Educación del niño

El castigo es efectivo pero poco afectivo: es mejor educar sin miedo

El castigo, lejos de lo que puedas pensar, no solo no funciona, sino que, además, puede causar muchos problemas en el niño.

Seguro que lo has oído muchas veces, “antes había más respeto en la sociedad” y seguro que estás de acuerdo conmigo en que lo que antes había era más miedo pero no respeto, porque esto segundo no distancia a las personas, no daña la autoestima ni destruye los vínculos filioparentales como lo hace el miedo.

El castigo en el niño
Foto: Istock

Seguramente también habrás oído o vivido la amenaza “cuando venga tu padre verás”, una forma de obtener el control de una situación a costa de desautorizarte delante de los hijos haciendo que teman a quien no está presente y condicionando así las relaciones entre los miembros de la familia.

Porque infundir miedo para obtener el control impide que nos pidan ayuda cuando lo necesiten. Si la experiencia les dice que quizás corren peligro si hablan de su problema porque nuestro enfado poco regulado lo perciben como una amenaza para su supervivencia, es comprensible que no nos cuenten lo que les pasa como una forma de sentirse a salvo.

¿Por qué se obtiene más obediencia a través del miedo?

La ciencia lo explica de forma sencilla, la amígdala es el centro que genera las emociones y se activa de forma intensa ante cualquier situación de amenaza, si un niño está concentrado montando piezas Lego y le llaman para cenar, es posible que por inercia diga “ya voy” pero que siga jugando porque el placer que siente con la construcción de su torre es tan grande que en ese momento no tiene la capacidad de inhibir el deseo de seguir jugando ni la voluntad de cambiar de actividad.

Para pasar de una actividad placentera a otra menos motivante hace falta madurez, voluntad y responsabilidad que en ese momento no tiene tan desarrolladas.

Pero ¿qué pasaría si en ese momento gritamos o directamente le decimos que se queda sin ver tele por no venir a la cocina? Si el grito representa una amenaza para el niño, se activará su amígdala generando la emoción del miedo para responder de manera rápida a una situación de supervivencia. Tal y como lo explica David Bueno en su último libro sobre el cerebro adolescente “el miedo y la ira son los principales enemigos de la educación crítica y reflexiva, ya que disminuyen las capacidades cognitivas, por eso es crucial generar un ambiente de confianza”.

Con todo lo visto hasta el momento podemos decir que, aunque es fácil obtener obediencia a través de la activación de la amígdala, no es ni educativo ni saludable porque nos convertimos en el estímulo negativo a quien nuestros hijos temen y como el cerebro graba las experiencias a nivel inconsciente, si este tipo de crianza autoritaria se mantiene en el tiempo, los niños aprenderán a protegerse de nosotros, un ejemplo de ello es cuando usan la mentira para evitar una sanción, “yo no he sido”.

El castigo es efectivo, pero poco afectivo

Durante la crianza conviene ofrecer apoyo emocional a nuestros hijos, hay muchos momentos en los que necesitan ser consolados, pero no siempre somos capaces de darles ese apoyo. Por ejemplo, si nuestro hijo está jugando con otro niño y lo empujan sin querer, seguramente seamos sensibles y nos acerquemos a darle consuelo porque está llorando, pero si se ha caído porque no ha tenido en cuenta nuestra advertencia de peligro y se ha hecho daño por no escucharnos, aunque llore, es más probable que le neguemos nuestra atención porque pensamos que “así aprenderá para la próxima vez”, “eso te pasa por no hacerme caso” o “ahora si te duele te aguantas, por no escucharme”.

Cualquiera de estas frases demuestra nuestra incapacidad para acompañar emocionalmente a nuestro hijo cuando sufre, si nos desobedece parece que merece pasarlo mal como si eso le enseñase algo bueno para la vida, pero hay que decirlo alto y claro, nunca aprendemos algo positivo si la persona que nos lo enseña nos hace sentir mal.

Cuáles son los efectos del castigo en el niño
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En alguna investigación se ha visto que los menores que no reciben estímulos ni apoyo emocional de sus padres generan menos neuronas y conexiones neuronales que los que sí se sienten acompañados por sus figuras de referencia. Creo que no somos conscientes de la responsabilidad tan grande que tenemos cuando pretendemos educar sin valorar si las decisiones que tomamos influyen positivamente en el desarrollo cerebral de nuestros hijos.

David Bueno lo recoge así, cuando falta apoyo emocional, la corteza cerebral puede llegar a ser hasta un tercio más delgada de lo que hubiera sido si hubiera recibido apoyo, esto repercute en sus funciones ejecutivas necesarias para reflexionar, planificar y gestionar las propias emociones.

El acompañamiento emocional permite aprender sin necesidad de aplicar castigos

A veces el problema real ante el comportamiento de un niño es la interpretación que hacemos, ante la misma conducta, una rabieta o conflicto entre hermanos podemos verlo como una “mala conducta a corregir” o como “una mala gestión emocional a mejorar”.

Según qué lectura hagamos, responderemos de una manera u otra: si sólo queremos corregir es probable que recurramos a castigos sin darle importancia al miedo que podemos generar, aunque nuestra intención sea educar; y si lo vemos como un aspecto emocional a mejorar, seguramente con la forma de abordar la situación, aportemos al cerebro la oportunidad de prepararse para la adolescencia.

Se puede decir que, cómo se siente un niño mientras es disciplinado, tiene influencia en la adolescencia. Las vivencias durante la infancia generan las conexiones neuronales que los convertirán más tarde en personas impulsivas o reflexivas. Llegados a este punto conviene recordar que la adolescencia no empieza cuando les cambia la voz, les crecen los pechos o les sale vello por el cuerpo, sino cuando atendemos el llanto de un bebé, respondemos a una rabieta o acompañamos las frustraciones ante el estudio del colegio… porque todas esas respuestas generan las conexiones neuronales que el cerebro aprovechará en plena adolescencia.

Y si alguien quiere profundizar un poco más en el cerebro adolescente, puede ver la entrevista que le hice a David Bueno, merece la alegría y no la pena verla para entender mejor a tu hijo cuando llegue a esta etapa y si está en ella, mejor.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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