Vídeo de la semana

Lenguaje

El lenguaje y los niños: ¿cómo debemos hablar a nuestros hijos?

El lenguaje que utilizamos para comunicarnos con los niños es muy importante, ya que los adultos somos un referente para ellos, por eso se habla tantas veces de la importancia de dar ejemplo. ¿Sabes cómo debe ser el lenguaje que utilices con tus hijos? Hablamos sobre este tema.

hablar con niños
Foto Istock

Seguro que todos hemos oído la frase, relativa a la crianza, de que hay que predicar con el ejemplo. Y no puede ser más cierta. Los pequeños aprenden de lo que ven en nosotros, de nuestros comportamientos respecto a los demás, de nuestras acciones (o inacciones), de nuestros pequeños gestos. También lo que decimos y cómo lo decimos es muy importante: si nuestro tono es imperativo o condescendiente, si les gritamos o usamos palabras malsonantes, si utilizamos ‘gracias’ y ‘por favor’ con ellos, etc.

Muchas veces, como padres no somos totalmente conscientes de esto, y seguro que más de una vez hemos visto cambiar la expresión de nuestro hijo o hija (casi siempre en el mal sentido) como reacción a algo que hemos dicho. Es justo en esos momentos cuando deberíamos empezar a darnos cuenta de la importancia de nuestro lenguaje y paralenguaje que, sin duda, les veremos repetir a medida que van creciendo. Y es posible que sea entonces cuando, al oírlas de su boca, veamos que ni siquiera nos gusta cómo suenan algunas de nuestras propias palabras.

Hagamos el esfuerzo de reconocerlo y aprovechemos esos momentos para cambiar o ajustar ese lenguaje o ese tono de voz. Y tomémoslo como lo que es: un regalo que nos hacen nuestros hijos al darnos la oportunidad de reflexionar sobre lo que transmitimos al mundo. Porque, seamos claros, más de una vez puede ser muy diferente de lo que ‘pensamos’ que estamos transmitiendo.

¡No me digas que me calme!

No siempre es fácil. Cuando los adultos tenemos problemas es muy frecuente que cambie la forma en que nos dirigimos a nuestros hijos, nuestra paciencia se reduce, nos encontramos más irascibles ante sus errores o desobediencias y no estamos para prestarles la suficiente atención. Pero tengamos en cuenta que ellos también pueden estar teniendo un mal día (aunque a nosotros sus problemas nos parezcan nimios, para ellos haber perdido una canica puede ser algo enorme), o puede que estén cansados o tristes sin motivo alguno. Es en esos momentos cuando debemos esforzarnos más. Por ellos.

Pero tampoco nos fustiguemos. Nadie es perfecto. Ningún padre o madre responde de manera razonable y paciente a absolutamente todo lo que sucede en casa (y no, tampoco en el trabajo o en nuestra propia vida social, ¿verdad?). Precisamente cuando no nos salen las palabras, o no nos salen como queremos, es cuando más debemos entender que ellos pueden estar sintiéndose igual. Si percibimos esta situación y notamos que nuestro hijo lucha por explicar qué le sucede (a veces son tan pequeños que ni siquiera cuentan con el lenguaje adecuado para explicarlo), pasemos a los actos. Una sonrisa, un gesto, o el simple hecho de unos brazos alrededor de su pequeño cuerpo pueden obrar milagros.

Por supuesto, si está en medio de una rabieta seguramente no se calmará con un abrazo, pero la idea general es la misma: si en un momento dado notamos que se nos agota la paciencia, muchas veces hacer el esfuerzo de calmarnos nosotros mismos haciendo algunas respiraciones, por ejemplo, puede ser mucho más valioso que intentar entender.

Todo aquel que haya presenciado una rabieta sabe que no siempre tienen un motivo justificado y que pasan cuando el agotamiento vence al pequeño. Razonar con un niño histérico es casi siempre imposible, lo mejor que podemos hacer en esos casos es emplear ese esfuerzo en nosotros mismos y tratar de mantener nuestra cordura. Será la mejor manera de ayudarles. Que nos vean calmados es la mejor medicina para su frustración.

Ejemplos positivos en todo su entorno

Pero los padres no somos los únicos a quienes nuestros hijos imitan: tíos, primos o abuelos, amigos y profesores, personajes de programas de televisión y, cada vez más, youtubers, ejercen su influencia sobre ellos. Aunque esto escapa aún más a nuestro control, podemos tratar de atenuar su efecto advirtiendo a nuestros familiares de no utilizar determinado lenguaje, relacionándonos con amigos que tengan valores y comportamientos similares a los nuestros, y controlando qué y cómo consumen contenidos audiovisuales.

En este sentido, recomiendo seguir las recomendaciones de edad de películas, vídeos, aplicaciones y videojuegos. Aunque muchas personas rompen las reglas y alegan que ‘no pasa nada’, en mi opinión no hay ninguna buena razón para acelerar el proceso de crecimiento de nuestros hijos.

Los niños necesitan tiempo para incorporar nuevas ideas y nuevas maneras de pensar. Acelerar la introducción de ‘contenido de más edad’ (incluso si estamos hablando de +8 cuando el pequeño tiene 4) puede estar normalizando mensajes que ellos no siempre entienden, especialmente en cuanto a sexo o sexualización. Afortunadamente, hay enormes cantidades de estupendos contenidos para todas las edades, y resistir la tendencia de ‘envejecerlos’ antes de tiempo merece la pena.

No podemos controlarlo todo respecto a nuestros hijos, pero sí aquellos referentes que más les influyen. Y esos referentes somos nosotros, sus padres.

Artículo ofrecido por Kate Regan, directora de Contenidos Educativos de Lingokids

Continúa leyendo