Lectura en verano

Es necesario que los niños lean en verano: consejos para que quieran hacerlo

Si los niños leen en verano adquirirán valores y capacidades que durarán toda la vida. Sin embargo, es más complicado de lo que parece conseguir que se enganchen a un libro durante sus vacaciones. Con estos tips lo conseguiréis.

Muchos adultos soñamos con unas vacaciones de relax, con un buen libro frente al mar… Si tú eres uno de ellos, seguro que es porque desde pequeño o pequeña adquiriste un sano hábito de lectura y aprendiste a disfrutar de ella. Y precisamente estas fechas veraniegas son un magnífico momento para hacerles el mismo regalo a nuestros hijos: conseguir que aprendan a amar la lectura, eliminando el halo de ‘obligación escolar’ para convertirla en una compañera divertida, imaginativa y, ¿por qué no?, también educativa.

Los primeros años de vida son fundamentales para introducirles en el desarrollo de esas habilidades lectoras que les acompañarán siempre. Al principio leeremos para ellos, después con ellos, y luego junto a ellos, hasta que lo hagan de manera proactiva, espontánea y por simple placer. De este modo, absorberán sus incontables beneficios: la lectura les ayuda a decodificar sonidos, a desarrollar el razonamiento lógico y a adquirir vocabulario, además de impulsar su imaginación, ayudarles a ponerse en el lugar de otros o vivir aventuras sin moverse de la silla.

Seguro que en sus colegios o centros educativos cuentan también con programas para el fomento de la lectura, pero ahora que tenemos más tiempo y pasamos más horas juntos, podemos convertirnos, más que nunca, en su referente y su guía en este campo.

Qué, cómo y cuándo conseguir que lean

recomendación general es que los niños lean un poco cada día, unos 30 minutos de media puede ser un tiempo razonable, y que vayan cambiando entre distintos tipos de libros según les plazca. Encontrar el momento es más fácil que nunca estos días. Así, si tu hijo es pequeño y le has estado leyendo por la noche en la cama, este es un buen momento para animarle a que empiece a “leer” solo mientras tú terminas alguna tarea. Probablemente, más que leer, simplemente estará mirando y hojeando el libro, pero es una forma de empezar a sentirse cómodo con él. Más o menos hacia los tres años ya tienen sus libros favoritos, y existen títulos como ‘La Pequeña Oruga Glotona’, ‘El Pollo Pepe’ o ‘Elmer el elefante multicolor’ que se han convertido ya en algunos de los nuevos clásicos que casi nunca faltan en su imaginario.

Otra forma de apoyar este hábito es leer nuestro propio libro/periódico/revista junto a ellos, mientras ellos hacen lo propio con su libro favorito. Esto nos permite hablar sobre lo que estamos leyendo y mostrar interés en los materiales de lectura de los demás. Por supuesto, para los padres y madres que tienen más tiempo, leer juntos un libro un poco más complejo merece mucho la pena. No solo aprenderán otro tipo de conceptos, sino que además desarrollarán un mejor vocabulario y descubrirán cómo se pronuncian otras palabras más rápido que si lo hacen solos.

Poco a poco, cuando van creciendo, y si este hábito se desarrolla correctamente, es bueno que tengan independencia para decidir cuál es su momento y el contenido de lectura, ya que de ese modo sentirán más ganas de hacerlo.

Nuevos formatos de lectura

El problema muchas veces es separarles de las pantallas, con las que prácticamente están creciendo. Siempre recomendamos, como dicta el sentido común, la importancia de poner límites. Esta es la razón por la que los padres deberían evitar leer en sus teléfonos móviles (un lector de ebook sí puede ser válido) delante de sus hijos para evitar que los pequeños imiten ese hábito.

En general, no recomendaría que los niños menores de 10 años utilicen tablets para leer. Además de los problemas físicos asociados, como carga ocular o malas posturas, o una dependencia de ellas poco sana, en la mayoría de los centros educativos todavía se usan libros en papel, y podemos provocar una dicotomía poco sana en la que perciban la lectura en tablet como "lo divertido" y la lectura en el libro de toda la vida como "obligación escolar".

Lo mismo sucede con los audiolibros y los podcasts: son un contenido interesante, pero no deben reemplazar la lectura. Con el audio los niños pueden aprender palabras que no conocen, lo que ayuda a su alfabetización, además de potenciar su pensamiento imaginativo. Sin embargo, no lo recomendaría como fuente única de “lectura”, pues aunque aprenderán a pronunciar y construir vocabulario, perderán la capacidad de identificar palabras y detectar la buena ortografía.

Una idea para hacerles más atractiva la lectura puede ser acompañarla con objetos o disfraces. Por ejemplo, representando teatralmente juntos alguna de sus historias favoritas, leyendo novelas de las que hayamos visto la película o buscando libros de no ficción (sobre naturaleza, ciencia, arte…) que luego nos permitan llevar a la práctica lo leído. Cualquier tema es bueno siempre que sea contenido apropiado para su edad.

El objetivo es lograr que nuestros hijos vean la lectura como una diversión en su tiempo libre. Busquemos qué tema les encanta y, ¿por qué no?, dediquemos también algún día de las vacaciones a recorrer librerías y bibliotecas, en nuestra ciudad natal o dondequiera que nos encontremos. Todo vale si la lectura es buena.

 

Kate Regan, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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