Educación y crianza

Haces un flaco favor a tus hijos diciendo alguna de estas frases tan normalizadas

Aunque parezca mentira, los padres tenemos muy interiorizadas frases que, lejos de ser beneficiosas para el desarrollo de nuestra infancia, pueden constituir un problema de cara a su correcto desarrollo.

rabietas
Fuente: Istock

Sabemos que la tarea de educar es ardua complicada, pero tenemos que decir que no imposible. Ya hemos hablado de cómo el apego con nuestros hijos solo podemos conseguirlo si antes lo hemos establecido con nuestros padres, sobre cuáles son los mejores tips para manejar rabietas sin caer en agobios, sobre qué deberemos hacer si queremos niños emocionalmente sanos y, por supuesto, sobre cuáles son los beneficios de escuchar, jugar y ponerse en el lugar de nuestros hijos.

Pero, ¿quién no ha perdido la paciencia alguna vez? Perderla es sinónimo de que estamos vivos, de que sentimos y somos seres humanos. El quiz de la cuestión llega cuando tenemos que enfrentarnos a la manera de lidiar con el momento de perder los nervios; porque todos sabemos que no es lo mismo parar a coger aire 10 segundos y responder, que ser impulsivo.

Y, lamentablemente, el día a día nos demuestra que con los niños tendemos más a hacer lo segundo que lo primero. Pero, ¿sabías que perder los nervios con ello y espetar según qué frases y exclamaciones, podría interferir en su correcto desarrollo?

Y es que, teniendo en cuenta las palabras de los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger, en su libro ‘Niños sin etiquetas’, “asumimos como normales dentro de la educación los castigos, el uso del miedo como herramienta, el obligar a los niños a comer, a ignorar sus necesidades emocionales… ” ¿Crees que tú no entras dentro de ese tipo de padres? Te demostramos que sí.

¿Qué pasa si estas frases se las dijeras a un adulto?

El pasado verano, el dietista-nutricionista Julio Basulto estuvo un día en la playa y recopiló en su cuenta de Twitter alguna de las frases que algunos padres habían gritado (sí, gritado) a sus hijos mientras estaban tranquilamente pasando un día de playa. Estas frases, entonces, causaron un gran revuelo en la red social porque muchos padres las veían como normales cuando, en realidad, no lo son.

Basulto, además, aclaraba cada una de ellas añadiendo la forma de violencia a la que estaríamos atendiendo en caso de decírselas a nuestros hijos. Las expresiones que el nutricionista escuchó aquél día de playa y que están tan normalizadas son estas:

  • Mírame a la cara cuando te hablo: sería autoritarismo
  • Escúchame bien lo que te voy a decir: intimidación
  • Pobre de ti si no me haces caso: amenaza
  • Eres muy torpe: insulto
  • Mira que te lo tengo dicho: hostilidad
  • No te atrevas a llevarme la contraria: agresividad
  • ¿Eres tonto o qué? Prepotencia
  • Deja de hacer el ridículo: endiosamiento
  • Me tienes muy harto: desprecio
  • Pídeme perdón o ya verás: violencia

Más allá del trasfondo de estas expresiones, que muchas veces no llevan ninguna intención de maldad o maltrato, se encuentra una reflexión necesaria: ¿nos estamos comunicando bien con la infancia? De acuerdo a Soler, “muchas veces somos capaces de identificar algunas acciones negativas que pueden formar parte de un maltrato a la infancia, pero no somos conscientes del efecto que pueden tener ciertas palabras, acciones o amenazas”.

Así, el psicólogo propone un ejercicio muy sencillo: darle la vuelta a estas frases hechas y pensar que esos gritos los estuviera recibiendo una mujer. “Entonces nos daremos cuenta de que algo no funciona; de que es una forma de comunicación amenazante y carente de amabilidad”.

“Sería interesante que esa sensibilidad que desarrollamos con la violencia hacia las mujeres, la pudiéramos desarrollar también con la violencia a la infancia”, concluye Soler.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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