Desarrollo del niño

¿Está el niño durmiendo lo suficiente?

Prestar especial atención a algunas de las principales señales del déficit de sueño se convierte en la mejor opción a la hora de descubrir si nuestro hijo/a está o no durmiendo lo suficiente. Y, en caso de ser así, es igualmente importante conocer algunas estrategias útiles a la hora de establecer una buena rutina de sueño nocturno.

Tanto los recién nacidos como los bebés se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo. En el caso de los recién nacidos, por ejemplo, tienden a dormir la mayor parte del día, principalmente porque no posee mucho patrón en su horario de sueño, de forma que, de cada 24 horas, entre 16 a 18 horas -aproximadamente- se las pasa durmiendo. Es más, es posible que el pequeño únicamente esté despierto durante 30 a 60 minutos a la vez, y luego tomará una siesta de entre 15 minutos a 3 horas seguidas.

Por lo general, esto suele ser así hasta que el bebé alcanza los 4 meses de edad. A partir de entonces, las siestas suelen ser de entre 4 a 5 horas repartidas en 2-3 siestas, mientras que el sueño nocturno puede llegar a alcanzar las 10 horas de media. ¿En total? Entre 12 a 16 horas, lo que significa que las horas totales de sueño se han visto reducidas entre 2 a 3 de media.

Esta cantidad de horas de sueño se mantiene aproximadamente hasta los 2 años de edad, cuando las siestas se reducen a 2 diarias (de entre 2 a 3 horas), y el sueño nocturno alcanza las 11 horas. Nuevamente, al cumplir los 3 años -concretamente, entre los 3 a los 5 años de edad), las horas de siesta disminuyen hasta ser incluso menores a 1 hora, y el sueño nocturno aumenta hasta las 10-13 horas de media. 

De hecho, a la edad de 5 años lo más común es que las siestas generalmente hayan desaparecido, aunque esto no impide que, en algún momento en el que el niño/a se encuentre muy cansado después de un día agotador en la escuela, necesite descansar y dormir un poco por la tarde.

Si bien es cierto que todas estas cifras son estimaciones aproximadas de la realidad, no significa necesariamente que nuestro hijo/a deba cumplirlas a rajatabla. Es más, lo habitual es que el sueño del bebé y del niño varíe de uno a otro, por lo que algunos pequeños precisarán dormir más, y otros menos. 

No obstante, a medida que el niño crece y supera los 5 años de edad, es posible que en algún momento determinado nos preguntemos acerca de si está durmiendo lo suficiente, especialmente cuando ya se encuentran en plena edad escolar, donde el sueño puede -en ocasiones- ser tan complicado de conseguir como lo es para los adultos más ocupados. La propia escuela, las actividades después de esta, la tarea y el tiempo de juego en casa con la familia y / o con los amigos pueden acabar haciendo que el pequeño llegue a la noche tremendamente cansado. Y, en algunas ocasiones, ese cansancio influye negativamente en las posibilidades de conciliar el sueño

Se estima que los niños en etapa escolar (entre los 6 a 12 años de edad) necesitan entre 9 a 12 horas de sueño, por lo que una opción excelente es la de establecer rutinas adecuadas de sueño, prestando especial atención a cuáles podrían ser los signos o síntomas de fatiga en los más pequeños. Por otro lado, los niños con edades comprendidas entre los 13 a los 18 años de edad, ya pasada la etapa escolar, precisarán dormir entre 8 a 10 horas, aproximadamente.

Cuáles son los principales síntomas de fatiga y privación del sueño en el niño

Es fundamental que los niños en etapa escolar descansen lo suficiente. Y es que es esencial para su propia salud. Por ejemplo, se ha demostrado que la falta de sueño en los niños se ha asociado con diferentes problemas de salud, que van desde problemas cognitivos a cambios en el humor, pasando también por sobrepeso y obesidad. También puede afectar negativamente a sus defensas, al reducir la capacidad de su sistema inmunitario a la hora de combatir las infecciones.

Si tenemos en cuenta que los niños, cuando se encuentran en el colegio, suelen estar constantemente expuestos a una amplísima diversidad de enfermedades contagiosas, como podría ser el caso de un simple resfriado común, es más probable que se enfermen más fácilmente si sus defensas se encuentran disminuidas a consecuencia de la falta de sueño.

Por este motivo, sobre todo si te preguntas si tu hijo/a está durmiendo o no el tiempo suficiente, es esencial prestar atención a qué síntomas, signos o señales podrían ayudarnos a descubrir si verdaderamente está descansando o no. Posiblemente el pequeño no esté haciendo si:

  • Por lo general presenta un comportamiento la mayor parte del tiempo irritable.
  • Presenta problemas para despertarse por la mañana, antes de desayunar e ir a la escuela.
  • Es hiperactivo.
  • Siempre suele estar de mal humor.
  • Tiene dificultad para concentrarse con normalidad cuando se encuentra en el colegio, o cuando va a realizar la tarea en casa.
  • Presenta problemas para mantenerse despierto a lo largo del día.

Si observamos alguna de estas señales en nuestro hijo, es conveniente intentar establecer unos hábitos de sueño saludables y unas buenas rutinas de sueño nocturno, para ayudarlo a descansar lo suficiente. 

Estableciendo buenas rutinas de sueño nocturno

Cuando se trata de niños, una buena rutina a la hora de acostarse se convierte en la clave del éxito para acostarse, conciliar mejor el sueño y descansar adecuadamente. De hecho, como manifiestan muchos estudios, cuanto más pequeño sea el niño cuando comencemos a establecer esta rutina muchísimo mejor. Para ayudarte, a continuación, te ofrecemos algunos consejos útiles que te serán de utilidad:

  1. Organización. Antes de irnos a la cama con el niño es esencial que la habitación se encuentre adecuadamente organizada y limpia. Podemos hacer del acto de guardar y ordenar sus propias cosas como una opción útil para que se prepare inconscientemente para la tranquilidad.
  2. Baño tibio y cepillado de los dientes. Un baño o una ducha caliente es una opción excelente para que el niño se relaje. Si, además, lo unimos al cepillado de los dientes como rutina nocturna, se convertirán en las mejores señales para indicarle al pequeño que es la hora de acostarse y de irse a la cama.
  3. Leer un cuento. Adoro estos momentos, porque se convierte en un rato de paz y tranquilidad en los que nos zambullimos con el pequeño en historias mágicas y únicas. ¿Lo ideal? Que el libro -o el cuento- sea apto para niños en edad escolar.
  4. Apagar las luces y reproducir algo de música suave. Puedes sustituir la luz artificial de la habitación por una luz nocturna más suave. Además, reproducir un poco de música suave será de enorme utilidad para que el niño se sienta relajado y con sueño.
  5. Repasa lo que ha hecho en el día. Pasar ese rato con el niño/a cada noche se convierte en una opción única para mantenernos conectados. Podemos preguntarle qué ha hecho en la escuela, y explicarle también brevemente qué hemos hecho nosotros.
  6. Su peluche favorito. Muchos niños/as tienen un peluche favorito con el que suelen pasar la mayor parte del día cuando están en casa. Independientemente de la edad que tengan, puedes optar por acostarlo con él, lo que le proporcionará todavía más calma y tranquilidad.

Como vemos, mantener una buena rutina a la hora de acostarse es fundamental. No solo se convierte en una forma maravillosa de ayudar a nuestro hijo a relajarse, calmarse y tener sueño, sino que también es una oportunidad única para mantenernos conectados con él / ella.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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