Cuando no son los primeros en todo

Los niños se enfadan

Desde que nacen, los padres damos a nuestros hijos el lugar más importante en casa y en nuestro corazón. Así se enfrentan al mundo, con la autoestima tan alta que reclaman el primer puesto para todo.

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enfado niño

Nuestros hijos son los primeros en beber agua cuando hace calor, los primeros a la hora de recibir cuidados y los primeros cuando hay que abrazar a alguien.

Les hemos enseñado, además, que deben luchar por lo que quieren y que de nada sirve quedarse en un segundo plano mientras los demás niños disfrutan de un juego o de unos títeres.

Y con este equipaje de autoestima y liderazgo, aterrizan en el colegio, en el parque o en casa de los primos, con la clara intención de no ceder ni un ápice de ese lugar que creen que por derecho les pertenece: el primer puesto para todo.

¿Qué ocurre entonces? Sucede que a fuerza de medirse con los demás, descubren que en muchas ocasiones les toca perder, esperar, renunciar, aceptar, ceder y conformarse. Es decir, descubren que no pueden ser los primeros siempre y esto, ¡ay!, no es nada fácil de llevar. Abróchense los cinturones porque ¡la competición está servida!

Que se enfade sí, pero con límites

Expresar el enfado y la frustración cuando no se consigue lo que uno quiere es positivo. Pero a esta edad nuestros hijos ya pueden controlar sus impulsos y empezar a razonar un poco antes de ponerse “de morros” y perder los nervios.

Por eso, si el enfado va demasiado lejos, lo que procede es hablar con él y explicarle (una vez más), que no siempre se puede ser el primero en todo y que cuando uno se enfada tiene que decirlo, pero evitando usar los puños para ello. 

¿Hay otros como yo?

La aparición de los demás niños en la vida de nuestros hijos marca el inicio de su proceso de socialización y constituye uno de los momentos de mayor descoloque infantil. “¿Cómo? ¿Que hay otros como yo? ¿Y eso en qué lugar me deja a mí? Bueno, de momento, yo sigo en el centro del universo, creo”.

Y es que en esta etapa, la manera de entender el mundo que le rodea es justo esa: que le rodea. Es decir, que nuestra hijita se siente el centro de todo y el sol se pone para ella, papá y mamá existimos para quererla y los demás niños, bueno, esos, que se pongan a la cola.

Solución

  • Para hacerle entender que hay muchos “primeros” en el mundo, lo ideal es darle acceso a espacios, además del colegio, en los que disfrute con otros niños.

  • Otra idea es ofrecerle juegos, películas o libros que favorezcan la idea de cooperación y alabarle esos gestos altruistas que de vez en cuando tiene: “Me pone muy contenta que os divirtáis sin pelear por ver quién hace las cosas antes”.

  • Resaltar el valor de la amistad y fomentar la empatía (“¿Le gustará a Lidia escoger la pizza? Si sonríe, hemos ganado”) son otras formas de ayudar a ceder el trono.

Su actitud no tiene que ver con ser hijo único

enfado niño

Las primeras incursiones en el mundo exterior (es decir, más allá de la familia) están marcadas por la creencia de que uno ocupa el mismo lugar fuera que en casa. Por eso, si en casa la peque es “la reina del Mambo”, lo lógico es que intente reproducir ese privilegio fuera.

Esta búsqueda de protagonismo no tiene que ver con ser hermanos. Los niños con hermanos pequeños estarán acostumbrados a ser los primeros “por derecho” y los que tienen hermanos mayores aprovecharán la coyuntura para conseguir esos primeros puestos que no tienen en casa. Sea como sea, la vida social es una oportunidad para intentar brillar.

Solución:

  • Animar a nuestros hijos para que apunten alto en sus logros es positivo, pero no olvidemos resaltar que lo que le hace valioso no es ser el primero, sino esforzarse y poner ilusión en las cosas.

  • Recordemos: es más importante prestar atención a los procesos que a los resultados. “¿Nuria ha quedado tercera en la carrera? 
¡Es la mejor tercera corredora del mundo!”.

¿Esperar? ¿Yo?

A estas edades la noción del tiempo es algo aún confuso. No saben bien qué significa ayer ni mañana y, por supuesto, aguardar en una fila “un ratito” viene a ser igual que: “Vas a pasar aquí esperando el resto de tu vida”.

La imposibilidad de comprender bien el paso del tiempo marca muchas de las actitudes infantiles, entre ellas la de querer ser siempre los primeros, ya que esperar significa para ellos la disolución de las posibilidades de tener lo que quieren. Además, la dosis de frustración que implica esperar puede llegar a ser demasiado para un peque de esta edad, ya que la idea de pasar más de un microsegundo esperando puede ser, sencillamente, intolerable.

Solución:

A nadie le gusta esperar, pero hay mil maneras de divertirse entre tanto: hablar con el resto de niños de la fila, observar cómo lo hacen los demás para ver en qué aciertan y en qué se equivocan (y cuando llegue nuestro turno hacerlo de rechupete), etc.

Si uno está entretenido el tiempo pasa volando.

¡Corre, que se acaba!

Según las matemáticas infantiles, aunque haya la misma cantidad de horchata para todos, si a uno le sirven después, le toca menos.

El concepto de partición es difícil de comprender para ellos. No llegan a entender que el tobogán sigue entero aunque lo usen cuatro niños antes que él.

Solución:

  • Enseñarle a que a veces toca perder y no pasa nada.

  • Aprender a no ser siempre el primero se consigue jugando: con iguales (a las cartas, a la oca...), con niños mayores (con los que es difícil igualarse o ganar) o pequeños (a los que se les da mil vueltas en ciertas cosas).

  • La posibilidad de verse en diferentes situaciones permite aprender que la equidad a veces (la mayoría) sucede y otras no, y tampoco es tan grave.

Etiquetas: niño

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