Hijos bilingües

¿Hijos bilingües? Sí, pero no a cualquier precio

Son muchos los padres que desean que sus hijos dominen el inglés, por eso, es muy frecuente la iniciación temprana en este idioma, pero son necesarias algunas consideraciones y precauciones antes y no abrumar a nuestros hijos.

Es muy frecuente entre los padres el deseo de que sus hijos puedan tener o hacer aquello que ellos no pudieron. Por ese motivo, por ejemplo, muchos de los nacidos entre los años 70 y 80 fueron a la universidad: para sus padres, que no habían tenido acceso a estudios universitarios, era algo prioritario. 

Esa misma generación es la que hoy en día tiene hijos pequeños, y ¿cuál es la espinita que tiene clavada una gran mayoría de los padres de hoy? No haber sido capaces de aprender inglés adecuadamente. Para muchos, el inglés es como esa línea de meta que podemos ver, allí a lo lejos, pero nuestros pies parecen de plomo y no conseguimos acercarnos lo suficiente para cruzarla.

Según el último Índice de EF Education First, que evalúa el dominio de este idioma en 1,3 millones de adultos de 88 países y regiones no angloparlantes, a los españoles todavía les queda mucho para alcanzar un nivel de competencia óptimo: apenas sacan un aprobado, un 55,85%, frente al 70,72% de Suecia o el 70,31% de los Países Bajos, que lideran la clasificación.

Lo cierto es que el inglés es una asignatura pendiente para muchos españoles. Durante décadas, su enseñanza en colegios e institutos se impartió siguiendo una metodología poco eficaz, basada casi en su totalidad en gramática y escritura, pero con poca práctica de oído y conversación, destrezas imprescindibles para llegar a dominar un idioma.

El resultado es que muchas personas poseen un nivel medio-alto en lectura y escritura, pero siguen teniendo un oído ‘cojo’, y cuando escuchan hablar inglés, algo en su cabeza se cierra y no son capaces de interpretar los sonidos para convertirlos en un contenido inteligible, lo que les produce una cierta frustración.

Y esa sensación es la que aflora en muchos padres hasta convertirse casi en una obsesión: “Yo no he sido capaz de controlar en inglés, pero a ti no te va a pasar lo mismo”, piensan. Incluso, según un estudio de Lingokids basado en una encuesta a 500 familias de toda España con niños entre 2 y 8 años, el 94% de los padres consideró que la asignatura de Inglés es la más relevante para el futuro de sus hijos, por encima de otras como la Informática o las Matemáticas, y a años luz de las Ciencias Naturales y Sociales.

Por ello les llevan a colegios bilingües, a clases extraescolares, a campamentos de verano en inglés, contratan a un nativo para que vaya a casa… Que aprendan inglés desde pequeños, y lo aprendan bien, es su prioridad, para que sean bilingües el día de mañana y puedan acceder a todas las oportunidades que les ofrezca el mercado laboral.

Por supuesto, se trata de una sabia decisión. Los expertos aseguran que en la etapa de cero a cuatro años es cuando se desarrollan las conexiones neuronales del cerebro, cuando los niños absorben todo tipo de conocimientos sin esfuerzo alguno, de forma rápida y consolidada. En lo relativo al lenguaje, aprenden al mismo tiempo los conceptos, su pronunciación y su significado, a lo que más adelante añaden las estructuras gramaticales, y sin darse cuenta dominan su idioma materno. Del mismo modo, cuanto antes se expone a los niños al conocimiento de un segundo idioma, más sencillo es para ellos aprenderlo de la misma forma innata, sin esfuerzo y con mejores resultados.

Sin embargo, en nuestra obsesión por convertir a nuestros hijos en bilingües tal vez estemos abrumándoles con demasiadas horas de estudio. La carga lectiva del horario escolar ya es notable para ellos desde bien pequeños, ¿realmente es conveniente aumentársela con clases extraescolares de inglés?

La tecnología como aliado

Afortunadamente, gracias a la tecnología y las aplicaciones móviles, existen alternativas interesantes a tener en cuenta que pueden resultar más ligeras y apetecibles para los niños. En primer lugar, porque se fundamentan en el uso de un dispositivo electrónico, y eso para ellos ya representa un claro estímulo. En segundo lugar, porque pueden utilizarse desde casa, aliviando así sus horas de ocupación (y también la logística familiar de idas y venidas a la academia). Y por último, porque parten de metodologías innovadoras basadas en el juego, que permiten a los más pequeños aprender mientras se divierten, con contenidos atractivos e interactivos que despiertan su curiosidad y retienen su atención.

Aprender inglés desde el sofá del salón, con una tablet, mientras ven dibujos animados, vídeos de canciones pegadizas y juegos que requieren su participación resulta mucho más eficaz que una clase teórica con métodos tradicionales, pues se convierte en una experiencia lúdica e integradora que hace que el menor se sienta parte del proceso, lo que representa un estímulo adicional al aprendizaje. Y además, los padres pueden comprobar su evolución y, por qué no, tal vez los menos iniciados aprovechar para compartir con ellos esos conocimientos.

A los pequeños les encanta utilizar la tablet o el smartphone, y los expertos aseguran que, respetando unos tiempos de exposición que no superen los 30 minutos en niños de 2 a 5 años, y los 60 minutos en niños de 6 a 12 años, ese uso puede ser positivo. Eso sí, siempre y cuando se oriente hacia contenidos de calidad, diseñados específicamente para ellos y que garanticen los máximos estándares de seguridad.

Desde nuestra compañía creemos que, si elegimos los contenidos adecuados, un tiempo de 15 a 20 minutos diarios es suficiente para que un niño de 2 a 8 años pueda aprender inglés sin esfuerzo, sin agobios y con óptimos resultados. Porque el bilingüismo es nuestra meta, pero el camino para alcanzarla no tiene por qué ser el más escarpado.

Artículo ofrecido por Meredith Chasney, Gerente de Contenidos Educativos de Lingokids 

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