Trastornos de aprendizaje

“En la actualidad se está haciendo mal diagnóstico del TDAH”

Rafa Guerrero, psicólogo infantil en TDAH y trastornos del aprendizaje, nos ofrece algunas pautas para que las familias sepan detectar cuándo la falta de atención de los niños es normal y cuándo podría deberse a algún trastorno específico.

Después de matricularse en Psicología Clínica en la Universidad Complutense de Madrid, Rafa Guerrero se doctoró en Educación. Hoy en día, además de atender a niños con trastornos del desarrollo en el Centro Darwin Psicólogos, este psicólogo infantil también da charlas y escribe libros con el fin de ayudar a las familias a comprender cómo funciona el cerebro humano y qué pueden hacer por la educación de los peques.

Después de sus éxitos, ‘Educar en el vínculo’ y ‘Educación emocional y apego’ acaba de publicar su tercer libro ‘Cómo estimular el cerebro del niño’, una guía práctico-teórica que, sin duda, ayudará a muchos padres a trabajar con los más peques su desarrollo.

El mismo está centrado en las tareas ejecutivas del cerebro: aquellas que tienen que ver con la inhibición de impulsos, la concentración o la atención. Según él, una persona no tiene un desarrollo ejecutivo básico hasta los 6 años. Pero, ¿qué pasa antes de esta edad? ¿Y después de ella no se pueden seguir trabajando de alguna manera para mejorar? Estas son solo dos de las preguntas que nos ha resuelto en un lenguaje que todos comprenderéis a la primera.

¿Por qué es necesario que los padres entiendan el funcionamiento del cerebro para aprender a educar?

Sin duda, porque saberlo les permitirá ajustar las expectativas: sabrá qué cosas puede exigir a sus hijos y cuáles no en función de su nivel de desarrollo del cerebro. Además, le vendrá bien para diferenciar una situación normal de otra que pueda ser patológica.

El cerebro se desarrolla de las zonas traseras a las delanteras; primero, la parte instintiva o animal y, por último, la corteza prefrontal que es la que se encargar de inhibir determinados impulsos, emociones y pensamientos. Si un padre sabe esto, entenderá que cuando su hijo de dos años se tira al suelo a patalear de rabia, es porque no tiene capacidad de gestionar la emoción que siente de una manera que no sea eso. Así, estos conocimientos permitirán que puedan interpretar de manera más adecuada las conductas de los niños.

¿Algunos trastornos derivados de la falta de concentración se podrían reducir si sabemos cómo funciona el cerebro?

Para responder a esta pregunta primero diferenciaré qué es la causa y qué es la consecuencia. Uno de los trastornos más comunes es el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad): este es un trastorno del neurodesarrollo. Lo que produce es que el cerebro se desarrolle de una manera más lenta y diferente a lo que se ha establecido como normal.

El cerebro se desarrolla de la parte trasera a la delantera, zona donde están las funciones ejecutivas (concentración, control de impulsos, atención,…). Si el TDAH hace que el cerebro se desarrolle más lento, por tanto las funciones ejecutivas que es lo último que desarrollamos, también llegarán más tarde. Explico esto porque este ejemplo deja claro que no es que vayan a disminuir los casos, sino que saberlo explica por qué es necesario trabajar más las funciones ejecutivas con este tipo de niños.

¿A partir de qué edad se detecta el TDAH?

Este trastorno no se debería detectar antes de los 6 o 7 años porque hasta esta edad, el cerebro no tiene un funcionamiento ejecutivo básico. Si el padre o madre observa en el niño dificultad para mantenerse paciente y quito, para concentrarse… debería saber que es bastante normal porque corresponde con el desarrollo evolutivo normal.

Las funciones ejecutivas comienzan a desarrollar a partir de los 3 o 4 años. ¿Antes de esa edad no se podrían trabajar?

Si el progenitor observa una dificultad para concentrarse, puede comenzar a poner en práctica estrategias y recursos para ayudar al niño. Eso sí, siendo consciente de que hasta los seis no podrá detectar si esa falta de atención es normal o no.

Comentas que las funciones ejecutivas se asientan sobre los 6 o 7 años. ¿A partir de esa edad se pueden seguir trabajando?

Conviene explicar el proceso. Las funciones ejecutivas comienzan su desarrollo alrededor de los dos años y a los cuatro, debido a la proliferación de neuronas inhibidoras, los niños ya son capaces de frenar algunos impulsos: es a esta edad cuando tenemos una función muy básica de inhibir impulsos. Esta función se irá desarrollando con el paso del tiempo. A los seis o siete años ya se considera que tenemos un funcionamiento básico que nos permite adaptarnos siempre y cuando exijamos a los niños cosas adaptadas a su edad.

A partir de entonces seguirán desarrollándose hasta, más o menos, los 23 años. No es hasta la segunda década de vida cuando se consolidan y llegamos a nuestro punto máximo de desarrollo cerebral. Incluso entonces, tenemos que seguir trabajándolas sobre todo ahora que vivimos en una sociedad en la que tenemos muchos recursos externos que nos ayudan a acordarnos de las cosas, a orientarnos… visto así, los dispositivos electrónicos van en contra de las funciones ejecutivas.

Teniendo eso en cuenta, ¿los padres deberían tener unas pautas de actuación con respecto a las nuevas tecnologías?

Las nuevas tecnologías nos aportan muchas cosas buenas, pero también tienen sus efectos nocivos si hay un abuso. Por eso, los padres deberían comprender las repercusiones el impacto y las repercusiones que tienen sobre el cerebro en caso de no usarse correctamente.

En el caso del TDAH podríamos considerarlo uno de los problemas de aprendizaje más vinculado a las nuevas tecnologías. ¿Por qué? Porque se viene haciendo uno mal uso de ellas. Estoy seguro que ellas tienen su punto fuerte en ayudar a que la sociedad sea más inmediata e hiperactiva y hacen un flaco favor a todos los niños con TDAH.

Cada vez se detectan más casos de TDAH, ¿por qué han aumentado?

Son varios los motivos que desencadenan esto. En primer lugar, tenemos mucha más información y recursos que hace décadas. Además, las características de la sociedad de hoy han cambiado: vivimos en una sociedad ‘hiperactivada’, con mucha prisa, en un constante mirar al futuro sin disfrutar del momento presente y en la que las nuevas tecnologías también influyen muchos. Ellas implican muchos estímulos y eso hace que nuestros recursos atencionales, que son limitados, se saturen.

Otro motivo que también influye mucho es el cambio que venimos percibiendo en la situación familiar. Hoy en día es muy habitual que los dos progenitores se pasen prácticamente todo el día fuera de casa trabajando y que los niños se queden a cargo de los abuelos o personas externas. Así, los peques, que establecen un vínculo de confianza con sus padres, ven cómo no están nunca en casa y esto hace que se creen lagunas a nivel mental.

A nivel clínico, creo que se están diagnosticando mal los casos de TDAH: hay muchos niños que lo tienen y no están diagnosticados y muchos diagnósticos de este trastorno que en realidad se corresponden con otras patologías.

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