Conviene estar atentos

Juego simbólico en niños, ¿a qué se puede deber su ausencia?

Esta habilidad se empieza a desarrollar durante el segundo año de vida y a los cuatro ya lo ha hecho por completo y que no sea así puede indicar que algo no va bien en el desarrollo del menor.

Foto: Pexels
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Este verano, en una entrevista en el programa Saber Vivir, la cómica Raquel Sastre, cuya hija Emma está diagnosticada con el síndrome de Pheland-McDermid, que provoca trastornos del espectro del autismo (TEA), hipotonía y discapacidad intelectual, entre otras consecuencias, avisó a los padres de niños pequeños que uno de los síntomas de que algo puede no ir bien es la ausencia de juego simbólico.

Desde entonces, las palabras de la humorista, cuya pareja es el pediatra José Ramón Fernández, neonatólogo del hospital Santa Lucía de Cartagena, así que sabe bien de lo que habla por experiencia propio y por amplio conocimiento profesional en la familia, pensé en dedicarle una pieza a esta cuestión, idea que se plasma finalmente en esta pieza sobre el juego simbólico y lo que puede significar su ausencia en una etapa de la niñez donde debería ser parte del día a día de los peques al jugar. 

El juego simbólico tiene una importancia sobresaliente en la educación durante el ciclo de infantil no porque los profes quieran enseñar a los peques a cocinar o jugar a los médicos, por citar dos ejemplos, sino porque es un desarrollo que les permite tener la capacidad de expresar dos representaciones simultáneas, la real y la ficticia, en la que muestran una identidad inventada, algo impensable hasta ese momento. 

Esta habilidad se desarrolla en el segundo año de vida de los niños y alrededor de los cuatro años el desarrollo es completo, pero hay excepciones, y la mayoría de ellas indican que hay una patología detrás que impide dicho desarrollo.

Asperger o autismo, dos causas probables

Dos son las causas más probables de que la ausencia de juego simbólico en un niño que, por edad, ya debería tener desarrollada esta capacidad: el síndrome de Asperger o el trastorno del espectro autista (TEA).

El primero, que es un trastorno del desarrollo incluido dentro del espectro autista, afecta a la interacción social y la comunicación tanto verbal como no verbal, entre otras consecuencias. Los niños que lo sufren generalmente no pueden desarrollar la habilidad para el juego simbólico hasta que no cumplen los nueve años de edad, pudiendo alargarse incluso hasta los 14 años. 

El trastorno del espectro autista (TEA), por su parte, es una afección neurológica que se desarrolla a lo largo de toda la vida desde la niñez y afecta a quien lo sufre en aspectos como la forma de relacionarse, la interacción y la comunicación. Tal y como explican desde Infanity,  empresa especializada en material especializado para guarderías y colegios, “Sabemos que la falta de juego simbólico en los niños con autismo es parte de la triada de las alteraciones sociales asociadas a los trastornos del espectro autista, pues algunos no se interesan por lo que es un juguete o por lo que representa, sólo se fijan en los rasgos físicos o en el detalle, y es así que en ocasiones muestran un desorden sensorial y de conductas estereotipadas que hacen que el juego pierda su propósito”. 

Dependiendo del grado de afectación del niño, el juego simbólico aparecerá o no en él, si bien también hay otros factores que influyen en ello, como por ejemplo “el tiempo utilizado con el niño para enseñarle a jugar y ampliar su acción lúdica”, añade desde Infanity. “El adulto debe establecer una buena base de interacción y después será más sencillo lograr que el niño nos imite y a partir de ahí, ir avanzando y dedicando una especial atención a establecer las premisas básicas de imitación para conseguir que estas acciones aprendidas se transformen en lúdicas e imaginarias“, concluye.

En cualquier caso, tal y como avisaba la cómica Raquel Sastre en la entrevista en la citada entrevista al comienzo de esta pieza -recuerda que es madre de una niña con síndrome de Pheland-McDermid y pareja del pediatra José Ramón Fernández, que además es muy activo en redes sociales como Twitter, si detectas la ausencia de juego simbólico en tu hijo a partir de la edad en la que debería empezar a existir -por ejemplo, si coge una muñeca y no intenta darle de comer, sentarla, etcétera-, “hay que ir a neuropediatría o atención temprana” lo antes posible para anticipar todo lo posible el diagnóstico en caso de que algo no vaya bien o, en el mejor de los casos, poder descartar que la ausencia de juego simbólico se deba a un problema de salud como los descritos.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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