Educación

Educación después del confinamiento: ¿qué cambiará?

Niños y adolescentes han tenido que comenzar a practicar el ‘homeschooling’ de manera obligada. ¿Significa este hecho el comienzo del fin de la educación tal y como la conocemos ahora? ¿Tendrá, después de la pandemia, más protagonismo la educación a distancia? Los propios educadores responden.

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El cierre preventivo de todos los centros educativos de España (y de algunos países alrededor del mundo) como medida de contención del coronavirus, está dando paso a un nuevo paradigma educativo. Una nueva manera de entender la educación en la que, sin duda, las tecnologías cumplen un papel casi protagonista.

En este nuevo concepto entran en juego los términos de autonomía e Internet. El primero porque, sin duda, es el paso definitivo hacia la independencia del estudiante (tendrá más capacidad para hacer sus tareas desde casa sin ayuda, para atender una clase a distancia y para entregar sus trabajos por las plataformas digitales sin apenas esfuerzo). El segundo porque, de manera forzada, se ha convertido en la principal vía de comunicación entre docente y alumno y, aunque la vuelta de las aulas suponga un desplazamiento de los canales telemáticos para comunicarse, seguirán estando bastante presentes.

La importancia de la educación presencial

Pero, además de ellos, ¿con qué se encontrarán los alumnos cuando vuelvan a las clases presenciales? ¿Habrá cambiado algo? ¿Habrá significado este hecho forzoso el principio del fin de la educación tal y como la conocíamos? “Se habla mucho de que todo sigue funcionando con normalidad, pero no es así. Es cierto que tanto los docentes como las familias y los propios alumnos nos hemos tenido que reinventar, pero es una situación temporal”, comenta Cristian Olivé, docente de Educación Secundaria en la Escuela Joan Pellegrí de Barcelona. Para él, el trato humano y el acompañamiento personal no deberán perderse cuando las aulas vuelvan a abrir sus puertas. De hecho, considera que habrá que plantearse cambios, pero teniendo siempre presente que la escuela es mucho más que transmitir contenidos. Y es que, la enseñanza presencial aporta algunos aspectos que no pueden ser sustituidos como la ayuda y las pautas del profesor, la interacción cara a cara entre las personas (sobre todo a la hora de explicar o de motivar a los alumnos) o, yendo un paso más allá, la cercanía entre compañeros.

Algo en lo que también está de acuerdo Andrés Payà, profesor titular de Educación en la Universitat de València y Doctor en Pedagogía: “esta circunstancia no significará el fin de las aulas, aunque habrán de transformarse”. Para él, existen algunos aprendizajes que siguen reservados a la escuela y, por tanto, es tajante al afirmar que el hecho de que los estudiantes hayan pasado más de dos meses teleestudiando no desplazará la parte esencial de la educación presencial. “La educación a distancia es parte del futuro de la educación, pero por sí sola no garantizará ni la innovación ni el cambio”.

El papel de las nuevas tecnologías en el nuevo paradigma

Uno de los principales compañeros de viaje hacia el cambio en la educación son, sin duda, las nuevas tecnologías. En tiempo de confinamiento han estado más presentes que nunca (están siendo la principal vía de comunicación entre las dos partes implicadas en el proceso de enseñanza-aprendizaje), pero su futuro después de que todo esto pase, volverá a quedar relegado a un plano complementario. De hecho, Payà cree que solo jugarán un papel clave en la búsqueda de un aprendizaje más autónomo y colaborativo. Eso sí, Olivé afirma que “lo mejor será combinarlas con naturalidad y analizarlas desde un punto vista crítico”. Pero, en ningún caso, podrán sustituir al contacto personal, la sociabilización y la relación entre docente y estudiante.

Se vuelve a abrir la brecha académica

Y al hilo del uso de las nuevas tecnologías en la educación, existe una cuestión latente en la sociedad desde que los estudiantes han tenido que estudiar a través de las pantallas: la de la brecha académica. Aunque estos días en casa hayan supuesto un paso de gigante para el futuro de la educación, también se ha demostrado algo: el acceso igualitario a las nuevas tecnologías es, sin duda, un mito. Y es que, la brecha académica, que iba reduciéndose desde hace unos años, se ha vuelto a abrir ante las desigualdades. Al respecto se ha posicionado Neil Tetley, director de Hastings School, diciendo que esta situación ha dejado estudiantes sin posibilidad de usar un buen ordenador o tener una conexión Wi-Fi rápida. Y, de hecho, se refiere también a los alumnos que conviven con familias que no valoran la educación  “por cosas así es mejor que los niños estén físicamente en el colegio”, afirma. Por su parte, Payà cree que “la situación ha servido para darse cuenta del papel fundamental del profesor: los nativos digitales no lo eran tanto como habíamos creído”.

En definitiva, todos debemos aprender de esta situación, pero no podemos olvidar que el futuro de la educación todavía tiene mucho camino por recorrer. Por una parte, no pueden perderse de vista las ‘asignaturas pendientes’ como la solidaridad, la pedagogía de cuidado o, por supuesto, la educación emocional. Por otro, tal y como comenta Tetley, esta situación ha enseñado que las nuevas tecnologías no pueden sustituir ni al profesor ni a las aulas, pero sí pueden ser una herramienta muy interesante para impulsar el paradigma educativo hacia nuevas direcciones.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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