que fueron llegando, yo tenía que prepararme. Así lo hice a través de cursos y de grupos de trabajo. Hasta mi último día en la escuela he asistido a cursos de formación: inglés, nuevas tecnologías, gestión de bibliotecas escolares…

Para mí, la escuela ha sido un centro de formación permanente a todos los niveles, tanto instructivo como formativo. Yo, siempre les decía a mis alumnos del tercer ciclo de primaria que el nivel educativo en el que estaban era la base y el cimiento de su vida futura. Por lo tanto, era muy importante que salieran del centro con una buena preparación.

Al terminar mi trayectoria profesional, me siento muy satisfecha, porque creo que he logrado lo que me propuse. Es un gran orgullo para mí encontrarme a antiguos alumnos que me dan las gracias por lo que les he aportado en su formación personal.

Al dejar la escuela, me siento muy satisfecha de la labor realizada en ella y espero que esta nueva etapa de mi vida que comienzo sea igual de gratificante como la que he dejado atrás.

Etiquetas: colegio, educación, escuela infantil, profesor, vuelta al cole

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