Maternidad

Me gusta ser madre pero la maternidad me agota

Aunque la maternidad es maravillosa, nadie ha dicho que sea sencilla o fácil.

A lo largo del tiempo me he encontrado en muchas ocasiones con esta expresión, “me gusta ser madre, pero la maternidad me agota”. No digo que los hombres no se sientan igual pero la mayoría de testimonios que he recibido son de mujeres que viven con mucha culpa no llegar a todo, estresadas desde el punto de la mañana, corriendo de un lado para otro para cumplir con las agendas de los hijos, por la mañana al colegio y por la tarde a extraescolares varias, labores del hogar que aunque cada vez se reparten mejor porque empezamos a involucrar también a los hijos para que todo el trabajo no recaiga sobre los padres, lo cierto es que la sensación de no parar y no llegar a nada persigue a muchas.

Me gusta ser madre
Foto: Istock

Quiero destacar lo importante que es que la madre, sobre todo los tres primeros años, esté bien o por lo menos sea consciente de lo importante que es estarlo para “educar haciendo bien”, porque no se trata tanto de “educar bien” sino de que tengamos la capacidad de “hacer un bien” a nuestros hijos a través de la educación que llevamos a cabo.

Al fin y al cabo, educar es relacionarnos con un ser en desarrollo aportándole lo que necesita de forma amorosa precisamente para que su cerebro tenga la oportunidad de desarrollarse de forma saludable.

¿Qué se necesita para educar haciendo bien?

1. Ser consciente de que estar bien o lo mejor posible es una responsabilidad y para lograrlo hay que tomar acción

Si algo sabemos es que para estar bien hay que tomar decisiones, esforzarse y hacer cosas que al cuerpo le sienten bien como moverse, tener un buen descanso, elegir alimentos saludables, reconducir los pensamientos pesimistas, elegir conversaciones constructivas, estar con personas con las que te sientes bien, procurar sonreír para mandarle al cerebro el mensaje de que estás bien o implicarse en acciones solidarias porque como seres sociales muchas veces hacer el bien nos hace bien.

Los cuidadores principales de un ser en desarrollo deben priorizar estar bien o por lo menos tener la intención de lograrlo porque como suelo decir a veces, “intentarlo es casi lograrlo”. Es evidente que los cuidados de los niños, en lo que adquieren autonomía requieren de mucha energía que a veces no tenemos, no es lo mismo responder al llanto de un bebé con las condiciones físicas óptimas que te permiten acompañar con paciencia que estar con el vaso a punto de rebosar y que cualquier demanda por insignificante que sea, se convierta en la gota que colma nuestra paciencia.

2. Pedir ayuda cuando no somos capaces por nuestros propios medios, porque estar bien nos permite educar haciendo un bien.

Una madre me decía el otro día, “vengo a ti porque en dos ocasiones me he asustado de ver mi reacción frente a mi hijo de dos años”. Entiendo perfectamente este tipo de situaciones, porque me las han contado muchas veces y porque yo misma lo viví cuando mi hijo tenía dos años, de hecho, esa fue la razón principal que me impulsó a especializarme en Educación Emocional. Si una carrera como Pedagogía no me había enseñado que gestionar mis emociones frente al comportamiento de un niño de corta edad era importante, estaba claro que mi carrera formativa no había acabado, de hecho la crianza te pone en tu sitio muchas veces porque la sensación de que nunca sabes lo suficiente para ayudar a tu hijo a desarrollarse de forma saludable, te acompaña siempre.

Por eso buscar ayuda, pedirla y dejarse ayudar es un acto de humildad que se convierte en un acto de amor. Sólo cuando los cuidadores principales reconocemos que aunque para ser padre no hay que aprender pero para ejercer la paternidad responsable sí, nuestros hijos estarán a salvo con nosotros porque seremos más capaces de reconocer lo que nos falta y que ellos necesitan recibir, como por ejemplo, gestión emocional propia a la hora de corregirles. 

Madre cansada
Foto: Istock

3. Dejarse ayudar es un acto de amor hacia nuestros hijos

Otra madre me decía, “me he hecho consciente que llevo muchos años evitando los conflictos en lugar de verlos como oportunidades para educar a mis hijos”. Y efectivamente, esta es la clave, ver los problemas de convivencia como oportunidades para mejorar, si cada vez que dos niños discuten los separamos y los castigamos sin jugar juntos, “cada uno a su habitación”, ¿en qué momento les enseñamos a discutir con habilidades sociales?

Ellos necesitan aprender a escucharse y a argumentar sus ideas y esto si no lo entrenas no lo aprendes, por eso, si no sabemos aprovechar estos momentos para darles a nuestros hijos las herramientas que necesitan, pedir orientación para ayudarles es sin duda un acto de amor.

4. Crear hábitos saludables que nos generen bienestar emocional

Como hemos dicho, para educar haciendo bien, hay que hacer cosas que nos sienten bien y como a veces no sabemos ni por dónde empezar, os pongo algunas recomendaciones que Marta Romo tiene en su libro “Entrena tu cerebro”:

  • Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un méndigo:
  • Sigue una dieta mediterránea, toma pescado y verduras
  • Toma magnesio
  • Toma té verde y dosifica la cafeína
  • Bebe agua para que el cerebro esté hidratado y el alcohol en su justa medida
  • Cuidado con el azúcar, la dulzura tiene su precio
  • Consume grasa insaturada
  • Prepara la lista de la compra para comprar lo que necesitas
  • Haz ejercicio
  • Toma zumo de granada, consume plantas como ginkgo biloba

Estas recomendaciones nos permiten estar bien o por lo menos tener presente que para estarlo hay que tomar decisiones con cabeza para que nuestras ”buenas intenciones”  se convierten en “acciones bientratantes”. Y recuerda, “Estar bien nos permite educar haciendo bien”.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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