Educación del niño

El niño es feliz si expresa todas las emociones, no sólo la alegría

Las rabietas son la oportunidad perfecta para sellar un mensaje de cuidado y protección en la memoria implícita de nuestros hijos. Pero, ¿cómo conseguir que expresen todas sus emociones?

Una madre me decía que se sentía culpable cuando después de ausentarse durante poco tiempo, se reencontraba con su hijo de dos años y éste pasaba de estar tranquilo con el abuelo a llorar sin motivo aparente; podemos decir que al ver a su madre se alegró pero también pudo pensar algo así como ¿dónde has estado todo este rato? Aunque la madre se haya despedido de él y le haya dicho “vengo enseguida”, los niños no tienen noción del tiempo y aunque estén bien con la persona que les cuida, no es de extrañar que el encuentro con la madre genere desconcierto y que lo exprese con llanto, enfado o que incluso  no se quiera separar de ella.

Cómo conseguir que el niño exprese todas sus emociones
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Estas rabietas que no se sabe muy bien por qué surgen, todo estaba bien y de repente se pone a llorar, no es necesario entenderlas porque lo importante es atenderlas. Hay quien busca posibles causas para saber qué hacer la próxima vez, para anticiparse y que no le pille desprevenida, pero tengo que daros una buena noticia con respecto a las rabietas para que no intentéis evitarlas, aunque son desagradables y se hacen eternas: son la oportunidad perfecta para sellar un mensaje de cuidado y protección en su memoria implícita.

Precisamente la sensación de calma y sosiego que puedes transmitir durante la rabieta se tatúan en su corazón con una tinta amorosa con capacidad de calmar su ansiedad.

Estos son algunos mensajes que se tatúan en su corazón

  1. Sé que lo estás pasando mal y aunque no sé muy bien qué te pasa, lo importante es que yo me quedo hasta que seas capaz de manejarlo por ti mismo.
  2. Tengo claro que no te estás portando mal, sino que no sabes cómo decirme de una forma diferente lo mal que te sientes.
  3. No tienes que dejar de llorar para que yo no me vaya, no voy a ignorarte mientras te sientas así de mal.
  4. No tienes que tranquilizarte para que juguemos juntos, simplemente cuando estés en condiciones para disfrutar del juego lo haremos.
  5. No tengas prisa por calmarte, el tiempo que necesites es el necesario.
  6. No debes reprimir lo que sientes, llorar conmigo me da la oportunidad de demostrarte que cuando peor te sientes puedes contar conmigo.
  7. Dejar de llorar no es una buena conducta que me ponga contenta, quizás me alivia verte tranquilo, pero sé que llorar te sienta bien.
  8. No voy a premiar que no llores ni sancionar que lo hagas, mi presencia es algo que tienes y no que debes ganarte.
  9. ¡Estoy aquí, no sé muy bien qué hacer, pero estoy aquí!
  10. Cuando lloras aprendemos juntos, yo me entreno para ser sensible ante tu necesidad y tu aprendes a calmarte.

Educar con una mirada amable

Consejos para educar a nuestro hijo de forma más amable
Foto: Istock

Rafa Guerrero en su libro “Educar en el vínculo” (que recomiendo encarecidamente), explica que el apego es un instinto que tenemos los mamíferos y que siempre va de la criatura más débil y dependiente a la más fuerte por eso son nuestros hijos los que se apegan a nosotros y no nosotros a ellos. De ahí la importancia de convertirnos en padres sensibles, con capacidad de gestionar nuestras propias emociones para sintonizar con las necesidades de nuestros hijos y que ellos puedan internalizar que sus padres somos capaces de hacernos cargo de sus emociones, lo que llamamos también corregulación.

En torno a los 8-10 meses se considera que el apego ya está consolidado por eso el llanto de los niños es nuestra gran oportunidad para responder a su necesidad de ser consolados reduciendo así su ansiedad y angustia y que nos asocien con una fuente de calma y seguridad. Si se acercan a nosotros cuando más sed tienen descubren que podemos saciar su malestar dándoles de beber de nuestra agua amorosa. ¿Te sirve este símil?

La rabieta es tu gran oportunidad para decirle ¡estoy aquí, estoy contigo!

En el libro citado, “Educar en el vínculo”, podemos leer como René Spitz trabajó con bebés menores de un año que habían sido abandonados por sus madres y observó que en los orfanatos manifestaban síntomas muy parecidos (llanto, angustia o tristeza) que denominó síndrome de hospitalismo, llegando a la conclusión de que los niños pequeños no solo necesitan alimento e hidratación para sobrevivir, sino que el cariño y el amor humano son fundamentales para poder sobrevivir.

Aquí os dejo la entrevista que le hice a Rafa Guerrero sobre la importancia de educar de forma consciente, creando apegos seguros y siendo sensibles, firmes y afectivos. Y recuerda, el niño es feliz si expresa todas las emociones, no sólo la alegría. 

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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