Educación

¿Dejas de hablar a tu hijo como castigo cuando estás enfadado porque se ha portado mal? No es una buena idea

A veces perdemos los nervios y recurrimos a técnicas poco apropiadas y cuestionables. Dejar de hablar al niño como castigo o muestra de nuestro enfado es un error.

silencio
Foto Istock

No somos fuente inagotable de paciencia, es cierto y a veces los hijos pueden llegar a sacar de quicio cuando se enfadan, tienen una rabieta o se comportan mal. Sin embargo, los castigos, sea del tipo que sean, nunca son una buena solución: al contrario no benefician en nada y son mucho más perjudiciales de lo que pensamos.

Evidentemente el castigo físico NUNCA debe ser una opción, pero los castigos de otro tipo tampoco son eficaces y hay uno que, puede parecer más inocente, pero también tiene consecuencias perjudiciales para los niños: ¿optas por el silencio cuando te has enfadado con tu hijo o hija y no le diriges la palabra? Deberías cambiar de técnica.

Las consecuencias de dejar de hablar a los niños

Para Rocío Ramos Paúl, más conocida como Supernanny, “el silencio solo bloquea la posibilidad de buscar una solución”, tal y como explica durante esta entrevista de radio. En ella deja claro que “la solución se encuentra hablando, no haciendo lo contrario. Al fin y al cabo, lo que uno quiere es no pasar un mal rato”, por lo que aconseja siempre hablar para romper el hielo, tratar de ser comprensivos e intentar utilizar palabras positivas en la conversación.

Para el psicólogo Ramón Soler, castigar al niño con el silencio es una forma de maltrato y explica que, si se utiliza con frecuencia, puede dejar huellas profundas que se detectan incluso siendo adultos: “Muchos padres se enorgullecen de no golpear o gritar a sus hijos, pero cuando estos no cumplen sus expectativas o no les obedecen, utilizan un tipo de castigo que también resulta dañino y cruel: dejarles de hablar durante un tiempo y actuar como si sus hijos no existieran. El objetivo de este silencio es doblegar al niño y hacerle claudicar, abusando de la situación de superioridad que tienen los padres sobre los hijos” y asegura “el sentimiento que genera el silencio de los padres es de total desamparo y peligro”.

Recurrir al silencio como castigo solo provoca en los niños confusión, ya que no por ello entienden qué han hecho mal, cómo podían haber actuado de otra forma o por qué son ignorados. También genera mucho malestar y este tipo de castigo tiene un impacto muy grande en la autoestima: los expertos aseguran que este tipo de conducta daña mucho la autoestima de los niños y provoca mucha inseguridad. En algunos casos, si el castigo con el silencio se repite de manera frecuente, el niño puede llegar a manifestar angustia o ansiedad. Además, no es efectivo, porque el niño no dejará de hacer lo que ha provocado nuestro enfado porque lo comprenda o reflexione, si no por miedo a sentirse aislado o ignorado.

Por su parte, Luis Castellanos, experto en neurociencia y coautor del libro La Ciencia del lenguaje positivo, hace hincapié en una entrevista concedida a ABC en la idea de que recurrir al silencio como castigo es una práctica que puede arraigarse y los hijos pueden copiar ese modelo de conducta: “Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella”.

Cada vez son más los expertos que animan y defienden la disciplina positiva como modelo educativo y en ella, la comunicación y dar importancia al lenguaje son las claves.

foto firma

Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

Vídeo de la semana

Continúa leyendo