Respuestas a preguntas comprometidas

Hablar de sexo con nuestro hijo (cuando él nos pregunta)

La curiosidad con que los niños se enfrentan al sexo es el mejor aliado para hablar con ellos sobre el tema y sentar las bases para una conducta sana en el futuro.

Hablar de sexo con nuestro hijo (cuando él nos pregunta)

Los expertos se quejan de que a menudo los padres delegan la educación sexual en los maestros, sin comprender que los niños demandan algo más que datos fisiológicos. Hay decenas de manuales que explican qué hay que decirles, pero lo importante es que les transmitamos, además de datos, ejemplos para que construyan su conducta afectiva.

Y esa enseñanza no se reduce al momento de la conversación, sino que se ofrece a diario, en cada actitud. Unos niños que no ven gestos de afecto entre sus padres tendrán más problemas para relacionar los conceptos de amor y sexo, aunque esos padres les hablen durante horas del cariño y el respeto en el sexo.

¿Cuándo empezar?

Eso depende de cada niño, aunque hay etapas en las que la curiosidad generará dudas que hay que resolver.

  • Alrededor de los dos años, los niños entran en la fase de reconocer su propia imagen y se hacen asiduos a los espejos, tanto vestidos como desnudos.
  • En general, es en torno a los tres o cuatro años cuando comienzan a preguntar sobre el tema y a los cinco ya lo hacen sin piedad.
  • También les surgen dudas ante un embarazo cercano.

Demorar la satisfacción de esas dudas, revestirlas de gravedad o salir del paso con mentiras solo sirve para enrarecer la relación del niño con la sexualidad.

El peor error que podemos cometer con los niños es defraudar su confianza. Nos preguntan a nosotros no solo por nuestra condición de adultos, sino porque somos «sus» adultos, los responsables de su bienestar y seguridad. También de su educación.

Por eso, hay que evitar:

  • Mentirles ante una pregunta incómoda, inventar atajos para eludir aspectos que a nosotros nos pueden parecer espinosos o huir hacia adelante declarando que aún son muy pequeños para entenderlo. Únicamente minará nuestra valía como fuente de información. Y los niños nunca olvidan.
  • Revestir todo lo relacionado con el sexo de un halo de misterio pecaminoso, del mismo modo que tampoco hay que buscar las típicas respuestas de repollos y cigüeñas. Y es que algunos niños se conforman con saber que vinieron al mundo «porque papá y mamá se querían mucho», pero otros no.
  • Si nos pillan haciendo el amor, no hay que separarse bruscamente, como si lo que se estaba haciendo fuera algo malo, ni gritarle al niño para ahuyentarlo del dormitorio. Lo mejor es actuar con naturalidad y responder a sus preguntas con explicaciones que pueda entender y sin rodear el momento de dramatismo.

Hay que procurar:

  • Responder sobre demanda, es decir cuando el niño pregunte y a lo que pregunte.
  • No atiborrarle con datos y precisiones técnicas excesivas o que ni siquiera se ha planteado. No se trata de estudiar textos y a la primera pregunta exponerlo todo como si estuviéramos superando un examen, pero hay que comprender qué es lo que el niño quiere saber y responder a eso del modo más sincero posible.
  • Si preguntan algo que no sabemos, es mejor admitirlo delante de ellos, informarnos y luego responderles.
  • Que no perciba el tema sexual como un tabú, o como algo que separa a hombres de mujeres. El respeto al otro género se enseña en casa.

¿Y cuando aparece el pudor?

A los cinco o seis años, los niños pasan de vivir la desnudez con naturalidad a esconderla, incluso de los padres que hasta hace poco les bañaban. Ahora el niño tiene conciencia de que la gente no va desnuda por la calle y es por algo. Sabe que sus genitales no solo sirven para expulsar la orina, aunque cualquier otro uso le queda todavía muy lejos. Esas contradicciones le llevan a «esconder» lo que antes mostraba con naturalidad.

¿Qué debemos hacer?

  • No preocuparnos; debemos acompañar al niño en esta etapa y respetar su intimidad.
  • No debemos forzarle a cambiar de actitud, ni insistir imponiéndole nuestra desnudez de adultos.
  • Es el momento de enseñarle el respeto por su propio cuerpo, que nadie puede tocar ni mirar sin su autorización. De ese modo, además de ayudarle a prevenir abusos, fortalecemos una personalidad que se afianza día a día.
  • Si les sorprendemos jugando a médicos, no debemos escandalizarnos ni asustarles, aunque tampoco es conveniente fomentar esos juegos que ellos buscan para comparar información.


Asesoras: Isabel García Mellado, psicóloga, y Lucila Andrés, consejera delegada del Grupo Luria

Etiquetas: cómo educar hijos

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS