Entrevista a Cristina Gutiérrez

''Los niños no entienden nuestras prisas, ni que nos sintamos siempre ocupados''

Todos los niños consiguen brillar cuando se les muestra el camino hacia su talento y se les libera de sus miedos. Este es el punto de partida de 'Crecer con valentía', el nuevo libro de Cristina Gutiérrez, la directora del reputado proyecto de La Granja Ability Training Center.

Educar es una responsabilidad social porque, algún día, nuestros hijos deberán salir al mundo para convertirlo, si es posible, en un lugar mejor. Entrevistamos telemáticamente a la autora del libro 'Crecer con valentía' (ed. Grijalbo), Cristina Gutiérrez Lestón. Ahora más que nunca los miedos están aporándose de nuestra forma de educar y, nuestros hijos necesitaran valentía, fortaleza, confianza y seguridad. En el libro nos hace reflexionar sobre si ¿les estamos educando para que desarrollen estas habilidades? Nos orienta sobre qué primeras preguntas podemos hacerles, qué tipo de frases podemos lanzarles para aumentar su autoestima. Porque si los sobreprotegemos, logramos todo lo contrario: aumentar sus miedos y su dependencia y alimentar la baja autoestima en la adolescencia. Este libro ofrece ideas muy prácticas y concretas para introducir la educación emocional, muy distinto a los habituales sobre cómo educar las emociones. Con el libro conseguiréis (conseguiremos) que nuestros hijos se conviertan en personas valerosas que afrontan la vida con paso firme y seguro. Solo si saben quiénes son, qué quieren y adónde van podrán brillar en el futuro.

Por tu trabajo ves muchos niños con carencias emocionales, ¿nos podrías decir cuáles son las carencias más comunes? ¿Qué estamos haciendo mal los padres? ¿O mejor que podríamos mejorar?

Lo que más vemos (tanto en la granja escuela de Barcelona como en la de Madrid) son muchos miedos, inseguridad y desconfianza, bajas autoestimas cuando llegan a la ESO, y los últimos dos años, ha aumentado mucho la aceleración y el estrés. De hecho, nos encontramos a tantos niños y niñas a partir de 3º de primaria (8 años) que al final hemos creado una nueva actividad; el Circuito de la Ansiedad y el Estrés para que al menos, los niños salgan sabiendo gestionar su ansiedad, y que no sea la ansiedad quien los gestione a ellos.

La causa, por lo que veo, se centra en dos aspectos principales; la pandemia de la sobreprotección que hace a los niños y niñas más débiles, desconfiados y con más miedos; y la aceleración del mundo que los estresa y agobia porque no la entienden. Los niños y niñas no entienden nuestras prisas… ni que nos sintamos siempre ocupados.

¿Por qué educamos con miedo?

Porque es natural sentir miedo. De hecho, cuando nos nace una criatura, nos invaden todos los miedos del mundo. El miedo es una emoción primaria que sentimos todos los humanos cuya misión es apartarnos del peligro, a nosotros y a nuestras crías. De hecho, es la emoción más potente que sentimos. El miedo nos paraliza; es invasivo, si no lo afronto cada día se hace un poco más grande dentro de mi; y es contagioso, la transmito a hijos, pareja, compañeros de trabajo.

La dificultad viene cuando es el miedo quién nos manda, quién decide, incluso quién educa a nuestros hijos e hijas, pues es el que toma la decisión de bajar o no a la calle, en vez de nosotros.

El miedo bloquea, ¿cómo podemos frenar los miedos, o como tu bien dices conquistar ese miedo, y sobre todo, cómo no transmitirlos a nuestros hijos.

El primer paso es ser consciente de que sientes miedo, porque solo así podrás hacer el segundo paso, que es regularlo. Seamos honestos y sinceros con nosotros mismos, no nos avergüence, dejemos de disimular, es la gran lección de esta pandemia ¡darnos cuenta y así nuestros hijos/as lo aprenderán! 

Solo hay una manera de superar un miedo, y es afrontándolo. ¿Cómo? Sacando nuestra valentía, esa que todos también tenemos, aunque no la saquemos a pasear últimamente, por aquello de las prisas.  

Si tienes miedo, lo transmites,  el lenguaje gestual (no verbal) no se puede disimular. Así que invito a padres y madres a ser ejemplo de nuestros hijos e hijas, y empezar por afrontar nuestros propios miedos con ayuda de nuestra valentía, y  los niños/as nos seguirán.

Si te dice “¿y si salimos a la calle y nos contagiamos? “contéstale “¿y si no?, ¿Cuántas cosas te vas a perder en nombre del miedo?”. O “¿sabes que el 93% de los miedos que sentimos, no pasarán nunca?”. Eso los tranquilizará.

¿Cuáles son las razones para esa pérdida de valentía?

Somos lo que practicamos, así que, si no practicamos la valentía, no seremos valientes. Y si practicamos mucho el temor, pues seremos miedosos e incluso cobardes, que significa no sentirte capaz de afrontar un miedo que a ti te gustaría superar.

La sobreprotección significa que es el padre/madre el que hace lo que un niño/a puede hacer, y cada vez que le solucionas la papeleta, que discutes la nota de un examen con su profesor de la ESO o le llevas la mochila, o le buscas los deberes por el grupo de WhatsApp, en realidad le estás diciendo “ya lo hago yo porque tu no puedes” y al final el niño/a se lo cree. Y cuando yo creo que no puedo, siento miedo, desconfianza e inseguridad, y eso me lleva directamente a la baja autoestima.

Se habla mucho de los males de la sobreprotección pero podrías recordarnos porque sobreprotegerles supone un flaco favor hacia nuestros hijos.

Sobreprotegemos por miedo, miedo a que no sea feliz o no tenga amigos, a que sufran, le hagan daño o no consiga su sueño, miedo a que se frustre o llore… Por ello es vital educar en la valentía, ¡ser padres valientes! Esa será la gran diferencia de los niños/as cuando se conviertan en adultos. Los sobreprotegidos, entre el 60 y 70% de los que pasan por La Granja, que son 18.000 niños, serán más débiles y menos consistentes, y con baja autoestima, que recordemos que es la base del éxito y de la felicidad.  Los demás (un 30-40%) serán los que caminaran con seguridad por la vida, sin temor a equivocarse ni a caerse porque han tenido unos padres que los han entrenado en levantarse cada vez que se caen…. Básicamente porque les han dejado caerse.

Siempre digo que hay dos tipos de padres, los que preparan el camino para sus hijos, y los que preparan a sus hijos para el camino. Y cada uno ha de decidir qué tipo de padre o madre quiere ser.

¿Nos ofrecerías frases alternativas a las clásicas que tanto usamos los padres: “ojo, te vas a caer”, “no podrás hacerlo”, “ten cuidado, te harás daño”? Son frases premonitorias. ¿Nos ofreces luz para eliminarlas del lenguaje?

Siempre con sentido común de que no sea peligroso, pero cuando se caiga, apláudelo y sonríe, y dile “felicidades, hijo, tienes la oportunidad de levantarte”, aplaudimos que se levanta, y eso le aumentará su autoestima y verás como sonríe.

Cuando veas que cree que no puede dile “si crees que no puedes, tienes razón, no podrás. Y si crees que sí puedes, también tienes razón y si podrás”. O un “inténtalo, yo confío en ti” pero confiando, porque si no, ellos lo notan al segundo.

Aprovecha la comunicación positiva, sustituye el “no corras” por el “ves despacio”, el “ten cuidado” con “¿crees que hay algo con lo que deberías tener cuidado?, este pequeño cambio significa “confío en ti, sé que puedes llegar a tus propias conclusiones”. Y si tu confías, él también confiará en sí mismo y eso le aumentará la autoestima.

¿Nos darías unos argumentos para convencer a cualquier padre de la necesidad de educar a los mejores niños para el mundo y no para ser los mejores niños del mundo? (Parece complicado en un mundo que se centra en la felicidad de cada uno)

Tener que ser el mejor del mundo provoca una presión enorme en los niños/as, de hecho, muchos no lo soportan y explotan cual olla a presión en la ESO. Recuerdo un niño de 6 años que me dijo “la felicidad de mis papis depende de mi”. Es importante que nuestros hijos no sientan que nuestra felicidad depende de ellos, es una responsabilidad que no les toca. Mi felicidad depende de mí, la tuya de ti, tengámoslo claro. 

La generación Yo-Yo, Ya-Ya, yo primero y antes que nadie, y Ya-Ya no soporto esperar, es un ejemplo del resultado de tener que ser el mejor. En cambio, decirle a tu hijo “no quiero un hijo 10, te prefiero a ti”, o “no seas el mejor del mundo, sé el mejor para el mundo”, los destensa, los calma. Cambiemos el egoísmo y la ansiedad por la empatía, la generosidad y ser alguien que pretende hacer de este mundo un lugar mejor, y eso lo llenará de sentido, de fuerza y de una sana autoestima.

¿Nos darías algunos consejos prácticos para saber detectar los talentos de nuestros hijos y sobre todo para alentarlos?

Si no nos conocemos, no podemos descubrir los talentos que hay encondidos dentro de cada uno, los de ellos y los nuestros. Hablemos, expresemos lo que sentimos y sobre todo, preguntemos, y descubriréis un mundo; a veces, tal vez, no será el que esperabas, pero si miras con atención, sin juzgar, fliparás. Al menos a mí me pasa con todos y todas, ¡son brillantes y no nos enteramos! Para conocernos solo hemos de hacer algo muy, muy simple: PREGUNTAR: ¿Cuál ha sido tu mejor momento del día, y el peor? ¿si fueras un súper héroe, qué cambiarías?  ¿cuál es tu sueño?. Y contestad todos, padres e hijos durante la cena, con la tele apagada. Y veréis la mejor película que existe, la de vuestra familia, la de verdad

Estamos viviendo tiempos duros, extraños, llenos de incertidumbre y muerte, ¿cómo podemos educar para ser fuertes si nosotros estamos “emocionalmente” destrozados o preocupados?

Ahora podemos aprender mucho de los niños y niñas. Tienen mucha más capacidad adaptativa que nosotros, no porque nosotros no la tengamos, simplemente porque así lo creemos. Llevamos muchos años educándolos entre algodones, con miedo incluso a explicar que una mascota ha muerto. Dejemos de engañarlos, son capaces de gestionar lo que sienten mejor que nosotros. ¡Que el miedo no nos dé miedo!  Confiemos y aprendamos de ellos, de esa manera de vivir el presente que tienen, y dejemos de obsesionarnos por el futuro, precisamente porque ahora es más incierto que nunca. Practiquemos intencionadamente la calma para evitar la ansiedad, estemos tranquilos, primero porque nos adaptaremos, y segundo porque si estamos estresados no podremos tomar decisiones inteligentes, y ahora eso, será muy importante.  Y respecto a la muerte, hablemos de ella con naturalidad porque es natural…. Todos nos vamos a morir, ¿por qué esconderlo? Si a tu hijo/a le preocupa la muerte, puedes decirle “todos moriremos algún día, y espero que sea lo más tarde posible, por ello me cuido y hago deporte. ¿Sabes? en vez de preocuparme por la muerte, yo prefiero preocuparme por vivir lo más feliz posible, y sonreír cada día”

Ahora que los padres hacemos lo que podemos para ayudar a los niños con las clases o deberes, ¿hasta qué punto debemos dejarles autonomía y que se equivoquen?

Es precisamente ahora cuando debemos aprovechar esta enorme oportunidad, para entrenar su autonomía, su responsabilidad y su capacidad para tolerar la frustración. Dejemos de necesitar tener hijos perfectos. Si hago todo lo posible para que no se equivoque, le estoy diciendo “equivocarse es malo”, cuando la equivocación es la base del aprendizaje. Es un mensaje contradictorio y los liamos, y pueden relacionar fácilmente el aprendizaje con la tensión y miedo.

Recordemos que siempre estamos entrenando a nuestros hijos, ¡siempre!,  desde que se levantan hasta que les damos el beso de buenas noches. Y si le busco u organizo los deberes del día, cual secretaria, lo estoy entrenado en la irresponsabilidad y la dependencia. Si le digo, “tu eres responsable de organizarte y si no, mañana ya te espabilarás tu con la profe”, también lo estás entrenando, en este caso en la autonomía y la responsabilidad.

Nosotros decidimos qué habilidades queremos entrenar en nuestros hijos e hijas, y cuales no.

¿Crees que dentro de las dificultades que entrama para muchos padres el teletrabajo con niños, es un momento bueno para dejarles más espacio libre, generar conversaciones, educar en positivo?

Si por supuesto, ahora no tenemos la excusa de la aceleración ni de correr de extraescolar a extraescolar. ¡Es ahora o nunca! No nos asuste, seamos valientes. Lo que los niños recordarán de esta pandemia no serán el número de muertos ni los Ertes. Recordarán lo que pasó dentro de casa y cómo nosotros, los padres y madres, lo vivimos. Si con miedo, rabia, apatía, tristeza o desilusión, o con valentía y esperanza, con ese mensaje vital “hijo mío, aun y las enormes dificultades, la vida vale la pena vivirla”.

Ana Palicio

Ana Palicio

Soy periodista y madre de una niña y un niño. Si algo he aprendido con ellos, es que me queda mucho por aprender. Soy una asturiana por el mundo, que vive en Madrid. Me gusta viajar, lo nuevo, los museos, salir y entrar...Trataré de mostrar todo lo que me inspira, ayuda y divierte.

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