Inclusión

Diversidad funcional o discapacidad: ¿hay alguna diferencia?

Las personas que tienen algún tipo de limitación, deben hacer frente cada día, a diferentes barreras. ¿Puede el lenguaje y más concretamente el uso del término "diversidad funcional" en lugar de "discapacidad" atenuar las barreras de actitud?

niños jugando al atardecer
Fuente: Depositphoto

Hace dos años Albert Espinosa, un icono de la esperanza, el optimismo y la inspiración, publicó el libro “Finales que merecen una historia”. Y hay un pequeño relato que aún sigue grabado en mi cabeza con la misma intensidad que el primer día que lo leí. La protagonista es una niña de siete años que protesta contra las injusticias desde una silla de ruedas. El lema de su cruzada es si no entramos todos no entra nadie.

Es una realidad que no todos los servicios públicos están adaptados para todas las personas. Como sociedad, nuestro objetivo debe ser lograr una accesibilidad universal que integre a todos los ciudadanos. Es primordial garantizar el acceso a cualquier medio de transporte, calle o edificio a aquellas personas con problemas físicos, también conseguir ajustar las actividades de ocio a las distintas necesidades tanto físicas como intelectuales. Además, la integración total debe eliminar los diferentes tipos de barreras que se acentúan en las personas con discapacidad.

Actualmente, aquellas que poseen algún tipo de limitación, tienen que hacer frente a diversas barreras: sociales, políticas, físicas y de actitud. Estas últimas pasan por los estereotipos, los prejuicios y la discriminación. ¿Puede, la reciente inserción del término "diversidad funcional" en lugar de "discapacidad" aminorar las barreras de actitud? ¿Existe diferencia entre ambos?

El uso del lenguaje

El lenguaje es el mecanismo que permite nuestra comunicación, pero también es una forma de trasmitir ideas y formas de pensar. Los diferentes usos que damos a las palabras pueden perpetuar diferencias o derribar muros y favorecer las relaciones entre las personas.

Por esto, es importante ser conscientes de que el vocabulario que empleamos puede tener distintas connotaciones e influir positiva o negativamente en el pensamiento de los individuos. Con mayor énfasis si se trata de niños pequeños ya que son mucho más susceptibles.

Durante mucho tiempo, el término minusválido hacía referencia a la persona que poseía cierta limitación que le impedía realizar una actividad con normalidad. Si analizamos la palabra “minusválido", observamos que significaría persona menos válida. Y tener una limitación no hace a nadie menos válido que otro. Por este motivo, en 2009 se hizo pública en el BOE la sustitución de ese vocablo por el de discapacidad.

Ahora, una parte de la sociedad considera que la utilización del término “discapacidad” tiene un sentido peyorativo porque hace pensar que la persona no es capaz. Para no discriminar a un amplio colectivo de personas, acuñan el término “diversidad funcional” que pretende englobar a las personas con distintas capacidades entre sí.

Por el contrario, existen entidades como el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), que prefieren la denominación “discapacidad”. La razón es que consideran "no sentirse identificadas con “diversidad funcional", un léxico sin legitimidad ni respaldo social amplio, que no solo no describe la realidad sino que resulta confuso e incluso en ocasiones pretende ocultar esa realidad, atacando el enfoque inclusivo y de defensa de derechos".

Desde un punto de vista psicológico

Ser Padres ha hablado con Psicólogos Pozuelo y Belén de Toro Mingo, neuropsicóloga infantil, ha analizado el debate en torno a la terminología “discapacidad” y “diversidad funcional”.

El problema de una denominación, señala, es que conlleva una etiqueta. "Podemos otorgar una etiqueta a una persona en un momento dado, sin embargo, le va a acompañar el resto de su vida". En el caso de los niños, la situación adquiere mayor importancia puesto que a la hora de explicar la razón de la etiqueta "le puede llevar a pensar que es menos válido que el resto de niños".

"Parece ser que el problema versa en se categoriza a una persona por un área muy específica de su vida que no ha desarrollado, adquirido o mantenido como el resto de la población normotípica. Esa diferencia le lleva a recibir una apreciación distintiva que revela inferioridad en toda su globalidad como individuo".

Una persona no es solo una cualidad, un aspecto o una limitación. "¿Qué ocurre con todas aquellas dimensiones de la persona?" pregunta la neuropsicóloga.

Belén asegura que en el terreno de la psicología al realizar una intervención con un menor, "poder hablar de "diversidad de funciones" enriquece el tratamiento, principalmente porque no merma el autoconcepto ni la autoestima del niño". Un término más acogedor en el caso de los más pequeños puede resultar en una mejor aceptación personal y una educación igualitaria.

¿Dónde está la diferencia?

Partiendo de la premisa de que el lenguaje sí afecta a la acepción social, y considerando los diversos puntos de vista, ¿es tan importante el término como lo es la intención del emisor del término? Educar en discapacidad o en diversidad será lo que abra las puertas a una sociedad respetuosa, solidaria e inclusiva que rompa barreras y entienda que la discapacidad no define a la persona. Esa será la manera correcta de garantizar que nuestros hijos crezcan en igualdad y convivan con las diferencias.

Personas con discapacidad o personas con diversidad funcional son dos formas diferentes de poner sobre la mesa una misma realidad. Más que de elegir un término u otro, se trata de ser cuidadosos y respetuosos para dar a conocer la evidencia de la vida de muchas personas y visibilizar tanto el esfuerzo que realizan día a día, como la defensa de sus derechos. Una visibilidad que es muy necesaria entre otras cosas porque a todos nos queda mucho que aprender.

Por lo tanto, más allá del nombre con el que nos referimos a las personas que sufren la dificultad, la diferencia radica en cambiar el modo en que la sociedad lo percibe para que no necesitemos hablar de terminología y empecemos a hablar de inclusión.

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Carla SMG

Soy periodista y algún día también seré escritora. Me gusta jugar con las palabras para crear mundos y derribar muros, para contar historias, informar, concienciar, emocionar e inspirar. Vivo de atardeceres líquidos, escapadas al monte y recuerdos en hojas de papel.

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