Potencia su creatividad

Escuelas de pintura para niños, ¿por qué se han puesto de moda?

Después de leer esta reflexión llena de argumentos que ensalzan el impacto de esta disciplina artística en los niños vas a entender rápidamente el por qué de su crecimiento.

Niña pintando (Foto: iStock)
Niña pintando (Foto: iStock)

Igual que en los años 90 y a comienzos de los dosmil las artes marcialesse convirtieron en la actividad extraescolar de moda para los niños, actualmente hay algunas que bien podrían heredar dicha condición. Aunque existe una mayor diversificación, la pintura tendría muchas papeletas para serlo. Al menos si atendemos a la cantidad de escuelas de esta modalidad artística que se han abierto en los últimos años a pie de calle.

De entrada, aclaramos que es una gran noticia que se desarrollan alternativas a las actividades clásicas para los más pequeños, ya sea pintura, robótica, cine, ajedrez, taekwondo o hockey patines. Cuantas más opciones tengan a su alcance los niños, más experimentarán, mejor se conocerán a sí mismos y, en consecuencia, tendrán muchas más oportunidad de encontrar su vocación o al menos un hobby cuya práctica les haga felices. 

En el caso de las escuelas de pintura para niños, un motivo de peso por el cual han crecido recientemente es porque, por fin, se empieza a valorar el estudio de las artes plásticas y visuales al nivel de cualquier título universitario. Prueba de ello es el denominado Bachillerato de Artes, todavía de reciente implantación en España, pero que cada vez está asentado en la oferta de más centros educativos de formación secundaria. 

Beneficios de su práctica

Además, la pintura, como cualquier otra disciplina artística, ofrece innumerables beneficios a los niños que reciben clases específicas. Y es que la pintura potencia facultades tan dispares como la comprensión y comunicación visual no verbal, el refuerzo del autoestima y de creer en uno mismo, la capacidad de observación y de curiosidad por el mundo que les rodea, o el conocimiento de uno mismo a través de la búsqueda dentro de su propio yo.

Por supuesto, estos beneficios se unen a los que todo el mundo da por hecho cuando se habla de artes plásticas: el desarrollo de la creatividad, de la expresividad, de la percepción del color y del espacio, o la ampliación del bagaje cultural que supone formarse en cualquiera de sus disciplinas, entre otros. Además, la pintura en concreto es una puerta para que los más pequeños puedan experimentar primero y aprender después el manejo de distintos materiales y técnicas pictóricas -dibujo, color, collage, trabajo con volúmenes como la arcilla sin horno, etc.-.

La edad perfecta para empezar

Por descontado -cualquiera que tenga hijos pequeños lo sabe-, la pintura es una disciplina que les motiva desde edades muy tempranas, y esto es una ventaja añadida que no tienen otras actividades extraescolares desconocidas a priori para ellos. Con la pintura, aunque no hayan ido todavía a una clase en una escuela especializada, la parte motivacional, fundamental para que lo disfruten y tenga mayor impacto en su aprendizaje, la tienen cubierta de antemano la mayoría de los niños. 

Esto explica que la inmensa mayoría de las escuelas especializadas en pintura que forman a niños acepten peques a partir de los 4 años. No siempre es así, pero una dinámica habitual en las academias consultadas por Ser Padres es que dividan los grupos en tramos de edades distintas: de cuatro a siete años, desde esta edad a los doce, y a partir de este año. 

No es de extrañar por lo tanto, si uno se para a pensarlo, que las escuelas infantiles de pintura, que suelen admitir alumnos a partir de los 4 años, hayan proliferado tanto en la década que acaba de concluir. 

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