Educación del niño

Educación emocional no es dejar que hagan lo que quieran, sino entender bien los límites

¿Por qué son tan importantes los límites propios? Descubre también cómo practicarlos para que tus hijos tengan una enriquecedora educación emocional.

Desde que en 1995 se publicó el libro de Daniel Goleman “Inteligencia emocional” hablar de emociones se ha vuelto algo normal, pero aún así, hay personas que ignorando lo que significa el concepto en realidad, confunden una ciencia con la falta de límites o dejar que los niños hagan lo que quieran. La educación emocional quizás se haya puesto de moda pero no porque sea una bonita forma de educar sino porque te permite ver al “niño de forma bonita”, es decir, te enseña a mirarlo con ojos amorosos, a admirar su desarrollo, a tratarlo con respecto, mimo y cuidado y para esto precisamente hacen falta límites, tanto propios como firmes.

¿Por qué son tan importantes los límites propios?

Educación emocional en niños
Foto: Istock

Sabemos que el ejemplo es muy importante para los hijos y también lo difícil que es dar un buen ejemplo en todo, un padre que se muerde las uñas, fuma o le cuesta mantener su habitación ordenada quizás no sea un ejemplo de buenos hábitos y orden, pero quizás es un padre con muy buenas habilidades sociales que le permite tener relaciones positivas con sus vecinos y es un gran ejemplo de amabilidad y convivencia.

Los límites propios tienen que ver con nosotros como padres, con nuestra autorregulación emocional y si sabemos ajustar nuestras expectativas a la edad y a la forma de ser de cada hijo. Quizás te ayuden estas preguntas: ¿Lo que le pides se ajusta al ejemplo que le das? ¿Tu habitación está ordenada cuando le pides que ordene la suya?, ¿Cuándo le corriges eres consciente de lo que sientes para que tu entonación favorezca lo que quieres enseñar?, ¿Usas el humor para educar?, ¿Lo que le pides se adapta a su forma de ser?, ¿Es un niño con mucha necesidad de movimiento y pretendes que no se mueva durante la comida?

Los límites propios tienen que ver con tus habilidades socioemocionales que te indican lo que puedes hacer para educar a tu hijo de forma más respetuosa. Corregir sí, pero sin gritos, llamarle la atención sí, pero sin hacerle sentir mal, exigirle sí, pero sin generar demasiado estrés, etc.

Se trata de que pongamos límites a lo que hacemos porque por muy buena que sea la intención de educar, si lo hacemos sin límites propios podemos dañar el vínculo afectivo, la confianza y perder la capacidad de influir positivamente.

6 maneras de practicar los límites propios

1. Si tu hijo llora, mírale a él, no si te están mirando

El “qué dirán” a veces nos condiciona de tal manera que priorizamos lo que puedan pensar de nosotros en lugar de lo que nuestro hijo puede llegar a pensar “a nadie le importa lo que siento” Si está llorando, no importa tanto el motivo, si se ha caído, si está frustrado o si crees que lo hace para llamar la atención, míralo y atiéndelo, aunque no sepas muy bien qué hacer, lo que hagas siempre será mejor que no hacer nada por miedo a que te juzguen.

2. Si tu hijo te grita, háblale más bajo para que se regule

A veces escucho “yo no puedo permitir que mi hijo me grite”, estoy de acuerdo, nadie debemos permitir que nos traten mal pero tampoco hacerlo nosotros para pedir que no lo hagan. Si tu hijo te grita no es porque tenga tu permiso, sino porque tiene algo que expresar y se ve que no ha sabido decirlo mejor. ¡Qué gran oportunidad la tuya! Se lo vas a poder mostrar, cuando bajas el tono le estás diciendo “así es como quiero que me hables”. ¿Difícil verdad? Lo sé, pero cuando algo no sale a la primera simplemente hay que intentarlo más veces hasta que salga sin pensar.

Educación emocional y límites
Foto: Istock

3. Si tu hijo te pega, sujeta sus manos para que no te haga daño pero no se lo hagas tú

Si te pega no es porque le dejes sino porque te ha pillado desprevenido, se ha enfadado y de forma impulsiva te ha pegado, es posible que sí te quiera pegar pero no que te quiera hacer daño, en estos momentos los límites verbales no se reciben tan fácilmente “no me pegues” pero los físicos sí, si le sujetas las manos con el único fin de que no te haga daño lo acabará entendiendo.

4. Si tu hijo pega, apórtale calma, no le hables cuando no te puede escuchar

Estoy segura de que esto ya lo has aprendido, “ya sé que cuando está enfadado no se le puede hablar” pero se te olvida porque precisamente cuando el enfado es de uno, lo único que queremos es expresar y por eso todo lo que decimos suena a reproche y regaño. Hablarles cuando están enfadados desahoga al adulto, pero no ayuda al niño.

5. Si tu hijo te pide algo muchas veces, aprende de ello, dile que “no” todas esas veces sin enfado.

Me encanta la idea de aprender de los hijos, ¿qué hacen ellos cuando quieren algo? Lo piden muchas veces, demuestran su gran interés, insistencia y perseverancia, nosotros sin embargo nos enfadamos cuando tenemos que repetir muchas veces lo mismo. Aprendamos de ellos, seamos igual de perseverantes para decir “no”

6. Si tu hijo no obedece y te enfada, sé consciente para comunicarte con afecto

A expresar mejor también se aprende, los padres asertivos no nacen, sino que se hacen por eso es una tarea pendiente mejorar nuestra forma de darles indicaciones.

Como conclusión podemos decir que la educación emocional no es dejar que hagan lo que quieran, sino entender bien los límites y esto no consiste en decirles lo que tienen que hacer, pretender que obedezcan, enfadarnos si no lo hacen y aplicar castigos para que lo hagan, sino hacer uso de nuestra inteligencia emocional para que todo lo que hagamos o digamos para educar pase la prueba de la propia gestión emocional, educar sí, pero con límites propios.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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