Niños y emociones

Educar la conducta a través de la escucha emocional

Detrás de la conducta de nuestros hijos hay un origen emocional. Te proponemos cinco pautas para ayudar a tu hijo a identificar y gestionar sus emociones.

Educar la conducta a través de la escucha emocional

Habitualmente, los padres captamos el comportamiento de los niños sin tener en cuenta que detrás de esa conducta hay una emoción y una necesidad emocional que necesita ser atendida.

 

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La conducta de los niños se apoya en una emoción

Los niños son seres emocionales por excelencia, ya dentro del útero materno inician su vida emocional (como afortunadamente científicos y expertos conocidos se están encargando de divulgar).

Cuando nacen y a lo largo de toda su infancia, captan todo principalmente a través del canal de sus emociones.

Así, ante estímulos desagradables como el frío, el hambre la soledad o un trato brusco sentirán miedo; ante una mirada agradable o un abrazo sentirán amor; ante la despedida del chupete sentirán tristeza; con un grito o castigo sentirán miedo, rabia o culpa; con la llegada de un hermanito sentirán celos, ante muchas normas y límites pueden sentir rabia o frustración, etc.

Todas estas son situaciones que los niños no saben procesar todavía con su mente; pues, por su corta edad sus habilidades de razonamiento se están formando. En cambio, ¡sí saben procesar emocionalmente!

Por este motivo, os invito a abrir los ojos del corazón ante la conducta de vuestros hijos. Si queremos ayudarles a superar todas las etapas de la infancia con la autoestima alta tenemos que hablar su mismo lenguaje: el de las emociones.

Limitar la conducta pero no la emoción

Cuando un niño muerde, pega o empuja a otro niño actuamos censurando y corrigiendo esta conducta, algo que está bien y además es necesario, pues las conductas dañinas se deben limitar, pero no es suficiente. También es muy importante que averigüemos qué emoción ha originado esta conducta. Y lo más importante: que lo hablemos con él.

“Si muerdes haces daño y no está bien hacer daño a los demás. ¿Qué te ha pasado: te has asustado y por eso has reaccionado así; o te has enfado porque él tiene un juguete que tú también quieres?

Si el niño es muy pequeño, conviene que escuchemos su respuesta a través de los gestos de su cara, de su gesto corporal. Si tiene más de 4 años puede que use el lenguaje para contestarnos. Pero lo más importante no es que nos conteste, sino que mamá o papá “pongamos” palabras a lo que ha sentido y le ha hecho actuar así.

Tras nuestra escucha - con el corazón y la observación -, es importante que le indiquemos de qué formas puede actuar la próxima vez que se sienta celoso, enfado, con vergüenza, etc; sin dañar a nada ni a nadie.

La escucha emocional

La escucha emocional nos ayuda a que el niño se sienta escuchado y comprendido, que conozca los sentimientos que le llevan a actuar de esa manera y sepa de qué forma puede expresar lo que siente.

Así pues no respondamos únicamente a su comportamiento, escuchemos y acojamos también la emoción que la sustenta:

  1. Describe lo sucedido con “frases espejo”, (sin censurar, reñir, o castigar) ¡veo que le has hecho daño!
  2. Pregúntale qué le ha pasado, qué ha sentido para actuar así. Ayúdale dándole pistas pues tú conoces más vocabulario y dominas mejor el lenguaje emocional.
  3. Escucha mirándole a los ojos y reconoce sus sentimientos de forma verbal y no verbal: puedes asentir con la cabeza o decir palabras cortas: vaya, ajá, ya veo, etc.
  4. Se censura o limita la conducta, nunca las emociones: ya veo te has asustado pero no está bien hacer daño a los demás…
  5. Muéstrale cómo puede expresar sus emociones, sin dañar a nadie, ni a él mismo, ni a nada. Si te sientes asustado lo puedes expresar con palabras, con un grito. Pero nunca mordiendo”.

Cristina García es pedagoga, terapeuta infantil, orientadora familiar y fundadora de Edúkame.

 

 

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