¿Es lo mejor?

¿Debo esconder mis emociones negativas delante de mis hijos?

¿Cuándo sientes tristeza, enfado o frustración por algo se lo ocultas a tus hijos? ¿Crees que esto es lo más saludable para ellos? Mira aquí por qué esta no es la mejor decisión.

madre e hijo
Fuente: iStock

Pese a que no lo parezca y aunque tratemos de no mostrar emociones negativas delante de los niños, incluso los bebés son capaces de captar el estado anímico de los padres. En este sentido… ¿Es bueno que ocultemos estos sentimientos ante los más pequeños?

Muchos son los padres que cuando sienten emociones negativas tienen la tendencia de ocultarlas o al menos no mostrarlas delante de sus hijos. Tal vez es por la creencia de que, si reprimimos la parte negativa y solo enseñamos las emociones positivas, ellos crecerán de manera más adecuada y equilibrada.

No obstante, aportarles una buena educación emocional no se basa en reprimir algunos sentimientos, y disfrutar solo de aquellos que nos aportan alegría, sino en enseñar a gestionar todos los sentimientos de manera asertiva. Es decir, en este caso, de darles a los niños las herramientas necesarias para que puedan reconocer y gestionar sus emociones adecuadamente. Pero para ello -y como en todo- hay que predicar con el ejemplo.

El error de esconder las emociones negativas

Teniendo lo anterior en cuenta, ocultar estas emociones no es la mejor decisión. A pesar de que los mayores lo hagan con la buena intención de proteger a los más pequeños, realmente esto puede conllevar consecuencias negativas.

El enfado, la tristeza, la ira, la frustración son emociones que si se esconden hacen que perdamos nuestro bienestar. En el caso de los padres, puede que hasta la relación con sus hijos se dañe y tenga una menor calidad.

Esto ocurre, para empezar, porque si no se expresan correctamente las emociones, uno no está bien consigo mismo y esto influye en la actitud con los demás -incluyendo aquí a los niños-. Asimismo, los menores pueden llegar a interpretar esta actitud como una falta de interés o incluso de rechazo hacia ellos.

Por otro lado, mostrarlas, también ayuda a crear lazos afectivos y, por eso, lógicamente, si no las enseñamos, estas conexiones no se crean. De hecho, qué mejor forma de crear una buena relación basada en la confianza y la comunicación que aquella basada en compartir las experiencias y sentimientos más reales.

Esto es de lo más beneficioso para los niños porque desarrollan su inteligencia emocional. Y es que, es importante que aprendan a que es completamente normal no sentirse siempre contentos. Deben comprender que estar tristes o frustrados por algo en algunos momentos forma parte de la vida.

En caso de ocultar nuestras propias emociones, los niños acaban entendiendo que estas hay que esconderlas y que no se debe hablar de ellas. Y, a largo plazo, esta acción puede acabar afectando a su salud y a su desarrollo.

De la misma forma, tampoco se debe tratar de exagerar o falsear emociones positivas, no sirve, ni es buena idea porque los niños lo notan y pueden sentirse mal por esa falta de autenticidad. Incluso, pueden perder la confianza en sus padres y, por tanto, que la relación paternofilial se vea afectada.

Considerando todo lo anterior, entendemos que esconder nuestras emociones negativas no es saludable para tener una buena relación con los niños. Tampoco lo es para su desarrollo, pues además de no convertirnos en buenos modelos para ellos, esto acabará afectando a su gestión emocional.

foto claudia

Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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