Deberes en vacaciones

Deberes en verano ¿sí o no? Una psicóloga tiene la respuesta definitiva

Esta psicóloga aporta la respuesta definitiva (y basada en la psicología) en torno al debate que se abre todos los años en junio: ¿es beneficioso mandar deberes en verano a los niños o deben descansar?

Ya estamos en la recta final del curso y por el esfuerzo mantenido durante los trimestres anteriores en la mayoría de los niños y niñas y de sus familias se pueden percibir un gran cansancio y ganas de las deseadas vacaciones de verano. Y como cada año ronda por la cabeza de los padres una pregunta muy común: ¿en verano los niños deben de hacer deberes o no es necesario? Aunque la pregunta parece simple, la respuesta no es tan dicotómica.

Según el artículo N.31, apartado 1, de la Convención sobre los Derechos de los Niños de UNICEF, “los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes [...]".

También para los adultos el descanso laboral y las vacaciones son un derecho logrado poco a poco a lo largo de los siglos. Los primeros en darse cuenta fueron los antiguos romanos.

No sobrecarguemos a los niños de tareas

Hoy en día los niños y las niñas durante el curso escolar tienen en su agenda más compromisos y actividades de las que puedan tener los adultos. Además de la lista normal de deberes y exámenes  asignados por el colegio, los padres empezamos a añadirles clases para aprender idiomas, tipos diferentes de deportes, y cualquier otra actividad social que incremente en el niño sus habilidades personales y relacionales.

Todo muy útil e importante en la sociedad contemporánea, pero no se tiene en cuenta el nivel de estrés y agotamiento que esta rutina pueda suponer. Muchas veces hemos escuchado que el aburrimiento es una manera para reforzar la creatividad, la imaginación y el desarrollo cognitivo en general. Durante la edad evolutiva el tiempo libre es tan importante cuanto el estructurado. Cuando nuestros pequeños se aburren tienen la oportunidad de conectar con su mundo interno, a la vez que explorar el mundo externo alrededor, dando cabida a la creación de cosas maravillosas. Es el momento de pensar, inventar, crear, conocerse y comprometerse con ellos mismos.

A través del juego libre los niños pueden explorar sus propias pasiones, descubrir qué les gusta y qué no. Según Carl Rogers, psicólogo humanista, “a través del juego libre, los niños aprenden a desarrollar un centro de evaluación propio y personal, en vez de depender de estímulos externos para colocarse en el mundo y relacionarse con los demás. Si dejamos al niño en completa libertad para actuar y jugar, sin poner trabas a su desarrollo, todo lo que haga y aprenda siempre será correcto y bueno para él.”

Asimismo, no es un tema nuevo que los deberes y la gran cantidad de exámenes que tienen los alumnos y alumnas durante el curso afectan directamente a la conciliación familiar, quitando tiempo de calidad y aumentando los momentos de conflicto entre los padres y entre estos y los hijos, además de afectar al rendimiento académico mismo y al proceso de aprendizaje en aquellas situaciones en las que se necesite la presencia y el acompañamiento del adulto. ¿Y qué pasa si el adulto no está preparado para ofrecer las herramientas adecuadas y necesarias para dar ese apoyo?

¿Por qué todos los años hay debate con los deberes del verano?

Con estas reflexiones sobre el descanso y el tiempo libre para el desarrollo de los niños y niñas, y la influencia de los deberes en el clima familiar, la respuesta parece aún más sencilla, entonces ¿por qué todos los años sigue siendo un dilema que genera debate y diferentes opiniones?

Uno de los grandes miedos respecto a que los niños no hagan deberes en verano es que cuando vuelvan en septiembre hayan olvidado todo lo aprendido o que hayan perdido el hábito de estudio. Pero hay muchas maneras para repasar y practicar los contenidos aprendido, estimular la creatividad y organizar planes y actividades para que esta pequeñas mentes sigan desarrollándose a la vez que disfrutando y descansando del estrés escolar.

En la justa medida y dejando tiempo también para el “dolce far niente”, podemos aprovechar para organizar tareas y actividades que rompan con lo cotidiano y con las que aprendan de una forma más lúdica y entretenida. Un concurso de lectura temático o escribir una carta a un amigo (o amiga) quien llevan mucho tiempo sin ver, para que entrenen las habilidades de lectoescritura con más ganas; un mercadillo ficticio donde cada artículo tiene su precio estipulado, para que vayan repasando las principales operaciones de mates haciendo las cuentas, a la vez que entrenar las habilidades de negociación con las dinámicas de compraventa; el cineforum, para aprender valores o acontecimientos históricos, los experimentos caseros de física y de química, y las actividades deportivas o a contacto con la naturaleza son otros momentos donde se pueden aprender muchos contenidos y sobre todo compartir un tiempo divertido y de calidad en familia.

 

Artículo elaborado por Francesca Cassisa, Psicóloga infantojuvenil y Psicoterapeuta de familia en Psicólogos Pozuelo

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