Cuestión de autoestima

La diferencia entre alabar y alentar y por qué este matiz es tan importante durante la crianza

Es uno de los aspectos de la crianza en los que más se detiene e incide la educación en positivo.

Uno de los aspectos en los que más incide la disciplina positiva en la crianza de los niños es en la diferencia abismal que existe entre alentar y alabar. Todos los psicólogos coinciden en la importancia de reforzar positivamente un comportamiento si deseamos que se repita, y esta es la base sobre la que parte la diferencia entre centrar la valoración en base al resultado final o al interés y esfuerzo que el niño ha puesto en el camino.

Explica la experta Carmen Vega para reAmare, asociación que pertenece a Fedalma (Federación Española de Asociaciones Pro-Lactancia Materna), que “Este comportamiento como padres se mantiene porque partimos de la visión de que el adulto decide, organiza y ejecuta lo que se aprende”. Esto limita la libertad del menor y su capacidad para equivocarse, ya que centramos la mirada en el resultado final de su conducta. De ahí que insistamos tanto, como señala la especialista en educación en positivo Isabel Cuesta, Una madre molona en las redes, “en mensajes en bucle como “eres el mejor”, “bravo, qué bien lo has hecho”, “te mereces un premio”…”.

En opinión de Cuesta, “está muy arraigado y aceptado en nuestra sociedad el alabar, y desaprender y aprender es un proceso que implica, en primer lugar, entender el PARA QUÉ alentamos en lugar de elogiar”. A través del aliento, la autoestima del niño se ve reforzada porque esta no se construye en base a las palabras que nos dicen desde fuera, sino que son logros propios “los que tienen que sentirse orgullosos de sus logros, felices con sus conquistas, conscientes de sus capacidades; es decir, sentirse valiosos sin la necesidad de la aprobación de los demás”, indica Carmen Vega.

Expectativas vs realidad

Isabel Cuesta incide en que si nos centramos en el elogio o la crítica en función exclusivamente del resultado final, estamos cometiendo un error que perjudica el desarrollo del niño y que daña su autoestima. “Cuando ponemos el foco en el resultado, el niño ya tiene formadas unas expectativas con respecto a lo que a ti te gusta y esperas de él. Entonces llegan las inseguridades. ¿Y si no soy capaz?”, expone. Las inseguridades pueden incluso convertirse en una renuncia a intentarlo, en que el niño “tire la toalla por miedo a no cumplir esas expectativas”, continua. “Sin embargo, a un niño al que le decimos que se ha esforzado mucho, la siguiente vez va a querer esforzarse aún más porque no va a tener miedo del resultado”, concluye.

Y es por esto que los especialistas en positivo insisten tanto en partir desde su perspectiva, demostrarle que puede decidir y que no debe tener miedo al error. En definitiva, en alentar y no en alabar.  O lo que es lo mismo, en cambiar la manera en la que nos dirigimos a ellos cuando intentan conseguir algún reto. No es lo mismo decirle “Cariño, se nota que te has esforzado” tanto cuando el resultado es el deseado como cuando no les que  “Muy bien mi niño, pero que bien lo has hecho”, solo cuando lo hace bien. Si evitamos esto último, además, evitaremos tener que mentirle, con el riesgo de crear falsas expectativas en él, en el caso de que no lo haya hecho bien. 

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