Entrevista a Julia Donaldson

Julia Donaldson, autora de ‘El Grúfalo’: “No me gustan los libros que intentan adoctrinar a los niños”

El Grúfalo la ha convertido en una estrella de la literatura infantil, conocida en todo el mundo. Hoy hablamos con Julia Donaldson, escritora, actriz y activista de la lectura para niños.

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Las historias de Julia Donaldson conectan con facilidad con su público gracias a sus entrañables personajes, sus ingeniosos finales y una forma de narrar muy musical: las rimas y la cuidada estructura de sus textos producen sorpresa en una primera lectura y promueven la anticipación y la memorización en las siguientes.

Este toque tan melodioso de obras como El Grúfalo, La hija del Grúfalo, o El gigante más elegante (publicadas las tres por Bruño) y de otras como El Dragón Zog (McMillan) o Lo que escuchó la mariquita (Ediciones Fortuna) no es casual: su primer libro, A Squash and a Squeeze, que publicó en 1993, con 45 años cumplidos, fue, antes que un libro, una canción, ya que su primer trabajo para niños fue escribir temas para la BBC. “Imagínate… Es como si le preguntas a un poeta qué le gusta de las palabras que riman… Para todo el que escribe y le importan las palabras, la rima, el lenguaje, esa musicalidad es algo importante”, nos explica.

La música formó parte también de esa infancia de la que asegura no haberse desconectado nunca. Como le gusta contar, creció en una casa victoriana con su hermana Mary, sus padres, sus tíos y un gato llamado Geoffrey. En el piso de arriba vivía su abuela. Su padre tocaba el violoncelo y su madre cantaba en un coro, e hizo sus primeros pinitos como actriz en una representación de El sueño de una noche de verano. Era una de las hadas.

Al crecer, Julia Donaldson estudió Arte Dramático y francés en la Universidad de Bristol. Decidió irse unos meses a París para mejorar el idioma con dos amigas y allí conoció a su marido, el pediatra Malcolm Donaldson, por aquel entonces un estudiante de Medicina que tocaba la guitarra. Corría 1969 y actuaban en la calle como músicos callejeros.

Desde entonces, nunca ha abandonado ese contacto directo con el público. En la actualidad sigue visitando colegios, librerías y bibliotecas para leer y dramatizar sus cuentos. También lo hizo en su visita a España -incluso se aprendió todos los parlamentos del ratoncito marrón de El Grúfalo en español para poder representar el papel, aunque no habla nuestra lengua-.

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SER PADRES: ¿Qué le aportan esas lecturas con los niños, por qué sigue haciéndolas?

JULIA DONALDSON: Creo que me lleva a mis inicios, a la raíz. Posiblemente soy una actriz frustrada. En mi época de la universidad ya me dedicaba a componer canciones porque actuaba en la calle, y las componía para poder cantarlas. Es como si hubiéramos cerrado el círculo, porque ahora cantamos y representamos los cuentos y actuamos un poco pero al terminar, en lugar de pasar la gorra, nos pagan. En cualquier caso, no podría parar de hacerlo porque mi marido no me dejaría, le encanta. Cuando organizamos encuentros con niños siempre me dice “pero mujer, una canción más, un cuento más”.

SP: Da la sensación de que mantener ese  vínculo con la infancia a lo largo del tiempo ha sido importante para ustedes.

JD: Es verdad, siempre hemos mantenido esa conexión con los niños, que ahora es diferente porque somos abuelos. Siempre hemos hecho audiciones en colegios, en auditorios llenos de críos, pero es distinto, porque cuando estás con un grupo de niños puedes invitar a algunos a que participen y les puedes decir “lo has hecho genial, has sido un gato fantástico” y luego tienes a lo mejor unos minutos para hablar con ellos mientras firmas los libros, pero siempre hay mucha gente en la cola, no puede ser mucho rato. Pero ahora tenemos seis nietos y he vuelto a leerles cuentos, y leer cuentos a niños como personas individuales es una experiencia muy diferente, muy gratificante, muy interesante, pero también da un poco de miedo, porque si les leo mis cuentos quiero que les gusten, así que normalmente opto por leer a mis nietos cuentos de otros autores.

SP: ¿Y qué lee a sus nietos cuando no les lee sus propias historias?

JD: Muchos autores, no sé si estarán publicados en España… Jonathan Emmett [La princesa y la cerdita], Helen Stephens [Cómo esconder un león], Quentin Blake [Míster Magnolia], los de Hairy Maclary [el peludo can creado por Lynley Dodd]… A mi nieta de siete años le encanta Harry Potter.

Julian Donaldson y Axel Scheffler

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Julia Donaldson trabaja con muchos ilustradores. Pero, sin duda, los trabajos que más conocemos en España y con los que más la identificamos son los que ha publicado con el alemán Axel Scheffler: él ilustró El Grúfalo, pero también el primer álbum de Donaldson, A Squash and a SqueezeCómo mola tu escoba, la serie Cuentos del Bosque de la Bellota (Editorial Juventud), el recientemente publicado en España El gigante más elegante y muchos más, incluido el último, The Ugly Five, de 2017, aún no editado aquí. Sus trabajos hacen tan buena mezcla que les han definido como los John Lennon y Paul McCartney de la literatura infantil. Una fructífera colaboración que comenzó hace más de dos décadas y ha conferido una personalidad única a sus libros.

SP: ¿Cómo es trabajar con Axel Scheffler?

JD: Pues nunca trabajamos juntos, no discutimos la historia ni los libros.  Que es como suele funcionar casi siempre, exceptuando cuando el autor y el ilustrador son un matrimonio.  Pero lo habitual es que el autor mande la historia al editor, este elige un ilustrador y le envía el texto, él hace unos bocetos que devuelve al editor, y este me lo envía a mí. Así que siempre está el editor por medio. Esto impide que se generen debates o desencuentros entre nosotros. En nuestro caso, incluso vivimos en ciudades diferentes. Esto sucede en muchos otros campos creativos, lo ves incluso en las óperas: por una parte está el libreto, la historia, y por otra la música. Y normalmente no funciona como “no, no, quiero que esto suene así”. Son procesos creativos diferentes.

SP: Uno de los grandes encantos de vuestros libros son todos esos pequeños personajes que se esconden en las páginas y viven pequeñas tramas paralelas.

JD: Esos personajes secundarios son cosa del ilustrador. Y creo que es fantástico que aporte esto porque los niños se fijan absolutamente en todo. Nosotros como padres, como abuelos, tendemos a centrarnos mucho en leerles lo que está escrito. Y no somos conscientes de todo lo que acompaña al texto. Mientras que los niños están mirando las ilustraciones al tiempo que nos escuchan y sí se fijan. Recuerdo cuando le leí a mi nieto mayor Tabby McTat, que es un cuento en el que hay músico callejero como lo éramos sus abuelos, en el que un ladrón le roba lo que tiene en la gorra. En la primera página el protagonista está cantando ante una multitud, y yo no me había fijado, pero mi nieto se dio cuenta y me dijo: “¡Fíjate, ahí está el ladrón!”. Es fantástico que los ilustradores incluyan estos detalles para los niños.

SP: ¿Resulta fácil convivir con el Grúfalo?

JD: La verdad es que es increíble y siempre digo que en gran medida yo soy como el ratoncito marrón: él se inventa al Grúfalo y dice que se va a tomar el té con él, y luego se encuentra en esa situación. Y a mí me ha pasado un poco eso, yo lo inventé y ahora me lo encuentro en todas partes. Hay una obra de teatro del Grúfalo, una película, incluso un parque de atracciones y, en una zona de senderismo, una ruta específica del Grúfalo. ¡Hasta un disfraz! Lo que lo veo en todas partes. Mi marido suele bromear diciendo “tendrías que escribir un cuento en el que matas al Grúfalo y al ratoncito”, pero no soy tan cruel, no puedo hacerlo.

SP:¿Qué otro personaje de los que ha creado cree que merece más atención? En España faltan aún muchos títulos suyos por publicar.

Hay un libro que me encantaría que se tradujese, The Highway Rat, del que la BBC ha hecho una película que se va a emitir en Navidad cuyo protagonista es una rata avariciosa, mala, que quiere todos los dulces para ella. Podríamos decir que es mala, pero a mí me cae bien. Me encantaría que llegase a España.

SP: Sus libros tienen mucho optimismo y bondad, sentimientos positivos… ¿Cómo ve los libros “de valores” que son tendencia ahora?

JD: No estoy muy a favor de los cuentos que intentan que los niños hagan cosas. No me gustan los libros que intentan adoctrinar a los niños. La historia de esta rata de la que te hablaba, avariciosa y demás, en la película se va a ver que aunque no gane es el antihéroe de la historia, y es con quien te identificas, así que no todas mis historias tienen necesariamente un mensaje tan positivo. Algunas son, simplemente, divertidas. Otras tienen un mensaje más triste. Por ejemplo, hay una sobre muñecas de papel (The Paper Dolls) en la que al final las cortan. Bueno, no desaparecen del todo porque se quedan en la mente de la niña, que las recuerda, y es una historia sobre el duelo. Creo que, como autor, uno tiene que escribir lo que le apetece, y no pensar en los libros con esa mentalidad victoriana de “voy a escribir para que los pequeños se porten como niños buenos”. Entre otras cosas, porque no funciona.

Pero hay muchos padres a los que ese enfoque les encanta, creo que les gusta más a los padres que a los hijos. Cuando me entrevisté con mi editorial en China, estaban empeñados en que les recomendase libros con moralejas muy claras, porque querían libros que educasen muy bien a los niños. Y yo creo que no, que es más importante que los niños puedan desarrollar la imaginación, tener contacto con personajes muy diferentes y con los que puedan identificarse y desarrollar esa empatía. Por ejemplo, si tienes niños que vivan en ciudades les vienen bien los libros sobre la vida en el campo, para que se hagan la idea de cómo es vivir allí, o libros sobre personajes a los que les pasan cosas como las que les pasan a ellos, para que puedan entender esos sentimientos, o justo lo contrario, libros en los que a los personajes les pasan cosas muy distintas, para que también puedan comprender realidades y circunstancias ajenas a las suyas. Pienso que los libros ayudan a los niños a desarrollarse y a fomentar la imaginación, pero les limitamos enormemente si solo escribimos libros para ellos con mensajes tipo: “comparte tus chucherías”.

Además, hay que tener en cuenta que a través de los libros los niños van aprendiendo nuevas palabras, leer les permite ampliar su vocabulario de forma considerable. Y cuando los padres leen a los niños en voz alta, los cuentos permiten compartir esa experiencia entre padres e hijos y los padres aprenden mucho de los hijos en ese momento. Por ejemplo, cuando lees a tu hijo ves en qué momento se ríe el niño, o si la historia es triste, puedes compartir esa tristeza con él. La lectura compartida une mucho a padres e hijos.

SP: ¿Y cómo ve la relación de los niños actuales con las nuevas tecnologías y las pantallas? Supongo que no será muy estricta, ya que sus orígenes profesionales están en la televisión…

JD: En realidad es como lo que le dirías a cualquier adulto sobre este tema: todo con moderación no hace daño. Y de hecho los adultos podríamos dar mucho mejor ejemplo en este asunto porque nos pasamos la vida con la nariz pegada a una pantalla. Y no tiene nada de malo, tampoco. Una buena película es una experiencia que merece la pena.

SP: ¿De dónde salen sus historias y cómo es su proceso de trabajo?

JD: Cuando los niños me hacen esa pregunta les suelo decir: elige un libro y te cuento la historia de ese cuento. Pero por dar un ejemplo, mi último libro publicado con Axel en el Reino Unido, Los cinco feos, (The Ugly Five) trata sobre animales en África, y nace de un safari que hicimos allí. En este caso no solamente la idea, sino casi toda la trama surgió allí, en el momento. Otras veces me lleva bastante más tiempo imaginar toda la trama antes de empezar a escribir. Una vez comienzo, el proceso puede llevar varias semanas porque me centro mucho en la estructura. Me importa que si es en verso todos los versos tengan la misma longitud, que si hay varios animales todos tengan su espacio y su tiempo para ser un animal individualizado en el relato. Y una vez está escrita se la doy a mi marido para que la lea en voz alta. Y al escucharla voy viendo si se atasca en algún momento o no suena bien y tengo que hacer algunos cambios para que suene mejor. 

SP: Casi todos sus libros están dedicados a alguien concreto: un colegio, un niño, una niña… ¿Llegan antes o llegan después? ¿Son inspiradores de la historia o descubre después de escribirla que ‘encaja’ con un niño?

JD: Depende de cada libro. El Grúfalo, por ejemplo, está dedicado a un colegio. Y es porque yo ya había escrito el cuento, pero cuando se lo envié a la editorial parecía que se iba a quedar en un cajón, y que no se iba a publicar nunca. Y mientras estábamos esperando a que se publicase, hicimos una visita a un colegio, en un pequeño pueblo, y les conté la historia de El Grúfalo. Y les encantó, empezaron a dibujar cómo se lo imaginaban ellos, incluso algunos me escribieron una secuela, una segunda parte del primer libro que yo publiqué, A Squash and a Squeeze, y fue una experiencia tan fantástica que les prometí que si alguna vez se publicaba el Grúfalo, se lo dedicaría. Pero depende mucho. Por ejemplo, uno de los libros que se van a publicar el año que viene en el Reino Unido, que se llama The Cook and the King está dedicado a mi hijo y su hija porque esta es una historia que le oí contar a mi hijo a la niña, y yo decidí cogerla, añadir cosas, cambiar otras y conseguir que rimase.

Podríamos pasarnos horas hablando con Julia Donaldson. Su conversación pausada, llena de puntos suspensivos, te mece con dulzura. Empieza una frase y la cambia a medio camino, o se detiene para repensar cómo continúa. Se nota que le importan las palabras. Hablar con precisión, hacerse entender. Pero ha pasado unos días muy intensos en Madrid, está agotada y le espera una aventura final. “Tengo que ir a una cena con flamenco. Es posible que de esta experiencia surja la idea para la próxima historia”, sonríe con picardía.

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Además de los álbumes, con texto no rimado (no es nada fácil acertar a reproducir la sonoridad de Donaldson en otros idiomas), los libros de actividades y los libros para bebés, Bruño ha publicado una apetecible caja-regalo que incluye El Grúfalo y La Hija del Grúfalo en edición rimada, formato cuadrado y cartón. Seguro que está presente en muchos cumpleaños y cartas a los Reyes Magos.

Desde aquí os animamos a explorar el mundo de esta autora más allá del bosque del Grúfalo en librerías y bibliotecas. Podéis saber más sobre Julia Donaldson en su página web.

 

Etiquetas: aprender a hablar, cómo educar hijos, niño

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