3-4 años

Enseñar a perder

Algunos niños no saben perder cuando juegan: se enfadan, insultan, patalean, dicen que los demás hacen trampas, se retiran del juego...

¿Qué podemos hacer los padres?

Si no corregimos estas actitudes desde el principio, pueden convertirse en un escollo en el desarrollo social de nuestros hijos.

  • Es importante no alabar demasiado al ganador ni humillar o ridiculizar al perdedor. Hay que poner el acento en divertirse.
  • Debemos explicar al niño las consecuencias de su mal perder: antipatía, rechazo y puesta en peligro de la amistad de los otros.
  • Conviene animarle cuando aumente su deportividad, elogiándole por saber perder sin enfadarse.
  • Es bueno hablar con el niño antes de que empiece el juego y prepararle para perder si llega el caso sin tener una rabieta.
  • Cuando veamos con el pequeño algún espectáculo deportivo, por ejemplo en la tele, demos ejemplo desdramatizando, inculcándole que los rivales no son enemigos, que el juego limpio y el pasar el rato es más importante que el empeño en que gane nuestro equipo a toda costa.
  • Pasados los primeros años, seguir considerándose el centro del mundo y querer ser siempre el primero y el mejor es un signo de inmadurez. A los tres o cuatro años, los niños están todavía en esa etapa, por lo que tampoco debemos ser muy estrictos, pero podemos ir enseñándoles poco a poco a aceptar las derrotas.
  • Un niño puede no saber perder por estar sobreprotegido y acostumbrado a salirse siempre con la suya.
  • Ganar unas veces y perder otras es el precio por disfrutar de una actividad compartida, pero el niño que no sabe perder pondrá trabas a esa actividad y se ganará la antipatía de los otros.

 

 

Etiquetas: desarrollo infantil, educación, rabietas

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