TEA

Los niños con autismo se relacionan mejor con gatos que con perros

¿Quién es el mejor amigo del hombre con TEA? Resulta que la comunicación y los gustos de los gatos tienen muchos puntos en común con las necesidades que precisan los niños con trastorno del espectro autista lo que les convierten en su mejor compañero animal.

niño con su gato
Fuente: iStock

Siempre hemos tenido claro que el perro es el mejor amigo del hombre. No importa si has tenido un día bueno, un día malo o uno peor, llegas a casa y te da la bienvenida con esos ojos juguetones, con su divertida lengua fuera y como tras un buen analgésico, de repente te hace sentir mucho mejor.

Los gatos en cambio, creemos que son mucho menos cariñosos porque son más independientes y parece que van siempre a su bola. Pero eso no es del todo cierto, un nuevo estudio determina, además, que los niños y niñas con un trastorno del espectro autista (TEA) se relacionan mejor y desarrollan relaciones más fuertes con los gatos que con los perros.  

Parece ser que el gato puede ser el mejor amigo de los niños con autismo. Estudios anteriores mostraban los efectos beneficiosos para estos niños del contacto con los felinos, pero no habían conseguido determinar la razón.

Ahora, la investigación 'Los patrones de atención visual difieren en las interacciones entre perros y gatos con niños con trastornos del espectro autista', publicada en la revista New Scientist y liderada por Marine Grandgeorge, profesora de etología en la Universidad francesa de Rennes 1, ha descubierto la causa principal.

La diferencia que facilita la relación entre niño o niña con un gato está directamente relacionada con la comunicación visual. Mientras que los gatos ofrecen miradas cortas pero frecuentes, los perros prefieren las miradas largas. Los peques con autismo se sienten mucho más cómodos con los felinos por esta variación en las miradas.

Es precisamente eso que les hace parecer desinteresados a los gatos, el apartar la vista después de una breve mirada, lo que agradecen los niños con autismo. Como si la condición natural de los gatos estuviera adaptada a las necesidades sociales que tienen los niños autistas.

La mirada para las personas con autismo es un tema complejo. Los expertos afirman que la mirada animal es más cómoda para los niños con TEA que la humana porque la nuestra lleva demasiada información implícita y les dificulta enfocarse.

La de los animales, en particular la de los gatos es más simple y por lo tanto, menos complicada en términos de información. Pero, la mirada de los perros al ser más larga e intensa puede resultar ciertamente intrusiva para los niños y niñas con trastorno del espectro autista.

Gato y niño o niña con TEA

Así que si estáis pensando en ampliar la familia con un nuevo miembro y tu hijo tiene TEA adoptar un gato puede ser una gran elección porque el carácter del gato tiene muchos puntos en común con las necesidades de estos niños.

Otro parecido tiene su raíz en el lenguaje de estos animales, que se realiza principalmente a través de señales corporales (movimiento de sus orejas, su cola, la postura del cuerpo, etc) y los niños y niñas con autismo lo comprenden mucho mejor. Además, a ambos les atraen más los ambientes calmados y sin sonidos estridentes.

Los niños con TEA necesitan un mundo estructurado y predecible, para poder anticipar lo que va a suceder a continuación. También aquí encajan muy bien con los felinos puesto que los gatos son animales de costumbres con rutinas específicas para descansar, comer y jugar.

Eso sí, esto no quiere decir que un niño con TEA no pueda establecer una relación beneficiosa con un perro. De hecho, muchas terapias con animales se suelen realizar con perros por su docilidad y en muchos casos les aportan también beneficios. La investigación hace hincapié en la comunicación y ahí es donde la mejor pareja parece hacerla con el gato.

Foto Carla

Carla SMG

Soy periodista y algún día también seré escritora. Me gusta jugar con las palabras para crear mundos y derribar muros, para contar historias, informar, concienciar, emocionar e inspirar. Vivo de atardeceres líquidos, escapadas al monte y recuerdos en hojas de papel.

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