El gran dilema

Habitaciones separadas o compartir la misma: ventajas y desventajas

Si tenéis la oportunidad de mantener este debate porque vuestra casa os permite elegir entre ambas opciones, os ayudamos a hacer una lista de pros y contras tanto a corto como medio plazo para tomar la decisión que creáis más conveniente para vuestros hijos.

Niñas jugando en la habitación
Niñas jugando en la habitación (Foto: depositphotos)

El ser humano tiene tendencia, en general, a mirar más la parte negativa de las cosas a la hora de valorar pros y contras, pero hay debates que solo por el hecho de poder plantearse en un hogar ya son en sí una enorme noticia. Es el caso, por ejemplo, de discutir si sería mejor que vuestros hijos compartan habitación. Si tenéis esta conversación significa que vais a ser -o acabáis de serlo- padres por segunda vez, y eso ya es un motivo de alegría sin igual. Además, significa que tenéis la posibilidad de elegir, y eso quiere decir que vuestra casa es lo suficientemente amplia para ello, otra buena noticia que a veces olvidamos valorar en su verdadera dimensión.

Si pensáis en ambas cosas, cuando os sentéis en el sofá a debatir, lo haréis felices, y eso ayudará a que la conversación sea mucho más constructiva. Por nuestra parte, vamos a poner nuestro granito de arena con lo que, a nuestro juicio, son las ventajas y desventajas de compartir habitación. 

Dos hermanos, una habitación

Lo fundamental en este caso es valorar qué puede fomentar en los peques, tanto de forma individual como en su relación, pero no hay que olvidar que también tiene algunas consecuencias la decisión en el día a día de los adultos de la casa, como es el hecho de disponer de una habitación libre en caso de que la decisión sea que compartan habitación. La que no se utilice para dormir, se podría utilizar, por ejemplo, como pequeño despacho, sala de lectura y del ordenador o incluso como vestidor, por citar tres ejemplos, aunque es muy probable que acabéis dándole un cuarto uso: el de sala de juegos. Porque es lo que tiene ser padres, que ya no tendréis ojos para otra cosa que no sean vuestros hijos. 

Dicho esto, es en la relación de vuestros hijos donde más puede incidir en positivo que compartan habitación porque su vínculo se verá potenciado al compartir un espacio común. Su habitación se convertiría en un territorio de ambos, y los dos compartirán en ella confidencias y juego, de modo que lo habitual es que su relación se vea reforzada por ello aunque, como es lógico, se puedan dar situaciones de conflicto puntuales con algo más de asiduidad. Esto último, de hecho, es una desventaja en origen que puede acabar convirtiéndose en una ventaja si se saben gestionar bien las situaciones, porque los conflictos son oportunidades para potenciar valores de la personalidad como la solidaridad, la empatía o la generosidad, entre otros. 

Además, al compartir habitación, los celos suelen disminuir también porque entienden que su punto de partido es igualitario, y por otro lado, también es una decisión la de que compartan habitación que suele repercutir de forma positiva en su rutina de horarios, porque es fundamental que ambos se vayan a la cama a la vez, con independencia de la edad. De hecho, dormir acompañado es algo que a los niños les aporta seguridad, de manera que a la mayoría les acaba gustando rápidamente apagar la luz al mismo tiempo.

Independencia ante todo

Habitación infantil
Habitación infantil (Foto: depositphotos)

En el otro lado de la balanza también hay desventajas que hacen las veces de contrapeso. Es más, casi todas las ventajas mencionadas tienen su cruz particular. Por ejemplo, esas noches en las que, por el motivo que sea, tengan que dormir solos, es probable que el sentimiento de dependencia generado hacia su hermano para dormir haga que no pase una buena noche el menor que tenga que dormir solo. Afortunadamente, en la infancia se dan pocas ocasiones en las que esto sucede, por lo que no es un inconveniente tan a tener en cuenta como otros. 

Entre estos está el posible déficit de autonomía en comparación con los menores que duermen solos porque las responsabilidades se difuminan más en el caso de compartir habitación -importante la labor de los padres para que los dos tengan las suyas-, y las posibles alteraciones del sueño que se pueden generar mutuamente, sobre todo en edades tempranas, que es cuando se despiertan más los niños. Aunque se acostumbran a la compañía rápidamente, es bueno que hagan la misma rutina desde el comienzo de la noche -salvo que la diferencia de edad sea muy amplia- y es necesario que estéis encima si uno de los dos está afectando demasiado la calidad del sueño del otro con sus despertares nocturnos y sus ruidos. Por este motivo es recomendable que no compartan espacio hasta que el hermano pequeño no cumpla por lo menos un año. 

¿Qué ocurre con la intimidad?

En principio, hasta aquí no son desventajas que se puedan trabajar para limitar e incluso para que desaparezcan por completo si se dan. La cosa cambia un poco a medida que crecen los hermanos y se acercan a la temida adolescencia. En este caso, la autonomía que reclaman es mucho mayor y además es conveniente que la tengan, algo que no siempre es compatible con compartir habitación, ya que no dispone de ese espacio propio en el que sentir que sus padres sí le dan el espacio que pide para su intimidad.

En ambos casos, sea cual sea la decisión que toméis como padres, es importante vuestro trabajo como guías en la convivencia de vuestros hijos y también como observadores permanentes en la distancia. De esta forma podréis ajustar cualquier detalle que no esté funcionando bien e incluso podréis tomar la decisión de cambiar de elección, siempre y cuando os lo podáis permitir, en caso de que no haya resultado positiva para vuestros hijos la que hayáis tomado en primera instancia. 

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