Coronavirus

El juego es el mejor antídoto contra la ansiedad en pleno confinamiento

Aunque lo más duro de la crisis posiblemente haya pasado, todavía el no poder volver a la escuela o jugar en los parques infantiles pueden hacer que los niños/as todavía tengan cierta preocupación y ansiedad.

Vivimos momentos difíciles, sobre todo para los más pequeños de la casa, que pueden no comprender del todo por qué deben permanecer tanto tiempo encerrados en casa, por qué no pueden ver a sus amigos ni acudir al colegio, o por qué simplemente no pueden jugar en los parques infantiles o en los columpios como sí hacían antes. Aunque no lo creas, los niños se preocupan igual que los adultos, pero durante la pandemia de coronavirus, y especialmente después de esta (por las consecuencias que pueda suponer), sus temores pueden aumentar.

Las preocupaciones, y los miedos, se convierten en una parte normal de la infancia. Pero, en ocasiones, pueden verse incrementados, de manera que un niño/a se vuelve ansioso en situaciones cotidianas, a pesar de las garantías que les ofrecerían sus padres. 

En ocasiones, esa ansiedad puede obstaculizar el sueño o disfrutar la vida al máximo. Y esto puede acabar siendo especialmente cierto en un momento tan difícil y complicado como el que hemos vivido (y estamos viviendo todavía), donde se asoma la incertidumbre con los constantes informes de noticias, que pueden acabar causando ansiedad no solo entre los papás y las mamás, sino también entre los más pequeños de la casa.

La buena noticia, como opinan la mayoría de psicólogos infantiles, es que el juego puede convertirse en el antídoto perfecto. Jugar, por ejemplo, proporciona cierto alivio de la tensión que pueda sentir el niño/a, a la vez de ofrecer un espacio seguro a la hora de abordar temas difíciles y complicados. 

Los niños utilizan juegos imaginarios, así como todo tipo de juguetes manipulativos (como ladrillos de construcción, peluches o muñecas) para expresar aquellas emociones que les son más difíciles de articular.

Y, durante la pandemia, es posible que los niños hayan podido establecer una auténtica “ciudad” con muros a su alrededor con el fin de representar sus temores. Así, volviendo a contar la historia, es posible recrear la escena, pero esta vez será el niño quien se encuentre a cargo de ella. Es decir, a través de la representación, se produce la curación emocional.

Algunos consejos útiles en tiempos difíciles

Ofrece siempre al pequeño un tiempo especial y único

Pon en marcha un temporizador durante 10 a 15 minutos, y dile a tu hijo que es un “tiempo especial”, y que puede hacer lo que desee durante este período. Es necesario asegurarnos de que cualquier elemento que pueda distraernos se encuentren apagados, como el teléfono móvil y la televisión.

Y sigue el ejemplo del pequeño, dejándole escoger lo que quiere hacer en ese momento. Tal vez inventan un escenario en el que llegan a ser el maestro diciéndote qué hacer, o interpretan a un hermano mayor ligeramente más mandón. Básicamente no hay necesidad de hacer nada, salvo dejarles dirigir el tipo de juego que quieran.

Cuando se establece un horario especial con cierta regularidad, pasa a convertirse en una salida positiva de la que el pequeño puede depender. Ese tiempo especial ofrece y proporciona un espacio seguro para que un niño pueda ser capaz de expresar sus sentimientos, o hablar sobre ellos sin la amenaza de que un adulto pueda volverse loco con ellos. 

Dale el poder

Cuando los niños/as se sienten asustados, no hay nada como revertir los roles y darles el poder. Incluso es posible configurar determinados escenarios para que esto ocurra. Por ejemplo, un tira y afloja donde te tiran al otro lado de la habitación, o una pelea de almohadas donde te derriban. El truco es no abrumar nunca físicamente al pequeño, o hacerle cosquillas, sino poner un poco de resistencia y luego permitirle ganar.

Incluso puedes invitar al pequeño a “asustarte” parándote al lado de una habitación oscura, a la vez que le dices: “Espero que no me empuje a esta habitación oscura”. Entonces, puedes fingir que tienes miedo, lo que ayudará a tu hijo/a a sentirse aún más poderoso.

Algunos psicólogos infantiles también recomiendan interpretar a un monstruo, pero a un monstruo torpe e incompetente, que persigue al pequeño y no puede atraparlo.

¡A reírse!

Cuando un niño experimenta ansiedad o mido, su cuerpo se prepara de forma totalmente natural para luchar y huir, liberándose hormonas del estrés (como el cortisol y la adrenalina), que hacen que el corazón lata más rápido y se produzca un aumento del flujo sanguíneo a los músculos, para prepararse a evitar el peligro.

En este estado, la relajación es muchísimo más complicada, y el sistema digestivo del cuerpo también puede acabar viéndose afectado. De ahí que los niños con ansiedad suelan indicar que tienen dolor de estómago.

Precisamente, es en estos momentos cuando la risa puede convertirse en una herramienta muy poderosa. La risa relaja los músculos, desencadena la liberación de endorfinas… y, con ello, reduce las hormonas del estrés. 

Básicamente observa qué es lo que hace que tu hijo/a se ría, y simplemente trata de recrearlo siempre que puedas.

A fin de cuentas, los beneficios del juego físico pueden ser simplemente transformadores. Y se convierte en la mejor actividad para los niños ansiosos porque los mueve, genera conciencia corporal, fortalece las relaciones y maximiza el toque lúdico.

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Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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