5-6 años

La mochila, compañera inseparable de los niños

Los libros, el estuche, el bocata del recreo... Cuando vemos a nuestros hijos ir al cole, nos da pena verles con esa enorme mochila que es casi más grande que ellos. ¿Es el método más adecuado o es mejor que lleven un carrito con ruedas? ¿Cuánto peso pueden soportar? ¿Es cierto que puede dañarles la espalda?

La mochila, compañera inseparable de los niños

Los especialistas advierten de que, normalmente, los problemas de espalda no se deben a la mochila, sino a otros factores. Ante cualquier duda, lo mejor es consultar al pediatra, que nos explicará que la mayoría de las veces, muchos problemas de espalda tienen como causa la obesidad o el sedentarismo, y no tanto el uso de la mochila.

Cómo usar la mochila

Queda claro que la mochila es el mejor método para que los niños transporten el material escolar. Pero no de cualquier forma.

  • En general, no se debe superar el 10 por ciento del peso del niño. Aunque no es probable que más peso le cause trastornos o lesiones en trayectos de menos de media hora.
  • Las dos asas tienen que quedar ajustadas y pegadas a la espalda. Si se cuelgan la mochila solo de un hombro, el peso se carga únicamente en un lado, lo que provoca la asimetría de la espalda, ya que obliga al niño a flexionar lateralmente la columna. Por eso se triplican las probabilidades de sufrir dolor dorsal.
  • La mochila no le debe quedar demasiado baja, el límite estaría por encima de la cintura. Si no les queda bien, los niños tienden a inclinarse hacia delante irguiendo el cuello para equilibrar el peso, una postura que aumenta la carga sobre músculos, ligamentos y discos de la columna vertebral.
  • Conviene repartir bien el peso, de forma que los libros y elementos más pesados queden al fondo. Si el peque lleva más peso del habitual, no estará de más enseñarle a cogerla correctamente: hay que levantarla con las dos manos para ponerla sobre una superficie alta, y desde esa altura, meter los dos brazos a la vez.
  • No hay que sobrecargar la mochila sin necesidad: el contenido se limitará únicamente a lo esencial, evitando cargas innecesarias.

¿Cuál es la más adecuada?

  • Lo más importante es tener en cuenta el tamaño: no conviene que sea excesivamente grande, porque resultará más difícil llevarla y, además, tenderá a sobrecargarla. Los traumatólogos aconsejan que el tamaño no sea superior al torso del niño.
  • Lo ideal es que tenga varios departamentos para poder repartir el peso. Y si cuenta con partes desmontables que se añaden o se quitan según las necesidades, el niño siempre llevará una mochila acorde con su tamaño.
  • Es importante que las cintas sean anchas, a ser posible acolchadas y, sobre todo, extensibles. De esa forma podrá ajustarlas para llevarlas tensadas y así mantener la mochila pegada y alta en la espalda.
  • También es mejor que tenga un cinturón acolchado al nivel del abdomen o del pecho. Con él se ayuda a distribuir el peso entre más grupos musculares del cuerpo.
  • El respaldo debe ser firme y contar con un sistema de aireación para que el tejido no absorba ni retenga la transpiración. Si además el material es lo suficientemente resistente, se evitará tener que cambiar de mochila cada poco tiempo.

¿Y las mochilas-carrito?

Las que tienen ruedas no son la mejor opción: la muñeca de un niño no está preparada para tirar de pesos en tracción, por lo que se ve obligado a arquear el lado de la espalda del brazo que la sujeta, lo que fomenta la asimetría.

Además, harían falta rampas en lugar de escaleras para llevarla con más comodidad. Y en muchos colegios estas rampas no existen, lo que obliga al niño a subir las escaleras con la mochila en la mano, aunque su muñeca no esté preparada para ello.


Asesor: José Ricardo Ebri, especialista en Traumatología y Ortopedia pediátrica y coordinador nacional del Grupo de Ortopedia Infantil de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria.

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